Cristianismo y Secularidad

El Blog de Francisco Margallo
06 jul 2017 - 18:24

5. Cómo hablar de Dios al hombre secularizado

El teólogo norteamericano Harvey Cox se interroga sobre cómo hablar de Dios al hombre tecnopolita de hoy y antes de dar una respuesta razona de la siguiente manera: Si la mitología fue el lenguaje del hombre tribal y la metafísica el del hombre del burgo ¿cual debe ser el de la época de la ciudad secular? Cox se vuelve a los teólogos y observa que estos defienden ahora un lenguaje histórico, previo abandono de la carga metafísica que hemos arrojado sobre la Biblia, para dejar que la palabra de Dios adopte su propio significado en términos históricos.

Así lo cree Van Peursen y con él parece estar de acuerdo Carl Michalson, cuando dice que la Biblia no formula los interrogantes del ser, no es metafísica, sino que interroga sobre "el significado y el acto histórico" del hombre. Cox da la razón a ambos, pero la sustitución del lenguaje metafísico por el histórico no le convence, porque el término histórico se suele asociar al pasado; son muy pocas las personas que incluyen también el presente en él. Por consiguiente, el lenguaje adecuado para reemplazar al metafísico es el político, que es el que incide en los problemas del mundo para darles una solución .

También Moltmann se ha referido en algún momento a un hablar histórico-escatológico de Dios, que viene a ser lo mismo. La Biblia habla del Dios de Abrahán, de Isaac y Jacob, pero habla del Dios de Abrahán como el Dios que prometió bendecir en este patriarca a todas las naciones de la tierra, es decir, habla escatológicamente en la historia, que quiere decir que el esjatón final se adelanta al tiempo presente para hacer ya el mundo nuevo que esperamos. De ahí la conclusión del teólogo de la esperanza de que el lenguaje teológico no puede ser abstracto ni ahistórico, sino concreto y libertador .

A pesar de que la sustitución de las categorías metafísicas por las políticas es una propuesta controvertida, el teólogo norteamericano, con el que comenzábamos este epígrafe, concluye rotundamente: En la época de la ciudad secular, la política suplanta a la metafísica como el lenguaje de la teología. Y aclara a continuación lo que eso significa: "hablamos de Dios políticamente siempre que ayudamos al prójimo a que sea el responsable, el agente adulto, el hombre plenamente posburgués y postribal que Dios espera que sea hoy día.

Que se percate conscientemente de la trama de reciprocidad interhumana en la que está cogido y sostenido como hombre, que arroje parte de la ceguera y el prejuicio de la inmadurez, y acepte un papel más amplio y libre en la creación de instrumentos de justicia humana y una visión cultural nueva del mundo. No le hablamos de Dios intentando hacerle religioso, sino, por el contrario, instándole a que llegue a la madurez, dejando las cosas de niño".

El teólogo suizo Gerhard Ebeling no emplea el término político, pero dice que hay que hablar no religiosamente de Dios. Es decir, hablar de Dios de forma secular debe ser siempre concreto, claro, activo y siempre con refencia al hombre y a su vida en el mundo. Para ello es necesario encontrar a los hombres en un punto en que ellos se sientan interpelados. En todo caso, debe ser un hablar mundanamente de Dios .

Hablar políticamente de Dios, insiste Cox, es hablar al hombre o a la comunidad no de manera abstracta y genérica, sino en puntos concretos que afectan a su vida en el mundo. Por tanto, ha de ser una palabra sobre la situación en que viven, la familia, el empleo, la justicia social, su compromiso en las instituciones públicas, el hambre en el mundo, la libertad, los brotes de racismo etc.

Si esta palabra no surge de un compromiso claro del que la emite, no es palabra de Dios, sino mera palabrería. En la palabra de Dios va su misma vida que es espíritu y se hizo carne en su Hijo Jesucristo, entregado por la vida del mundo en un gesto supremo de caridad política. En este hablar sobre Dios Cox argumenta con la misma Palabra de Dios: "Cuando Dios habla siempre ocurre algo...su Palabra trae luz a las tinieblas...discierne, cura y corta...no se reduce a frases y sílabas, sino que viene a ser como pies y manos...La Palabra de Dios al hombre es Jesús de Nazaret" .

Para el trabajo que nos ocupa como educadores de la fe, extraemos de lo dicho las siguientes conclusiones:

1. Hablamos de Dios al hombre secular de hoy, hablando del mismo hombre, imagen de Dios, de su vida en el mundo y de su responsabilidad en la edificación de un mundo nuevo, que es el sueño del Dios bíblico y cristiano.

2. Hablamos inteligiblemente de Dios, cuando quitamos los disfraces que ocultan la transparencia de las palabras verdaderas, para que, pronunciadas con seriedad, hagan brotar la vida.

3. Hablar así de Dios se convierte en discurso político, el discurso propio del cristiano que quiere cambiar la sociedad actual carente de valores humanizantes .

6. Lenguaje secular y trascendencia de Dios en el mundo

Ciertamente este discurso sobre Dios no es siempre bien acogido, porque no es bien interpretado y, sobre todo, porque muchos tienen interés en que siga siendo oculto y misterioso. Sin embargo, en Jesús Dios ha hablado al hombre con toda claridad y le ha enseñado a valerse sin él, a hacerse maduro y libre de las dependencias infantiles, como hemos visto en Bonhoeffer .

En efecto, Dios no desea prolongar indefinidamente la adolescencia del hombre, sino que le quiere responsable del mundo. Son muchos hoy los teólogos que repiten con la misma claridad de Bonhoeffer que no puede haber relación alguna con Dios, si no incluye la relación con el hombre (Gálatas, 4). Lo cual no equivale a negar la trascendencia divina, sino a experimentarla de manera distinta a como la experimentaba el hombre tribal o el burgués. El hombre secular de este fin de milenio experimenta la trascendencia "en el Tú más cercano".

Amos Wilder ha traducido esta expresión de Bonhoeffer, claramente evangélica, que tiende a descubrir a Dios en el hermano, de la forma siguiente:

"Si hemos de tener trascendencia hoy día, incluso trascendencia cristiana, debe ser en y a través de lo secular" .

El autor que así se expresa ha captado el valor sagrado de la secularidad vinculado a la encarnación de Jesucristo y cree firmemente que en "este mundo de una sola planta" lo trascendente está todavía presente.

Dios viene hoy a nosotros en los acontecimientos de cambio social, en lo que los teólogos otras veces han llamado historia y nosotros hoy llamamos política. Acontecimientos que no tienen por qué ser catastróficos ni revolucionarios, porque los acontecimientos de nuestra vida diaria son también acontecimientos de cambio social y Dios se hace encontradizo con nosotros en ellos. Dios nos encuentra como el trascendente en el "otro total". Es el Dios desconocido que Pablo anuncia en Atenas a los buscadores de Dios, pero no le escuchan. En Jesús de Nazaret esta búsqueda ha concluido, "el hombre es liberado para servir y amar a su prójimo" .

Pero ¿cómo nombraremos a este Dios que nos pide, sobre todo, actos de misericordia? ¿Qué nombre daremos a Aquel que encontró al hombre en la vida de Jesús y lo sigue encontrando en la historia humana de hoy? Poco importa el nombre, pero no parece aventurado decir que la palabra Dios, tan manoseada impúdicamente y malbaratada por tantos pastores haya muerto ya, como anunció Nietzsche, o esté a punto de morir. No nos precipitemos, sin embargo, en nuestro afán de acuñar palabras vacías y ambiguas, esperemos que pase el tiempo.

"La historia de la palabra "Dios", ha escrito Cornelius Van Peursen, es que no tiene ningún significado dado, sino que adquiere significado en la historia". En el proceso de la historia de Israel Dios es nombrado a medida que va siendo encontrado en el mundo, en cambio, nosotros nos precipitamos y queremos invertir el orden. El hombre entra en contacto con la realidad de Dios de una manera funcional y es así como adquiere un significado en la historia de la liberación divina del

hombre.

El concepto de Dios, aclara a su vez Schillebeekx, siempre ha estado vinculado a la cultura dominante; también en la cultura secular el nuevo concepto de Dios, en cuanto a su contenido y representaciones, estará determinado por ella. Y, ciertamente, no estará vuelto hacia el pasado . Cornelius Van Peursen da un paso más y no duda en prescindir de la palabra Dios por algún tiempo, si es necesario, para no confundir más a Aquel, que se ha revelado en Jesucristo, con los dioses de la mitología o la deidad filosófica.

No sería la primera vez que esto ocurre en la historia de la fe bíblica. Recordemos diversos nombres en ella: El Elyon, Elohim, El Shaddai y Yahvé. En Éxodo 6, 2 3 podemos leer: "Y Dios (Elohim) dijo a Moisés: "Yo soy Yahvé. Yo me mostraré a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Shaddai (Dios Poderoso), pero por mi nombre Yahvé no me mostraré a ellos".

Si llegara a darse tal situación, el nombre que emerja no sea posiblemente el actual, pero esto no reviste importancia, porque el hecho de nombrar está asociado a un ámbito sociocultural y no hay ninguna lengua santa y ni siquiera la palabra Dios es sagrada. Todas las lenguas son históricas, por tanto nacen y mueren. Dios, es decir, lo que esa palabra encierra, seguirá viviendo por los siglos de los siglos, después que dicha palabra haya dejado de existir en nuestras lenguas actuales .

En todo caso la teología adecuada para hacer frente a este problema es la teología política, porque su pretensión no es hablar de un Dios a partir del fundamento contingente de la Biblia, sino la de anunciar al único Dios revelado en Jesucristo. El Dios del cristianismo no es únicamente el Dios de Israel y de los cristianos, sino el Dios y Señor de todos los hombres . No es de extrañar, pues, que la nueva teología política esté rodeada de polémica, como vamos a ver pronto.

Ver: Francisco Garcia-Margallo Bazago

Cristianismo y Secularidad

Manual de Nueva Teología Política Europea

(Es mi tesis doctoral)

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