Compromiso político en el Vaticano II

El Blog de Francisco Margallo
20 jun 2010 - 08:54
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Portada del libro

de Francisco Margallo

sobre teología conciliar

Ed. S. Pablo (Madrid)

Los teólogos que mejor conocen la teología surgida del Concilio Vaticano II nos recuerdan que el mensaje bíblico, tanto en el Antiguo como en el Nueno Testamento está cargado de acentos utópicos y de crítica social.

Utopía es para ellos el término que mejor recoge los anhelos de felicidad humana, que se encuentran en la tradición judeocristiana, por lo que lamentan que durante siglos los eclesiásticos, y con ellos los místicos cristianos, hayan esperado en el más allá el fin de los sufrimientos y el comienzo de una vida nueva. Esto lo consideran una aberración privatizadora de la fe cristiana, que ofrece innumerables testimonios de la esperanza mesiánica en un futuro mejor para toda la humanidad en la tierra.

En este sentido, y sirviéndose de los documentos conciliares, se esfuerzan en hacernos comprender que las cuestiones públicas no están al margan de la fe, que ha de activarse continuamente en favor de una sociedad más justa y solidaria a escala planetaria. Incluso llegan a decir que si no se presta más atención a la problemática social, no hay redención del hombre de nuestro tiempo.

La Constitución pastoral sobre la Iglesia, que es el documento emblemático del Concilio, insiste repetidamente en que los ciudadanos no podemos rehuir el compromiso político, si queremos humanizar la sociedad.

El origen de la comunidad política lo sitúa dicha constitución en la impotencia que sienten los individuos, las familias y grupos de la sociedad civil para realizar aislados una vida plenamente humana y en la necesidad de una comunidad mayor en la que todos conjuguen sus esfuerzos para una realización más perfecta del bien común.

En síntesis, la comunidad política y el compromiso de los ciudadanos en ella se fundamenta en la naturaleza social del ser humano. Juan XXIII en la Pacem in Terris lo considera un deber inherente a la condición personal. De modo que tanto por su ser personal libre, como por su naturaleza social, el hombre y la mujer están llamados a tomar parte activa en la vida pública.

El documento conciliar citado pide que los ciudadanos estén activos en la vida pública, atentos al bien común y la paz social e insiste en que se eduque también a los jóvenes para que todos, como miembros de la comunidad política, contribuyan a su bien, aunque no se dediquen a la política profesional.

A los que ejercen ese arte tan difícil y noble que es la política les pide que se preparen para ello y lo ejerzan con olvido del propio interés y con integridad moral (GS 73-76).

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Cambiar el mundo desde la política

www.porunmundomasjusto.com

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