Igualdad de género-1
Dori Fernández, feminista, lesbiana, cristiana y ser humano dice, en el tuit que lanzó el 26 de abril Día Internacional por la Visibilidad Lésbica: Mis armarios apenas tienen ropa y sí muchos recuerdos de todas las experiencias que me han marcado.
La primera fué sentir que me gustaba una mujer, aunque pasó pronto a segundo plano: la superó el dolor que observó a su alrededor cuando aquellas desinformadas docentes decidieron que lo suyo era un caso de "sexualidad desviada" y que debía abandonar el colegio. Tenía 12 años. Desde ese momento su vida ha sido una búsqueda constante de respuestas. Pero al mismo tiempo creció en ella un auténtico radar ante las injusticias, que la ha acompañado en un compromiso firme y sosegado hasta los 47 años que acaba de cumplir.
En esa búsqueda vivió experiencias muy enriquecedoras. Desde aquella en el monasterio de Clarisas de Oñate (Guipuzkoa), las actividades con las Mercedarias Misioneras de Bérriz, el trabajo en la parroquia de su barrio, hasta el compromiso político contra toda forma de violencia en el Bilbao que, por entonces, empezaba a ver cómo la ciudadanía se movilizaba ante tanto asesinato.
Gesto por la paz cuajó ante sus ojos junto a los silencios de muchas personas que cada semana mostraban su repulsa en el centro de la ciudad durante media hora, que llamaban,"de silencio por la paz".
No encontró todas las respuestas, pero sí vivió la experiencia de un Dios Padre Madre, o todo lo contrario, porque quién sabe el sexo de los ángeles, que solamente me invitaba a ser yo misma, a vivir en coherencia con mi ser interior. No era raro, la lectura de los evangelios me mostaba un Jesús de Nazaret cocherente hasta en la muerte. Y así lo hizo.
De la militancia por la paz, pasó a la que da la coherencia interior: 18 años con una mujer como pareja, sin armarios, sin carteles y con el lenguaje de los hechos como único instrumento de inserción social dan fe de ello. Pero cuando no hay más referentes que los individuos socializados en "lo correcto" que muestra (impone)la sociedad, tendemos por inercia a imitarlos, más cuando ha costado tanto lograr el respeto en ese mundo de "personas normales.
Así que, aunque encontró algunas respuestas, siguieron llegando preguntas. Tenía todo, afirma, pero también una sensación, cada vez mayor, de estar siendo de nuevo incoherente consigo misma. Y volvió a indagar en el malestar que subyacía a su aparente felicidad. Cuando la visitó el cáncer no tuvo que esforzarse mucho más. Todo se le volvió relativo y empezó a ver sólo lo importante. Con el apoyo familiar, el de su expareja y sus amigas vió que podía caminar de nuevo, subir al monte...
Volvió a vivir con la conciencia de que era una segunda oportunidad y con la absoluta certeza de que no iba a desaprovecharla. Retomó el trabajo y empezó a ver cosas que antes no veía. Sus compañeros varones promocionaban mientras que las mujeres seguían en los mismos puestos año tras año en igualdad de titulación y experencia. El malestar crecía y ella no era ya la misma...sequiremos
el día 4 de julio.
Ver: Dori Fernández, en Alandar Junio 2013
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