Ingenuidad de Jesús

El Blog de Francisco Margallo
16 sep 2010 - 09:54

Buscando a Dios en la historia

¿Dónde Termina lo del hombre y dónde comienza Dios?

Esa es la gran pregunta de toda encarnación. Una pregunta que atraviesa la teología cristiana. Dónde termina -si es que termina- lo natural, y dónde empieza -si es que empieza- lo sobrenatural. Qué es lo natural y qué lo slbrenatuarl. La materia y el espíritu. Lo humano y lo divino. Dónde acaba la tierra y dónde comienza el cielo.

No existe ninguna forma mágica que aplicada a los libros del Antiguo Testamento nos asegure, por un lado, qué es inspirado, refrendado por Dios y, por otro, qué es aportación humana dictada incluso por las más rstreras, fascistas, egoístas o incluso crueles intenciones de los hombres.

Sólo desde la persona de Jesús se podrá comprender la "inspiración" del Antiguo Testamento. Solo desde Jesús se podrá discernir lo que hay de Dios en el resto de las culturas humanas.

Algunos no estarán de acuerdo con esta última afirmación. Me atacarán de soberbia cristiana al afirmar que sólo en Jesús cobra sentido la historia. Pero es lo que yo creo: Él, Jesús, es la clave para entender la creación, para entender lo auténticamente humano y lo auténticamente divino. Lo demás ayudará a conocer la historia de los pueblos, y en el caso de la Vieja Biblia, para conocer la historia. Pero es lo que yo creo; Él, Jesús, es clave para entender la creación, para entender lo auténticamente humano y lo auténticamente divino. Lo demás ayudará a conocer la histori de los pueblos, y en el caso de la vieja Biblia, para conocer la historia de un pueblo de dura cerviz, fanático como pocos, que se aprovecha como todos de la paciencia del Creador del hombre con el hombre.

No es, por tanto, el Antiguo Testamento (ni el Nuevo)un libro talismán, ni siquiera un libro fácil de comprender y citar. ¡Con qué facilidad seguimos los cristianos, incluso teólogos y clero, citando las escrituras! De ellas podemos entresacar vesículos para probar cualquier idea o inclinación nuestra. No son las escrituras un diccionario de Dios. Son libros para el estudio y la búsqueda.

Y siempre con la fe, la incertidumbre y la humildad de por medio. Porque la humildad no es virtud de creyente. La humildad es la primera consecuencia de la metafísica humana. Para ser humilde no hay necesidad de compararse con nadie ni de recontar pecados propios, ni de mirar a Dios. Basta con mirarse hacia dentro y tomarse el pulso de la propia esencia. La humildad es connatural a culaquier actividad humana consciente.

Luís Alemán Mur

La Ingenuidad de Jesús. La venganza de la Torá

Ed. Nueva Utopía, Madrid 2002

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