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Convivencia multicultural europea

El Blog de Francisco Margallo
06 jun 2010 - 09:12

Fotografía de Bonhoeffer

en la portada del libro

Cristianismo y Secularidad

Francisco Margallo Bazago

Convivir con los extranjeros ha dejado de ser provisional. Antes los extranjeros llegaban con intención de regresar a sus países, hoy, por el contrario, llegan y se quedan. Ha llegado, pues, el momento de la convivencia multicultural.

¿Cómo y de qué manera se puede vivir la multiculturalidad en convivencia fructífera, dejando de ser una coexistencia conflictiva de mundos culturales diferentes?

Desde su origen el cristianismo se muestra aglutinador de culturas; el N. Testamento narra el debate de Pedro y Pablo sobre la circuncisión. El judeocristiano Pablo se niega a que los pagano-cristianos se sometan a la circuncisión. En el campo del cristianismo ha de crecer el realismo cultural, permitiendo y configurando la convivencia de mundos culturales diferentes.

Precisamente ni Europa ni el cristianismo europeo se han caracterizado por una cultura respetuosa de la alteridad y la sensibilidad hacia los extranjeros. En el exterior, por ejemplo, el preceso de cristianización europeo de América estuvo marcado por un dominio prepotente, que carecía de ojos para ver la huella de Dios en la alteridad de los demás (JB. Metz).

En la tradición bíblica se encuentran algunos textos contra la xenofobia.

Uno importante surgió del recuerdo de la vida de extranjero del propio Israel, lo que motivó que se formara una llamativa ley de extranjería:

"No maltratarás al extranjero ni le oprimirás, poque fuisteís extranjeros en tierra de Egipto (Ex 22, 20). Esta idea está presente en otras tradiciones bíblicas. La carta a los Hebreos la formula de la siguiente manera: "No olvides la hospitalidad. Por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles (13, 2).

Ciertamente, hoy no podemos convertir en norma de nuestra política de extranjería la hospitalidad practicada en las sociedades agrícolas arcaicas. Pero sí podemos extraer de estas tradiciones algo que es esencial: los extranjeros no son enemigos sino ciudadanos del mundo como nosotros. No son mano de obra barata, son colaboradores nuestros; en cierto sentido son mensajeros, consejeros nuestros, por lo que debemos prestar más atención a estos hombres y mujeres venidos de otros mundos culturales que nos enriquecen.

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