Nuestra Espiritualidad (P. Casaldáliga)



3. El pueblo de Dios en Jesucristo,
que es la Iglesia


El capítulo referente a la Iglesia es, en la Espiritualidad de la Liberación, un capítulo decisivo, y frecuentemente conflictivo, porque no se refiere apenas a las personas, sino también a la propia institución.

La visión, la concepción, la perspectiva, la índole, el amor, el espíritu con que la Espíritualidad de la Liberación enfoca el misterio y la realidad de la Iglesia permite que hablemos de un 'nuevo sentido de eclesialidad o de una nueva espiritualidad en la vivencia del misterio de la Iglesia en América Latina.

Entre nosotros se habla y se escribe -con mucha legitimidad- de la 'conversión de la Iglesia', de un nuevo modo de ser Iglesia e, incluso del nuevo modo -comunitario de arriba hasta abajo- de ser de toda la Iglesia. Ese nuevo sentido eclesial, la nueva eclesialidad, en la Iglesia católica más concretamente, arranca ya del Concilio Vaticano II.

"Iglesia de Cristo, ¿qué dices de tí misma?", quería preguntar el Concilio, según el papa Pablo VI. Y fue un viraje copernicano con relación a la eclesiología anterior, en la medida en que se puso como punto de partida el pueblo de Dios, lo fundamental del ser cristiano, la igualdad fraterna en la fe y en el amor, y el misterio común y mayor, que es la diaconía del Reino de Dios. Esta nueva eclesialidad entre nosotros se afirmó a partir de Medellín y con Puebla y Santo Domingo.

Vamos clarificando nuestra visión de la Iglesia y aceptamos serenamente, en la libertad del Espíritu, el pertenecer a ella. Los conflictos eclesiásticos, el ser y la misión eclesiales. La Iglesia es simultáneamente, nuestra madre y nuestra hija: nos hace y la hacemos. La Iglesia es, al mismo tiempo, misterio de fe, pecadora institución, misión irrenunciable de la Buena Nueva.

Cardenales de Roma

Cardenals de Roma,
Hermanos todavía
¿qué somos
si no somos
Pascua viva?

¿Qué celebramos
si no celebramos
toda la sangre en cada misa?
¡Ay de las Curias
sin romerías!

No me quites la sangre de los mártires,
del cáliz que alimenta mi osadía.
Si les priváis del Testimonio
¿qué les queda a los pobres de América Latina?

Roma, la misma Roma
¿qué sería
si callase en sus piedras
la hermana sangre antigua?.
P. Casaldáliga
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