Nueva Teología Política Europea (curso)

El Blog de Francisco Margallo
30 jun 2010 - 09:09

Fotografía de Bonhoeffer

en la portada del libro

Cristianismo y Secularidad

Francisco Margallo Bazago

Capítulo Octavo

La división de clases rompe la unidad de Dios

4. Humanización del trabajo

(Cont.)

Fue la industrialización la que nos hizo tomar conciencia del valor ético del trabajo y con ella se abrió camino la idea del trabajo como realización personal del hombre. En este sentido Ortega es uno de los primeros en decir que la vida que no se entrega a un quehacer queda vacía.

El problema de la juventud actual, drogadicción, alcoholismo, sexo etc., es que tiene su vida en plena disponibilidad y no sabe qué hacer con ella; de tanto sentirse libres los jóvenes se sienten vacíos. De tal manera es así que nuestro ilustre filósofo no duda en afirmar que una vida en disponibilidad es mayor negación de sí misma que la muerte. Está sobrado de razón, porque otros muchos que se han hecho eco hoy del problema coiciden con él en que el trabajo no sólo asegura la subsistencia material, sino también reconocimiento social y autoestima personal, que es tanto como decir que el trabajo conforma la personalidad del hombre.

Estamos no obstante, ante una nueva cultura del trabajo. La revolución tecnológica está realizando un cambio cualitativo en la forma y distribución del mismo. Lo que va a desencadenar una dinámica social que afectará no sólo al sistema económico, sino a los hábitos de los ciudadanos. De momento, el pleno empleo va a ser menos generalizado con lo que los trabajadores van a tener más tiempo para el cultivo personal. Desde este punto de vista es un factor positivo en cuanto libera un poco al trabajador, a la vez que facilita la distribución del trabajo.

Los mismos sindicatos abogan ya por reducir la jornada laboral aunque se gane menos, con el fin de que puedan acceder a él los parados. La solidaridad entre los trabajadores desempeña aquí un valor muy importante. Pero se impone asimismo una concepción ética del trabajo, en la que no quepa el pluriempleo en las capas más cualificadas, ni tampoco la gran diferencia de salarios entre los empleados de una misma empresa.

Digamos también que esta situación sería más soportable si tuviera al hombre como sujeto que domina, es decir, el trabajo ha de estar en función del hombre y no al revés. Es preciso aclarar siempre este extremo, porque desde la implantación técnica industrial hasta nuestros días la relación capital trabajo se viene manifestando en forma de conflicto, precisamente porque quien domina es el capital que es insaciable .

Ahora bien, visto el problema de la escasez de trabajo generalizado hoy en el mundo, nos podemos preguntar también desde una perspectiva pragmática qué pueden hacer los humanismos unidos frente a las instituciones estatales encargadas de solucionarlo, pero que no toman las medidas oportunas. La revolución tecnológica, culpable en buena medida del problema, va a seguir su curso, por tanto, no es por ahí por donde deberá orientarse la acción de los humanismos.

Las nuevas tecnologías tienen todas las de ganar en la concurrencia interna e internacional, en cambio, el que no las emplea está abocado al fracaso. Tal es el caso de los países en vías de desarrollo, que no pueden seguir el ritmo de la carrera tecnológica. Digamos que en esto poco pueden hacer los humnismos, pero sí pueden influir en el cambio del actual sistema económico de la sociedad y, a más largo plazo, de otros aspectos de la vida social o, en sentido global, de la civilización. Aquí tienen un amplio campo abierto los humanismos, sin cuya colaboración difícilmente puede afrontarse el problema.

Desde esta perspectiva el trabajo tiene que ir dando paso a las ocupaciones socialmente necesarias hoy, dependiendo del trasfondo histórico y cultural de la sociedad. Ocupaciones en el area de la cultura, la educación, el tiempo libre etc. Aquí se requiere una alta participación de los ciudadanos. Por lo que la organización de esta coparticipación del pueblo en el marco de un programa capaz de predeterminar las formas de vida social a largo plazo deberá ser un aspecto del humanismo global.

Es importante, por otra parte, estar ya actuando en esta tarea, porque sin influencia en la conciencia social y sin la interiorización de los valores propagados por el humanismo estaría abocada al fracaso. La influencia en la conciencia social de unos valores humanos como el amor al prójimo, la igualdad, la fraternidad entre los hombres, la salvaguarda de sus derechos etc. son importantes ante el problema de la desaparición del trabajo tal como se ha concebido hasta ahora.

Evidentemente, la transición del trabajo a las ocupaciones supondrá una nueva distribución de la renta social. Y ante este cambio solidario ayudará mucho una ideología (ideas que ayudan a razonar) con apoyo de la fe religiosa y sus grandes valores. De ahí la gran importancia del humanismo cristiano ante esta nueva situación en que se encuentra hoy la humanidad.

Bibliografía

J. Ortega y Gasset, Obras Completas I, 454ss, 480 y III, 182-184. Alianza Editorial, Madrid 1983; F. Margallo, "Trabajo y personalidad" en Ya 1 de mayo 1994.

A. Chaff, Humanismo ecuménico, Trotta. Madrid 1993

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Cristianismo y secularidad

Manual de la Nueva Teología Política Europea

Ed Tirant lo Blanch, Valencia 2007

Por F. Margallo Bazago

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---Cambiar el mundo desde la política

www.porunmundomasjusto.com

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