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Sucre, 1972: el CELAM cambia de manos

El cambio de rumbo del Celam en 1972

El ascenso de Alfonso López Trujillo modificó la distribución del poder en el episcopado latinoamericano. Menos de un mes después murió Raúl Zambrano Camader. Entre ambos acontecimientos hay una relación histórica que exige estudiar instituciones, proyectos pastorales y documentos.

cardenal Alfonso López Trujillo
Escrutinio en Sucre Boletín CELAM

En noviembre de 1972, un obispo auxiliar de Bogotá, recién cumplidos los 37 años, llegó a la secretaría general del Consejo Episcopal Latinoamericano. Se llamaba Alfonso López Trujillo. Llevaba menos de dos años como obispo y tenía por delante una trayectoria que lo conduciría a la presidencia del CELAM y al cardenalato. Su elección en Sucre fue decisiva porque coincidió con una transformación de las atribuciones del cargo. La biografía vaticana confirma su acceso a la secretaría en noviembre de 1972 y su permanencia hasta 1979, cuando pasó a presidir el organismo. [1]

El 18 de diciembre murió en un accidente aéreo Raúl Zambrano Camader, obispo de Facatativá, integrante de la junta del INCORA y colaborador de Pastoral de Conjunto del CELAM. La cercanía abre una pregunta: ¿qué significó perder a un obispo comprometido con la promoción humana mientras el organismo continental reorganizaba sus espacios de formación y decisión? [8]

El poder que cambió de lugar

La elección resulta más comprensible cuando se examina la arquitectura de la institución. En su crónica de los primeros 25 años del CELAM, publicada en la revista del propio organismo, Juan Botero Restrepo explicó que Sucre delegó en el secretario general numerosas funciones de la presidencia. Registró además la decisión de suprimir los cuatro institutos existentes y crear uno en Medellín. Por tanto, la concentración institucional está reconocida por una fuente que presenta favorablemente la evolución del Consejo. [3]

Esta redistribución tenía consecuencias que excedían el organigrama. La formación de agentes pastorales, la circulación de materiales y la coordinación de departamentos eran medios para decidir qué lecturas de la realidad recibían apoyo y qué interlocutores encontraban un lugar. Quien orientaba esos servicios podía influir sobre la recepción cotidiana de Medellín. La autoridad de una conferencia episcopal se prolonga en cursos, publicaciones y equipos; modificar esos instrumentos cambia también sus posibilidades de interpretación.

El propio López Trujillo describió la nueva estructura en el boletín de noviembre-diciembre de 1972: Pastoral y Ecumenismo pasarían a la secretaría, de la cual dependerían también publicaciones, prensa y tesorería. El futuro instituto único quedaría bajo su dependencia directa. Esta información permite identificar los instrumentos concretos del fortalecimiento de la secretaría. [2]

Eduardo Pironio, anterior secretario general, fue elegido presidente. Mantener esa precisión evita narrar Sucre como una simple expulsión de todas las figuras vinculadas a Medellín. La reorganización distribuyó posiciones y funciones de una manera nueva. Botero registra la elección presidencial de Pironio y la de los vicepresidentes Aloisio Lorscheider y Luis Manresa. El resultado exige estudiar cuánto poder efectivo correspondía a cada cargo y cómo se ejerció durante los años siguientes. [3]

Una elección discutida

¿Fue elegido López Trujillo o consiguió hacerse elegir? La diferencia remite a dos dimensiones del mismo acontecimiento: el procedimiento formal y la construcción política de una candidatura. El boletín contemporáneo informa que hubo 49 electores, voto secreto y una mayoría requerida de dos tercios. No publica en ese pasaje la distribución individual de los votos. Es un registro del procedimiento, no una reconstrucción de las negociaciones previas. [2]

Phillip Berryman atribuyó el resultado a una preparación deliberada. En su libro sobre la teología de la liberación describió contactos cultivados por López Trujillo con el Vaticano y con obispos latinoamericanos para conquistar la dirección del CELAM. Vinculó esa actividad con su colaboración con el jesuita Roger Vekemans y con la revista Tierra Nueva, desde Bogotá. Su interpretación proporciona un fundamento historiográfico para examinar la elección como resultado de alianzas organizadas. [6]

José Comblin formuló una denuncia más específica. En una entrevista de junio de 1990 afirmó que el nuncio intervino al final del proceso electoral de Sucre y que la intervención favoreció la presidencia de Pironio y la secretaría de López Trujillo. Señaló a Ramón Bogarín como la figura que podía haber llegado a la presidencia. Es un testimonio retrospectivo de un teólogo involucrado en las controversias del período. Debe conservarse con autor y fecha, y contrastarse con actas, correspondencia y relatos de participantes. [4]

Comblin reiteró la acusación en un ensayo de 2008, donde sostuvo que el nuncio había invocado la voluntad del papa para orientar la elección. Su relato acredita la persistencia de esa versión crítica; la atribución al pontífice requiere examinar la comunicación que presuntamente la sustentó. El testimonio de Comblin y la crónica oficial responden a preguntas distintas: uno denuncia una intervención en el resultado y la otra describe la normalidad del procedimiento. [5][2]

La existencia de votaciones reglamentarias puede coexistir con una intensa preparación de alianzas y con presiones que deben documentarse. En ese sentido, la expresión «se hizo elegir» puede nombrar una operación política. Para convertirla en una afirmación precisa sobre Sucre es necesario identificar a sus promotores, sus acuerdos y sus intervenciones, sin confundir el respaldo organizado con una irregularidad ya demostrada.

Una nota de cronología merece quedar registrada. La biografía de la Santa Sede fecha la elección el 22 de noviembre; la crónica gráfica contemporánea la sitúa el martes 21. El intervalo hasta el 18 de diciembre es, por ello, de 26 o 27 días, según la fuente. La discrepancia aconseja hablar de menos de un mes. [1][2]

La disputa por la liberación

La reorganización coincidió con una controversia sobre el significado de la misión cristiana. Para las corrientes nacidas de Medellín, la pobreza y la injusticia reclamaban cambios en las estructuras de la sociedad y en la práctica eclesial. Sus adversarios temían que determinadas lecturas de la liberación subordinasen la fe a proyectos políticos y al análisis marxista. La discusión afectaba tanto a la interpretación del Evangelio como a la autoridad para enseñarlo y organizar la pastoral.

Enrique Dussel interpretó Sucre como un cambio de orientación del CELAM. Situó a López Trujillo entre los protagonistas de una reacción conservadora y relacionó ese movimiento con Vekemans y con apoyos en ámbitos romanos. Su reconstrucción recoge críticas periodísticas anteriores y contemporáneas a la asamblea, lo que permite apreciar que las expectativas de un viraje existían antes de sus resultados. Es una lectura histórica situada, elaborada desde el campo de la liberación; sus afirmaciones sobre personas y alianzas deben seguir remitiendo a los documentos que cita. [7]

El punto decisivo era la capacidad de una corriente para convertir su interpretación teológica en una orientación institucional. La concentración de recursos y la reorganización de la enseñanza ofrecían un alcance que una discusión entre autores no tenía. A partir de esa relación entre ideas y medios puede entenderse el peso de López Trujillo: su influencia creció al ocupar una posición desde la cual era posible coordinar la formación, las comunicaciones y las relaciones entre departamentos. Se trata de una interpretación de las funciones documentadas, cuyo ejercicio debe reconstruirse mediante decisiones concretas.

La relación con Vekemans conduce también a los debates sobre Estados Unidos. Un reportaje de Edward E. Plowman publicado en Christianity Today en 1975 recogió la acusación de James Vizzard sobre financiación de la CIA a iniciativas del jesuita en Chile. El mismo texto registró que Vekemans había negado las acusaciones. La fuente acredita una controversia pública contemporánea, con afirmaciones y desmentidos. Es un punto de partida para buscar los documentos financieros y operativos correspondientes. [9]

La colaboración intelectual de López Trujillo con Vekemans no permite, por sí sola, atribuir al primero relaciones operativas con la CIA. Habría que acreditar comunicaciones, financiación o instrucciones que le concernieran directamente. Del mismo modo, una convergencia anticomunista entre sectores eclesiales y gobiernos puede estudiarse históricamente sin anticipar una cadena de mando común para todas sus acciones.

La voz que se perdió en diciembre

La conexión de Zambrano Camader con esta historia atraviesa Pastoral de Conjunto. La investigación sobre el Mes de Reflexión Episcopal de julio de 1971 reconstruye un encuentro de 54 obispos dedicado a pensar la realidad continental y la aplicación de Medellín. Entre sus participantes estuvieron Zambrano y Gerardo Valencia Cano. La experiencia favorecía la conversación entre obispos, teólogos y expertos y el intercambio de propuestas pastorales. La misma investigación vincula las dificultades para repetir esos encuentros con la controversia sobre el rumbo del CELAM. [10]

Vista desde esa experiencia, la reorganización de Sucre afectaba un modo de trabajar: quién convocaba, con qué libertad se discutía y por cuáles canales se elaboraban las orientaciones. La formación común podía servir para abrir preguntas o para fijar criterios. La importancia histórica de Zambrano reside también en su participación en esos espacios, donde la vida de las comunidades entraba en diálogo con la reflexión episcopal.

Su compromiso social tenía además una expresión institucional fuera de la Iglesia: representaba al episcopado en el INCORA. El obispo articulaba la enseñanza conciliar con la promoción humana y la cuestión campesina. Murió mientras cumplía tareas vinculadas a la reforma agraria. La fotografía conservada de la ceremonia de Repelón devuelve una escena de aquel trabajo, con la mesa de entrega de títulos y los anuncios de la reforma detrás. El registro del Museo Nacional permite situar la imagen sin identificar por apariencia a todos los asistentes. [8][11]

EEn el homenaje a Zambrano de 1973, López Trujillo lo reconoció como «apóstol de la justicia social». La investigación de 2018 reproduce esas palabras y remite al original. Ese reconocimiento debe examinarse junto a las diferencias pastorales; conserva su valor como declaración pública sin resolver las circunstancias de la muerte ni demostrar una afinidad completa entre ambos. [8]

La pérdida de Zambrano, pocos meses después de Valencia Cano, redujo la presencia de dos voces episcopales comprometidas con comunidades marginadas. Esta es una consecuencia histórica que merece investigación propia: qué proyectos quedaron sin su acompañamiento, quiénes asumieron sus tareas y cómo se modificó la interlocución dentro del episcopado. La formulación de esas preguntas no depende de haber determinado previamente si los accidentes fueron provocados.

Los documentos que faltan en la conversación

En 2021, organizaciones de derechos humanos y de la Mesa Ecuménica por la Paz presentaron ante la JEP un informe que incluyó a Valencia Cano y Zambrano entre las víctimas de lo que sus autores denominan genocidio contra la Iglesia de los Pobres. El comunicado de presentación formuló también acusaciones contra López Trujillo por actuaciones contra sacerdotes en otros contextos, entre ellos el caso de Jaime León Restrepo. Esas afirmaciones pertenecen a las organizaciones denunciantes y requieren examen de sus pruebas y de las actuaciones judiciales correspondientes. No establecen su participación en los siniestros de 1972. [12]

Para estudiar la relación entre Sucre y el final de aquel año resultan centrales las actas electorales, los informes de los departamentos, la correspondencia de la presidencia y la secretaría, y los documentos de las nunciaturas y de la Comisión Pontificia para América Latina. También importan las cartas y las intervenciones de Zambrano durante sus últimos meses. Permitirían precisar su posición frente a la reorganización, sin atribuirle retrospectivamente una rivalidad personal que necesita demostración.

El papel de López Trujillo puede describirse ya en un terreno documentado: fue protagonista de la concentración de funciones y de la disputa por la orientación del CELAM. Establecer una responsabilidad criminal exige pruebas de otra naturaleza, que las fuentes aquí examinadas no aportan. Entre la historia institucional y el esclarecimiento de una muerte hay preguntas que deben conectarse mediante documentos.

Noviembre y diciembre de 1972 dejaron así una asimetría que la memoria eclesial necesita examinar. Un dirigente obtuvo una posición fortalecida para orientar la pastoral continental; otro desapareció cuando trabajaba por el acceso campesino a la tierra. Recuperar las decisiones de Sucre y las tareas de Zambrano permite estudiar qué Iglesia ganó capacidad de conducción y qué experiencias perdieron un interlocutor. Esa historia comienza a hacerse más precisa cuando el ascenso de uno y la ausencia del otro vuelven a ocupar el mismo campo de investigación.

N.B.: Artículo elaborado con ayuda de la IA

Referencias y fuentes

[1] Santa Sede, Oficina de Prensa. (2008). López Trujillo, cardenal Alfonso. Nota biográfica. Documento oficial.

[2] Secretaría General del CELAM. (1972). Boletín CELAM, año 6, números 63–64, noviembre-diciembre. Véanse p. 9, entrevista a López Trujillo; p. 11, crónica electoral; y pp. 16–17, continuación de la entrevista. Ejemplar completo.

[3] Botero Restrepo, J. (1980). El CELAM 25 años. Medellín, 6(24), 441–451; especialmente p. 448. Texto completo.

[4] Comblin, J. (1990, junio). Interview du théologien belge Joseph Comblin. Entrevista de APIC, conservada por Cath-Info. Texto en francés.

[5] Comblin, J. (2008). Conferência Episcopal de Medellín: 40 anos depois. Cadernos Teologia Pública, año V, n.º 36; especialmente pp. 21–22. Instituto Humanitas Unisinos. Documento.

[6] Berryman, P. (1989). Teología de la liberación: los hechos esenciales en torno al movimiento revolucionario en América Latina y otros lugares. Trad. Sergio Fernández Bravo. Siglo XXI. Capítulo 6, «Cautividad y esperanza». Edición digital autorizada, Proyecto Ensayo Hispánico.

[7] Dussel, E. (s. f., edición digital). La Iglesia, los regímenes de seguridad nacional y el proceso democratizador. De Sucre a Santo Domingo (1972–1992). Capítulo V, especialmente pp. 382–384. Texto conservado en IFIL.

[8] Espinosa Molina, D. I. (2018). Raúl Zambrano Camader, obispo pobre para los pobres. A 50 años de Medellín. Cuestiones Teológicas, 45(104), 323–356; especialmente pp. 326–328. Artículo.

[9] Plowman, E. E. (1975, 10 de octubre). Conversing with the CIA. Christianity Today. Reportaje.

[10] Espinosa Molina, D. I. (2019). Crónica del mes de reflexión episcopal de julio 1971 en Medellín. Franciscanum, 61(172), 1–23. Artículo.

[11] Centro Nacional de Memoria Histórica. (2017). Campesinos de tierra y agua: Campesinado en el departamento del Atlántico, p. 49. Libro. Fotografía de Egar, Museo Nacional de Colombia, registro 7531.

[12] Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo. (2021, 23 de marzo). La Iglesia de los Pobres fue víctima de genocidio, concluyen organizaciones en informe a la JEP. Comunicado de las organizaciones promotoras.

Fuentes consultadas el 21 de octubre de 2026. Las fotografías se reproducen con identificación de su procedencia; los dos recortes de Sucre conservan la imagen publicada, sin reconstrucción de rostros ni escenas.

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