Dios hoy



Teología de la Ciencia

(Cont., viene del día 10)

Richard Dawkins encamina todos sus argumentos como un abogado apasionado que quiere probar que Dios no existe. Hay reloj. En esto está de acuerdo con Aristóteles, que llamó borrachos a los que atribuían todo el orden del Universo al puro azar.

Richard Dawkins concede al equipo teológico rival que tienen razón teólogos como Paley, al que conoce y cita, al afirmar que hay un leloj y que este reloj presupone un relojero, pero este relojero no es un gran diseñador que ve, que primero ha diseñado al Univero en su mente. Es un relojero ciego, sin conciencia, sin mente. Aquí Ricchard Dawkins se las ve y se las desea, como un abogado apurado que debe defender una causa perdida.

Todo su libro es un discurso teológico disfrazado de "pruebas científicas" que tiene una meta: negar la existencia de Dios. Se puede pensar ingenuamente que intentar probar la existencia de Dios es hacer teología y, en cambio, negar la existencia de Dios es hacer ciencia. Craso error. Probar que Dios existe o no existe es entrar a saco en la metafísica y en la teología. Es suponer y presuponer que Dios es algo _al menos como ente de razón, como concepto conocido_ y, que se puede probar que Dios no existe.

Dice el pueblo español que "no somos nada". Podría estar de acuerdo con esta sentencia española Maxwell "el magnate de la prensa" que acaba de morir. Maxwell como todo buen hombre de negocios, procuró asegurar todos sus bienes materiales. Pero no hay Maxuell que pueda asegurar toda su existencia, su vida, en alguna buena compañía de seguros. Todo ser humano es un no-ser humano, es decir, lo que es o existe es algo que "le toca" en el bombo de la gran lotería del ser y del existir.

En un chiste del sagaz Chumy-Chumez, fino antropólogo y agudo filósofo, dice una calavera de Hamlet: "Me lo va a decir a mí, que ni siquiera existo". En el juego del "ser más" o "no ser menos", que es el último y primer juego de todos los seres, todavía la calavera de Maxwel gana el juego a la pura nada que ni siquiera llega a calavera . Acabo de ver en una revista de humor inglesa (dicho en español)una viñeta titulada El Hombre No Es Más Que Un Gusano, en la que el juego de los seres de ser más y no ser menos aparece primero el caos, que es el primer ser pero todavía un ser apenas salido del huevo de la nada y, por tanto, todavía implume y cacareando.

Del caos surge el gusano, un ser mucho más cualificado, ordenado, y, por tanto, superior al caos y en una carrera de seres a ver quién es más, el gusano va convirtiéndose en animales de más categoría, hasta llegar al mono. El mono va a progresar hasta convertirse en un salvaje y el salvaje, finalmente, se convierte en el ser que gana el Tour de Francia y se coloca el maillot amarillo del ser que es más o el que más: es un aristócrata victoriano con sombrero de chistera, con unos gustos ten refinados como son la veneración de la Reina, el culto a los perros y la caza del zorro. El nonplus-ultra del ser y del ser-más.

Pero el pueblo español vuelve a la carga: "No somos nada". Ha intuido el pueblo español que solamente es el que manda en su ser y en su existir: es lo que él quiere (no lo que le dan en el reparto de la lotería genética cultural y siempre que quiere. Ya dijo el genial René Descartes: "Si yo fuera autor de mí mismo, yo sería Dios. Por eso Dios, al definirse a sí mismo, dijo escuetamente: "Yo soy el que soy". Tomás de Aquino, satélite de Aristóteles, creó una variación a este tema judio-bíblico: "Dios es aquel cuya esencia es su existencia.

Si la trompa es parte de la esencia del elefante, el existir es la trompa de Dios, por así decir. El existir es la característica del ser de Dios. Es decir, Dios tiene el ser y el existir en propiedad. No puede no exisistir. Nadie puede arrebatarle el ser lo que es(un ser perfecto), ni nadie puede convertirle en nada.

Todo Don Nadie(definición antropológica del pueblo español del que es un creído, que se cree que es algo -dios-, cuando no es nada)como Descartes tiene un apetito o ganas de ser algo o alguien de verdad. Alguien que sea lo que él quiere y que pueda asegurar su existir: "Si yo fuera autor de mí mismo, yo sería Dios"

Ver: José Antonio Jáuregui, Dios hoy
Ediciones NOBEL

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