Teología de Ignacio Ellacuría
Introducción
Ante el acoso a la teología de la liberación, el obispo Pedro Casldáliga ha levantado su voz diciendo: No es mi intención defenderla una vez más, porque se defiende sola mientras haya Dios de los pobres, Evangelio de Jesús e Iglesia samaritana. Desde su más honda convicción cree que en los tiempos que corren el cristiano es pobre o aliado de los pobres, o no es cristiano. "Somos buenos samaritanos o negamos el Evangelio". De esta manera el obispo ha superado la apreciación de Karl Rahner cuando escribió: En el siglo XXI un cristiano será místico o no será cristiano.
Los pobres cada vez son más numerosos y más pobres. Actualmente seis de cada diez latinoamericanos son pobres, como predijera ya el Banco Interamericano de Desarrollo. Ante esta apreciación, resulta como mínimo chocante oír decir que la teología de la liberación tiene su razón de ser en el marxismo. No es esa la realidad. El punto de mira y fundamento de la teología de la liberación son los pobres. Si no hubiera pobres no existiría la teología de la liberación. Sus teólogos han afirmado rotundamente que el marxismo no ha sido jamás el centro de su teología, sino la opción por los pobres y excluidos.
Lo que sí admite precisamente Ellacuría es que hoy no se puede hacer teología al margen de la teoría marxista como principio crítico e iluminador. Incluso considera el marxismo como el más próximo interlocutor del método teológico latinoamericano, puesto que puede ser muy útil para descifrar otros lenguajes y discursos teológicos, así como a la interpretación del hecho histórico y en la orientación del trabajo para la realización de la salvación escatológica ya en el mundo. No obstante, advierte del peligro que tiene para la fe su uso indiscriminado.
A su vez el padre de esta teología, Gustavo Gutierrez, se ha referido a una serie de acontecimientos económicos, políticos y eclesiales en los países latinamericanos y en todo el mundo, que hacen pensar que está concluyendo una etapa estimulante y creativa de la teología de la liberación. Dado el agravamiento de la pobreza en el mundo y la pérdida de determinados proyectos políticos, muchas de las discusiones anteriores ya no responden a la situación actual. Lo que parece indicar que comienza un período diferente, que hace más necesaria la participación de todos para afrontar los problemas que aquejan a la realidad latinoamericana.
Efectivamente, en los últimos años América Latina ha cambiado mucho y no precisamente a mejor, observa Hugo Assmann. De una situación de opresión se ha pasado a una situación de exclusión. Se ha duplicado la población y aproximadamente la mitad se ha desplazado del campo a las ciudades y la vida allí no es fácil. Es cierto que se ha producido mucha riqueza, sin embargo, se ha concentrado en unas minorías privilegiadas. De modo que la liberación se hace cada ves más urgente y a la vez más remota. La situación, en definitiva, es muy complicada.
Ahora bien, un logro muy importante e irreversible de la teología de la liberación es haber eliminado de la teología los elementos abstractos y meramente conceptuales. Como ha señalado Johann Baptist Metz, promotor de la nueva teología política europea, es necesario y urgente que disminuyan el caudal de las ideas y la argumentación sistemática en la teología para dar entrada en ella al grito y a los rostros de los pobres y oprimidos del mundo. Esto no empobrece el lenguaje teológico, al contrario, será mas elocuente y lo acercará a su misión original cristiana, que es la que debe prevalecer en el logos de la teología. Metz señala en un artículo el tremendo impacto que le causó la pobreza en que vive la población latinoamericana, en una visita que realizó a una parte del continente.
En busca de este nuevo logos a que se ha referido el teólogo europeo, me he acercado a la teología de Ignacio Ellacuría, que ha conseguido con mucho acierto que las nociones teológicas abstractas hayan tomado cuerpo en la vida de los hombres y su mundo. Se ha esforzado en historizar los conceptos teológicos para hacerlos producir, de manera que la historia de salvación sea más salvífica en el mundo. Una y otra teología, la europea y latinoamericana, están convencidas de que la esperanza con la que el cristianismo se relaciona con el futuro no puede realizarse al margen del mundo y de su futuro, porque esa esperanza ha de responder del único futuro que se nos ha prometido. Creen que el futuro del cristianismo y el del mundo van parejos.
El hombre moderno concibe el mundo orientado hacia el futuro, lo que indica que su mentalidad no es contemplativa, fundamentalmente, sino creativa. Así se pone de manifiesto en su tendencia a crear cosas nuevas de manera permanente y en las mismas revoluciones sociales, políticas y técnicas de nuestro tiempo. Ahora bien, como consecuencia de tener su atención centrada en el futuro se ha debilitado la tradición. Los viejos tiempos han perdido su encanto para él: la edad de oro no está detrás, sino delante de nosotros.
Por la misma razón el mundo no es ya algo grandioso regido por las leyes de un destino implacable, ni por el imperativo de una naturaleza intocable y soberana. Se le considera más bien como cantera o taller de donde surge un nuevo mundo, el de el hombre; es éste quien transforma el mundo, por lo que el mundo aparece como producto de la técnica humana y, por lo mismo, como mundo secularizado.
PD.Seguiremos este curso los martes como el anterior