La Misa sobre el Mundo. Teilhard de Chardin


IV

OREMOS

CUANDO TU PRESENCIA, Señor, me hubo inundado con su luz, quise encontrar en Ella la Realidad tangible por excelencia

Ahora ya te poseo, Consistencia suprema, y que me siento llevado por Tí, me doy cuenta de que el fondo secreto de mis deseos no era abrazar, sino ser poseído.

No es como un rayo ni como una sutil materia, sino como Fuego, como yo Te deseo, y como Te he adivinado, en la intuición del primer encuentro. No encontraré reposo, me doy perfecta cuenta de ello, más que si una influencia activa procedente de Tí cae sobre mí para transformarme.

¡He aquí el Universo ardiente!

Que las profundidades astrales se dilaten, pues, en un receptáculo cada vez más hermoso de soles reunidos.

Que la vida extraiga a mayor profunidad todavía la savia que circula por sus innumerables ramas...

Que nuestra percepción se acreciente sin fin con las potencias secretas que duermen y con las infinitamente pequeñas que bullen y con las inmensidades que se nos escapan porque no vemos más que un punto de ellas.

El místico saca una alegría sin mezcla de estos descubrimientos, cada uno de los cuales le sumergen un poco más en el Océano de la Energía. Porque jamás se sentirá lo suficientemente dominado por las Potencias de la Tierra y de los Aires para ser subyugado por Dios en la medida de sus desos.

Dios, sólo Dios, en efecto, agita con su Espíritu la masa del Universo en fermentación.
V
UN SONIDO PURÏSIMO se ha elevado a través del silencio; una franja de color límpido se ha dibjado sobre el cristal; una luz se ha fijado en el fondo de los ojos que yo amo...

Eran tres cosas pequeñas y breves: un cántico, un rayo, una mirada...He creído también al principio que penetraban en mí para quedarse y para perderse en mí. Pero en lugar de eso han sido ellas las que me han poseído y dominado...

Porque el lamento del aire, el matiz del éter, la expresión del alma no sean tan sostenidas y tan rápidas más que para introducirse cada vez más profundamente en mi ser, allí donde las facultades del hombre están tan estrechamente agrupadas que no constituyen más que un punto. Mediante la punta afilada de las tres flechas que me ha asaeteado, el Mundo mismo ha hecho irrupción en mí y me ha secuestrado.

Nos imaginamos que por medio de la sensación el Exterior viene humildemente hacia nosotros para constituirnos y servirnos. Ahora bien, esto no es más que la superficie del misterio del Conocimiento. Cuando el Mundo se nos manifiesta es él en realidad el que nos acoge en sí y nos hace fluir hacia Algo de sí mismo, que está por todas partes en él y que es más perfecto que él.

El hombre absorbido por las exigencias de la vida práctica, el hombre exclusivamente positivo, rara vez percibe esta segunda parte de nuestras percepciones, esa fase en que el Mundo, que ha penetrado, se retira de nosotros arrebatándonos. Es medianamente sensible a la aureola emotiva, invasora, mediante el cual se nos descubre, en todo contacto, lo único Esencial del Universo.

Ver: Teilhard de Chardin
La Misa sobre el Mundo
y otros escritos.


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