Evolución del cristianismo-32

El Blog de Francisco Margallo
16 jun 2013 - 18:36

J. Ortega y Gasset

Capítulo III

De un cristianismo mítico a otro racional

El mundo de los símbolos y mitos

(Cont., viene del 29 mayo)

El extremismo como forma de vida

Es obligado aclarar que la nulidad del hombre y la huida del mundo, tal como se describen en el cristianismo medieval, no pertenecen a su esencia originaria. Pero puede parecerlo por la interpretación desviacionista que sufrió el cristianismo en esa época. Veamos como lo explica Ortega, remontándose a su misma prehistoria, a la historia judía.

Antes de que existiera el cristianismo muchos hombres asqueados de la vida mediterránea y de no tener qué hacer (vivir es un quehacer), se retiraron del mundo a los desiertos, a la soledad. Sin embargo, la eficacia de este retiro era escasa, pero trataban de resolver así el problema de vivir y de tratar con los hombres y las cosas complejas del mundo, reduciendo al mínimo el trato con ellos.

Ortega se apresura a decir que esta huida del mundo, este asco a vivir en él, no son descubrimiento cristiano, sino al revés, porque los hombres se retiraban del mundo fue encontrada una solución cristiana un poco contra natura, es decir, porque lo natural asqueaba se buscó lo sobrenatural (Sobre el extremismo como forma de vida V, 107). Pero la esencia del cristianismo es encarnación en el mundo y en toda la problemática humana, para cambiarlos desde dentro.

Esta retirada del mundo la considera, por otra parte, nuestro gran analista de la vida un signo de desesperación y reacción a la confusión ante los excesivos apetitos, placeres y saberes del mundo, ninguno de ellos plenamente satisfactorios. Pero en realidad, aunque ellos no lo digan, la desesperación abarca a todo el ámbito de su vida, por tanto, no tiene en ella ni un rincón donde protegerse.Esta desesperación, o mejor, desorientación general de la vida y el reduccionismo que se hace de ella los considera situaciones extrañas, porque la vida es muy rica.

Precisamente esta huida del mundo y este reduccionismo vital a la intimidad y al personalismo es lo que se despierta en la espiritualidad de la Edad Media. Pero, aunque es cierto que este retraimiento a un solo punto le libera de lo vano de la vida, esta se simplifica y pierde todo su encanto. Por tanto, este hombre perdido en la selva de la vida aspira a salvarse en grupos reduccionistas en extremo y poco solidarios con el resto de los hombres y del mundo. Para él la vida es perplejidad y cuantas más posibilidades, más perplejo, más angustiosamente perplejo se vuelve el hombre.

Por otra parte, el cristiano era esclavo de un cúmulo de leyes farisaicas que le oprimían. A este respecto Ortega se hace eco de las palabras de Jesús que dice: "En verdad en verdad os digo que una sola cosa es necesaria". Y seguidamente presenta a San Pablo que va a sacar las consecuencias derivadas de esta máxima evangélica: la ley es un indomable intrincamiento; se pierde el hombre en ella. ¡Fuera la ley! La nueva alianza es la sola cosa necesaria: la fe, basta con la fe".

Pero cuando San Pablo dice que sólo la fe salva "lo que subdice es que la ley y las obras conforme a la vieja ley no salvan. Sin embargo, no excluye la necesidad de las obras para salvarse, se entiende las obras que brotan de la fe, no las de la ley, las obras que caen del hombre creyente como los frutos del árbol que ha prendido en el huerto" (Ibid., 108-110).

Se ha referido después al gran historiador Eduardo Meyer, quien en su libro Origen y comienzos del cristianismo dice así: "El combate de San Pablo sobre la ley llevó en muchas de las sectas que inmediatamente brotaron al más grosero libertinaje y a un completo desorden moral. En el movimiento de Simón Mago aconteció esto naturalmente en grado sumo" (III, 285) (Esta cita es del libro de Meyer tal como lo recoge Ortega en Sobre el extremismo como forma de vida (V, 114).

Ante los extremismos como forma de vida, ha señalado igulamente que en la vida, sea cual sea la época en que se vive, cuando su inmediato pretérito ha sido muy complicado, el ansia de simplificación nos empuja a soñar con la vida anterior a él, la primitiva más simple. Precisamente uno de los aspectos del Renacimiento no estudiados a fondo todavía fue esta vuelta a lo antiguo dentro del movimiento emprendido sin vacilar hacia el futuro. Esta simplificación es lo más positivo que ha engendrado la desesperación o desorientación de la vida.

En Misión de la Universidad Ortega considera inexcusable esta simplicidad para salvar la ciencia. Y cita a Galileo como el genio de la simplificación, como la simplificación hecha hombre. También Descartes pide esta misma simplicidad, porque la firmeza del hombre y del mundo está hecha de sencillez y claridad. "Su método se reduce a esto: la idea simple es la clara y distinta y, viceversa, lo claro y distinto, es decir, lo seguro es lo simple" (Sobre el extremismo como forma de vida 109-111).

Ver: Francisco Margallo, Teología de J. Ortega y Gasset

Evolución del cristianismo

CyC 2012

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