Virtudes públicas en J. Ortega y Gasset
Cultura y Sociedad
Otros autores que han reflexionado sobre el tema vislumbran la cultura como obra de la sociedad en su conjunto. Así Jorge M. Rivero dirá que mientras la sociedad no tome la iniciativa de construir su propia cultura, cuanto de ella se diga es pura retórica. La cultura no puede hacerse a espaldas del pueblo sería una cultura estéril o no asimilada por la sociedad.
La cultura que se hace prescindiendo del pueblo, su destinatario primero, equivale a acrecentar la distancia existente entre ellos. Cuanto más cultura elitista se genere, mayor incomprensión estaremos provocando hacia ella, porque es algo que se aleja de las apetencias y necesidades de la mayoría.
En consecuencia, el mayor reto de la sociedad actual no es hacer cultura, sino universalizar la necesidad de la cultura. Si en los próximos años conseguimos despertar inquietud cultural en la sociedad (en el sentido integral que la estamos tratando en Ortega que abarca toda la realidad humana en sus diversas características), habremos dado un paso de gigante en la aproximación de unos ciudadanos con otros en nuestro pueblo y en la armonía entre todos los pueblos.
Quienes ponen en la política el anhelo de una revolución total de la sociedad, ignoran que la única revolución posible es aquella que desde la cultura hace que se produzca un cambio de valores en la sociedad. Un cambio que lleve a las personas a abandonar el individualismo y el materialismo en que hemos caído y nos interesemos en la edificación de una sociedad más justa.
En este sentido la cultura no es una amenaza, como han creído algunos regímenes políticos dictatoriales, sino todo lo contrario, la esperanza de que la armonía social y la sensatez se asiente entre los hombres. Aquí la coincidencia del autor es también manifiesta con Ortega, quien nos ha dicho que cultura es una labor permanente de la humanidad para acercarse cada vez más a la solución de los problemas del mundo en su conjunto.
Desde esta óptica definir qué es cultura no es tarea fácil, pero con lo que hemos visto en lo que hemos dicho y continuaremos viendo después, podemos hacernos una idea aproximada. JM. Rivero adelanta esta definición consensuada por muchos autores: "un variado mosaico en el que se halla representado todo cuanto constituye nuestra forma de vida".A pesar de todo, considera incompleta esta definición y en efecto lo es. Una vez más el lenguaje resulta insuficiente para expresar todo lo que quiere decir, como vimos al tratar de la filosofía del lenguaje o la fenomenología de las palabras en el capítulo primero.
Visiblemente insatisfecho Rivero se pregunta ¿No cabría definir la cultura como el grado de conocimiento y comprensión que el hombre alcanza de sí mismo, a través del conocimiento y comprensión de cuanto le rodea? Según esta definición, la cultura supondría el acercamiento del hombre a su entorno, como paso previo a la comprensión de sí mismo y a la adopción de una actitud responsable con ese entorno, considerado no como algo ajeno, sino como parte de uno mismo (Aquí late una vez más la cultura como circunstancia de Ortega al principio de este capítulo).
Aceptando esta definición como válida la cultura deja de ser un lujo o capricho inventado por la burguesía que la sociedad se permite a partir de haber alcanzado un grado determinado de bienestar. Cultura es más que eso, es la primera y primordial de las manifestaciones humanas.
Pretender, pues, que una sociedad se desarrolle sin cultura es un absurdo y pretender que un país alcance su madurez política, social o económica sin haber alcanzado previamente la madurez cultural es un absurdo aún mayor. La necesidad de la cultura surge a partir de una doble motivación, que supone para el hombre llegar a tomar conciencia de sí mismo y de su entorno.
Pero si bien es verdad que el conocimiento del hombre por sí mismo es indispensable para su desarrollo personal, en un grado superior los desarrollos armónicos de los individuos colectivamente tomados son imprescindibles para el desarrollo solidario de la sociedad. Por lo que un punto básico del equilibrio cultural es la toma de conciencia del papel que el individuo está llamado a desempeñar en la sociedad, como parte que halla su pleno sentido al saberse integrada en un engranaje superior del que forma parte.
Ver: Ver:José Ortega y Gasset: Virtudes Públicas o Laicas
Por Francisco García-Margallo Bazago
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