A 20 años del asesinato del padre Yimy Torres Saenz y del seminarista Ramiro Prieto en Bogotá
Les arrebataron la vida pero no borraron su recuerdo
A 20 años del asesinato del padre Yimy Torres Saenz y del seminarista Ramiro Prieto en Bogotá
Se desconocen cifras actuales del número exacto de sacerdotes católicos asesinados en Colombia. Sin embargo, en 2011, la Conferencia Episcopal documentó una grave crisis de seguridad para el clero, reportando el asesinato de 74 sacerdotes, 8 religiosos y 3 seminaristas desde 1984 hasta principios de la década de 2010. Estos homicidios, a menudo están vinculados a la violencia del conflicto armado, el robo o la defensa de derechos”.[1]
El padre Yimy Torres Saenz es uno de ellos. Fue asesinado junto con el seminarista Ramiro Prieto, hace 20 años, el 10 de marzo de 2006 dentro de las instalaciones de la casa cural de la parroquia Santo cura de Ars, en Bogotá, de la que era párroco. Periódicos de la época dieron a conocer la noticia y un sepelio multitudinario fue la muestra del repudio generalizado del crimen. A pesar de la relevancia social de este hecho en la capital colombiana, se desconoce el estado actual de la investigación judicial.
En memoria agradecida por el servicio pastoral del padre Yimy Torres Saenz durante más de 15 años en la diócesis de Girardot y en la arquidiócesis de Bogotá, se reportan dos crónicas de su asesinato publicadas en periódicos del 11 de marzo 2006. Les arrebataron la vida pero no borraron su recuerdo.
El cura conocía a sus asesinos
El Tiempo, marzo 11 de 2006
Versiones preliminares de los organismos de seguridad conocidas por EL Tiempo apuntan a que el sacerdote Yimy Torres Saenz sabía quiénes eran sus victimarios.
Algunos feligreses advirtieron que el párroco estaba amenazado.
La terrible noticia sacudió ayer a decenas de habitantes del barrio La Fragua, en el sur de Bogotá.
A las siete y media de la mañana, una vecina se encargó de tocar las puertas de varias casas y a la vez gritaba lo que acababa de pasar, “mataron al sacerdote, mataron al sacerdote”.
Muchos se sorprendieron y pensaron que era una broma de mal gusto, hasta que apareció una furgoneta con expertos forenses de la Policía Metropolitana. El vehículo se parqueó frente a la casa cural de la parroquia del Santo Cura de Ars. Poco después, todo el barrio lloraba la muerte del sacerdote Jimmy Torres Saenz, de 43 años, y del joven seminarista Ramiro Prieto, de 23.
El cuerpo de Torres fue hallado en la sala de la casa, con una bolsa plástica sobre su cabeza y varias corbatas dentro de su boca; el de Prieto también apareció así en una de las habitaciones de la casa cural. Los dos murieron asfixiados.
¿Qué hay detrás del asesinato de este sacerdote oriundo de Sogamoso, Boyacá, que hace año y medio era el párroco en La Fragua?
Versiones preliminares de los organismos de seguridad conocidas por EL Tiempo señalan que el sacerdote, al parecer, conocía a los homicidas. Los investigadores creen mucho en esta hipótesis porque, según ellos, las puertas y las chapas no fueron violentadas, lo que indica que alguien tuvo que abrirles a los victimarios y el cura y el seminarista eran los únicos que dormían en la casa cural aquella noche. Además, añaden, pese a la presencia de objetos de valor, como dos televisores, un DVD, un computador, los homicidas no hurtaron nada.
Las autoridades afirman que el crimen ocurrió aproximadamente a las 2 de la madrugada. El cura Torres llegó a descansar a la medianoche a la casa cural, pues unas horas antes estuvo en compañía de unos amigos tomando cerveza en una tienda del barrio Restrepo, en el sur. Allí, el sacerdote vio por televisión el partido entre Santa Fe y Estudiantes de La Plata de Argentina, jugando el jueves pasado. Lo acompañaron también el vicerrector del Colegio del Santo Cura de Ars y el padre de éste.
El sacerdote se bajó de un taxi y se encontró en la casa con el seminarista. Ambos estuvieron viendo televisión durante un rato, afirman los investigadores.
La primera persona que ayer vio los cuerpos y avisó a las autoridades fue Luz Marina, la aseadora de la casa, que llegó a las 7 de la mañana. Los investigadores se encontraron con los cuerpos vestidos de civil. El televisor estaba encendido.
En la sala, justo al lado del cadáver de Torres, vieron un arma blanca, un cuchillo, que sin embargo no fue usada en el crimen. También recogieron del suelo el maletín del sacerdote Torres y que contenía sus objetos de uso personal y algunas escrituras de casas.
Hasta ahora, el único testigo de este hecho es un habitante de la calle que duerme a pocas cuadras del lugar, que vio entrar al sacerdote a la casa. Según él, la luz permaneció prendida, pero no se escucharon gritos.
Torres es un sacerdote diocesano y antes de llegar a La Fragua había trabajado seis años en Ciudad Jardín, en el norte de la ciudad.
Tiene nueve hermanos y algunos de sus familiares estuvieron presentes durante el levantamiento de su cuerpo.
Cecilia Fonseca, una feligresa de este sector, le dijo a El Tiempo que el párroco, a finales de diciembre, se le acercó y le hizo una confesión: “Ore por mí Cecilita, que estoy en peligro”, contó la feligresa.
“Él era muy franco cuando se refería a los problemas del país y quizá a muchos no les gustaba eso”, dijo una habitante de La Fragua.
El seminarista Prieto era profesor del colegio Santo Cura de Ars. Ayer sus alumnos lo recordaron como un excelente profesor de ética, que estaba esperanzado porque estaba a punto de ser ordenado sacerdote.
Cura y seminarista muertos con una bolsa
El Espacio, marzo 11 de 2006. Por Rubén Darío Escobar Redactor General
Comunidad de luto. El sacerdote Yimy Torres Sáenz y el seminarista Ramiro Prieto fueron asesinados en la parroquia Santo Cura de Ars, en la que servían de guías espirituales a la comunidad del barrio La Fragua.
Pese a que esta parroquia había sido asaltada once veces en el último año, las autoridades policiales descartaron que el robo haya sido causa del homicidio de los clérigos, ya que en la iglesia y en la casa cural se encontraron artículos de valor y no se registraron señales de violencia en puertas o ventanas.
Los habitantes del sector, en medio de las lágrimas y el dolor, adelantaron una marcha para protestar por la inseguridad de la zona y para rendir un homenaje al sacerdote.
¿Quién asesinó al padre Yimy?
Para Andrés Rodríguez, joven seminarista de escasos 25 años de edad, la mañana de ayer no fue normal. Él había despertado muy temprano, como con un extraño presentimiento, sensación que a lo largo de las primeras horas lo mantuvo inquieto y nervioso. Sólo hasta las nueve lo supo habían matado al sacerdote, y al seminarista, que le hospedaba en la parroquia en la que él había servido hasta el pasado mes de diciembre.
La sorpresa e incredulidad sobre la noticia dieron paso a un incontenible llanto que lo acompañó hasta su llegada al sitio de la tragedia en la calle 15 sur con carrera 30, en el barrio La Fragua, en donde el sacerdote Yimy Torres Sainz y el seminarista Ramiro Prieto fueron hallados asesinados en las horas de la mañana.
Asfixiados
Eloísa y Elena, dos señoras encargadas de hacer el aseo en la parroquia Santo Cura de Ars, al llegar ayer se encontraron con el macabro hallazgo del sacerdote, de 44 años de edad y oriundo de Boyacá, estaba muerto, sentado en una silla, con una corbata en la boca y una bolsa plástica sobre su rostro.
En una cama, en un cuarto adjunto el cuerpo de Ramiro cubierto con cobijas y también con señales de haber sido asfixiado, al parecer con una almohada.
De acuerdo al coronel Carlos Julio Pineda, comandante del distrito número 4 de la policía de Bogotá, el clérigo y su colaborador estuvieron la noche del jueves viendo con unos amigos el partido del Independiente Santa Fe de Bogotá contra el cuadro argentino de Estudiantes de La Plata, que se realizó en esta ciudad en el marco de la Copa Libertadores de América.
Posteriormente, y tras la finalización del cotejo, los religiosos fueron dejados en la casa cural sin que se hubiera presentado novedad alguna.
Pese a que la iglesia de este barrio ha sido objeto de múltiples robos, incluyendo uno mensual en los últimos 11 meses, el asesinato de los sacerdotes aparentemente no tenía estos fines, ya que en el lugar todo se encontró intacto, incluso los artículos de valor de la parroquia y personales del religioso.
El sacerdote Torres Sainz tenía 44 años de edad, era oriundo de Sogamoso, Boyacá, pertenecía a la Diócesis de Girardot y había sido nombrado en esta capilla en enero de 2005. Fue ordenado sacerdote en 1992 y venía procedente de la parroquia del barrio Ciudad Jardín Norte.
Por su parte, el seminarista Ramiro Prieto había comenzado a trabajar con el padre Torres en esta parroquia en el mes de diciembre y al igual que éste, pertenecía también a la diócesis de Girardot.
El cardenal y arzobispo de Bogotá, Pedro Rubiano Sáenz, que se hizo presente en el lugar de los hechos, dijo que los culpables de este execrable crimen deben sufrir todos los rigores de la ley, no sólo la de los hombres, sino también la divina, incluso hasta la excomunión.
Por su parte, monseñor Francisco Nieto, arcipreste vicarial del sector, no ocultó su pesar por la trágica muerte de su amigo y subalterno eclesial. “Ayer yo estuve aquí concelebrando con el padre Torres una misa, dedicada a unos niños del Minuto de Dios. Yo me fui después y nada parecía indicar que fuera a pasar una desgracia de estas. La muerte del padre y de su sacristán, al igual que la muerte de cualquier colombiano, es algo que nos debe doler y por lo que debemos hacerle frente a la violencia y defender la vida, la vida que es sagrada y cuyo fin sólo puede estar en manos de Dios”, indicó el clérigo.
La comunidad del sector, uno de los más tradicionales del sur de la ciudad, no ocultó su pesar y dolor con estos trágicos sucesos en los que perdieron la vida sus guías espirituales y que opacaron la tranquilidad usual de la zona.
Dolor en la comunidad
El padre Torres, pese a que llegó hace algo más de un año ya se había ganado el cariño de la comunidad, que, como todo, a unos les caía bien y a otros mal. “Lo cierto es que era un sacerdote muy colaborador y estricto. Su gran devoción era el colegio adjunto a la parroquia, por lo que se desvivía por su organización y manejo. En diciembre, con él celebramos las novenas de Navidad y siempre estaba dispuesto a escuchar a sus feligreses”, contó a El Espacio Leonor, una de las fundadoras del barrio y miembro del grupo de oración de la parroquia.
Los mismos vecinos indicaron a este diario que pese a la tranquilidad del sector, en los últimos tiempos se ha visto la llegada de muchos habitantes de calle que se reúnen en los parques de la zona y alrededor del caño que atraviesa el barrio.
Aumento delincuencial
Hace pocos días, el alcalde Mayor de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, presentó un paquete de medidas para enfrentar la delincuencia en la ciudad que durante el 2005 presentó cifras especialmente preocupantes y cuyo punto más novedoso era la entrada en acción de los llamados Comandos de Atención Inmediata, CAI Móviles, vehículos con los mismos elementos de los CAI fijos, con énfasis en inteligencia y con la ventaja de poder desplazarse a cualquier foco delictivo.
Los primeros 12 CAI móviles entrarán a operar en tres semanas y trabajarán en los 26 barrios donde, según la Alcaldía, se concentran los homicidios. La mayoría de esos barrios pertenecen a las localidades de Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Mártires y Kennedy.
De todos modos, el llanto ayer en el barrio La Fragua no era exclusivo de Andrés, el otro seminarista que por cuatro años trabajó en la parroquia del Santo Cura de Ars. Todos los vecinos, desde muchas cuadras a la redonda, no ocultaban su dolor cuando iban llegando a la capilla para confirmar la tragedia, mientras un manto de misterio caía sobre este caso que se convertirá en todo un reto en materia de investigación para poder establecer las causas en las que se dieron las muertes de estos religiosos.
Mientras tanto, los mismos vecinos miran con pesar las fotos compartidas con su sacerdote y amigo en las más de 200 primeras comuniones que el padre Torres celebró en diciembre pasado y en los muchos matrimonios que ofició.
[1] https://www.fides.org/es/news/30486-AMERICA_COLOMBIA_Continua_el_clima_de_violencia_dos_sacerdotes_jovenes_mas_asesinados_en_Bogota
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