Teología de Ignacio Ellacuría



(Fin de la biografía)

Los ideales de la universidad cristiana los había proclamado públicamente el mismo Ellacuría, cuando recibió el doctorado honoris causa por la universidad de santa Clara de California en 1982:

"La universidad debe encarnarse entre los pobres intelectualmente para ser la ciencia de los que no tienen ciencia, la voz ilustrada de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su realidad misma tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo, pero que no cuentan con las razones académicas que justifiquen y legitimen su verdad y su razón".



Diez años antes en el prólogo al libro de Ignacio Martín Baró, Psicodiagnóstico de América Latina, Ellacuría había explicado de manera concisa, pero con mucha precisión lo que puede ser la Universidad y lo que debe esperarse de ella: ser conciencia situada, crítica y operativa de la realidad. Lamenta, sin embargo, que en las universidades latinoamericanas se trate de evitar esto con textos importados, por creer que así se sirve mejor a la ciencia en su dimensión de universidad (universalidad). Se piensa que los libros escritos desde aquí y para aquí no son universitarios o no aportan nada a la ciencia y a la cultura universal.



Esto se debe, dice, a un prejuicio filosófico, según el cual, la realidad es en esencia ahistórica, y que el acceso a la objetividad y universalidad de la realidad puede realizarse desde cualquier situación en el sentido de ninguna situación . La Universidad Centroamericana (UCA) ha tenido el acierto de convertir en razones y argumentos los clamores del pueblo más pobre, denunciando una situación extrema de injusticia, pero abriendo siempre caminos de esperanza, escribe R. Aguirre. Ellacuría ha tenido también mucho protagonismo en el movimiento teológico de liberación o teología política latinoamericana, que representa un esfuerzo renovador muy importante para el pensamiento cristiano, vinculando la evangelización a la realización de la justicia. Porque en un continente donde las desigualdades sociales son tan grandes y más de la mitad de la población vive en situación de gran pobreza y represión, el anuncio del evangelio no pasa de ser mera retórica, si no va acompañado de una enérgica repulsa de las injusticias, ha escrito JA. Gimbernat en el libro en su homenaje.



La aportación más significativa de Ellacuría a la teología de la liberación ha sido entablar un diálogo entre la filosofía posmetafísica o pragmática que aprendió de Zubiri y la nueva teología. Consideraba inservible el idealismo abstracto y especulativo lo mismo en filosofía que en teología; lo importante para él, según su amigo D. Gracia, era la realidad histórica, la realidad histórico-social e intramundana. También la introducción de las nuevas ciencias sociales, económicas y políticas en la mediación teológica tuvieron en él un buen valedor.



Él fue el teólogo de la liberación con mayor sentido de la necesidad, dificultades y ambivalencias de la práctica política en orden a liberar a los pueblos oprimidos, escribe Gimbernat en el libro y páginas ya citados. José Caffarena ha dicho al respecto: su argumentación era que a los pueblos de América Latina que llevan sobre sí una larga historia de explotación y sometimiento, no se les debería dar un pensamiento especulativo alienante, sino un pensamiento práctico que les hiciera tomar conciencia de su situación y las formas de salir de ella .



Además de filósofo destacado, fundador del Seminario Xavier Zubiri y codirector del mismo junto con Diego Gracia hasta el final de su vida, Ellacuría ha sido, uno de los máximos representantes de la teología de la liberación y hombre de una fina sensibilidad política. Con Jon Sobrino dirigió la edición castellana de la obra Mysterium liberationis Conceptos fundamentales de la teología de la liberación en dos tomos 1990. Quienes le conocieron y trataron dicen de él que tenía una gran cabeza, realista y tenaz al servicio de un gran corazón; a todos sorprendía su capacidad de entrega en favor de los más empobrecidos. El asesinato por su trabajo en favor de la justicia y la libertad del pueblo salvadoreño, permite hablar de él como de un mártir. Mártir de un amor operoso y consecuente.



Se le ha definido, efectivamente, como "teólgo mártir por la liberación del pueblo".Jon Sobrino, a su vez, ha hecho notar que desde el Vaticano II América Latina es el continente donde más cristianos han sido asesinados. Lo que ha suscitado la cuestión de si llamarlos mártires o no. Fue K. Rahner quien propuso, a propósito de tantos asesinatos de latinoamericanos, particularmente de monseñor Romero, que se revisara la noción de martirio, porque muchos de ellos han sido víctimas de la lucha por la justicia desde sus profundas convicciones cristianas .



Bibliografía

JJ: Tamayo Acosta, 'A la paz por la justicia: praxis de liberación', en Pasión por la libertad , 127 y 150-151; J. Sobrino, Compañeros de Jesús. El asesinato-martirio de los jesuítas salvadoreños, Santander 1990, 33

I. Martín Baró, Psicodiagnóstico de América Latina,, San Salvador, 1972; I.Ellacuría, en ECA 27 (1972).

R. Aguirre, 'Ellacuría, el hombre, el pensador, el cristiano'; D. Gracia 'Filosofía práctica'; J. Gómez Caffarena, 'Unas pinceladas como semblanza', en La pasión por la libertad.

D, Gracia, Reseña bibliográfica de Ellacuría, en su obra Filosofía de la realidad histórica, Trotta 1991; J. Sobrino, 'El pueblo crucificado', en Pasión por la libertad.



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