La cigüeña sobre el campanario
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La blanca cigüeña,
como un garabato,
tranquila y deforme, ¡tan disparatada!
sobre el campanario.
Antonio Machado
¡Yo creo en la esperanza...!
El credo que ha dado sentido a mi vida
8. Desmitologización y recuperación de la esperanza
(Cont., viene del día 21)
Continúa Diez Alegría diciendo que "permaneciendo a la Iglesia Católica Romana en actitud activa (autocrítica y eclesiocrítica), a la luz de la fe personal, vivida, en Jesucristo y del Espíritu del Evangelio, yo me esfuerzo por permanecer en la Iglesia de Cristo.
¿Por qué me esfuerzo en permanecer en la Iglesia de Cristo?
¿Qué es, en su núcleo más íntimo, que está más allá de episodios y variaciones en plano de la historia, la Iglesia de Cristo?
Pretender responder con una noción sería falsear la cuestión. Avanzo más bien algunos pasos.
Yo creo en Jesús, el Cristo Señor. He confesado y explicado esta fe mía.
Pero, si creo en Jesús, estoy en comunión con todos los que creen en Jesús con una fe genuina. Si mi fe es genuina, yo estoy en la comunión con todos los que creen en Jesús con una fe genuina. Y esta comunión de fe es la Igesia de Cristo.
¿Cómo podría yo, que creo en Jesús, el Hijo de Dios, no esforzarme por permanecer en la Iglesia de Cristo?.
Si yo creo en Jesús y me encuentro con otro que cree en Jesús, ambos con fe personal y genuina se establecerá connaturalmente un diálogo de fe, si circunstancias o condicionamientos adversos no lo impiden. Este potencial diálogo de fe en que estamos los que tenemos una fe genuina, es tambien un elemento de nuestra comunión de fe, de "permanecer en la Iglesia de Cristo".
Otro paso más. La fe en Jesús es esencialmente eclesial.
Por eso, es imposible creer en Jesús, el Ungido de Dios, sin asumir el contenido de esa fe a la Iglesia de Cristo. Una Iglesia histórica y mistérica a la vez, en una tensión inexorablemente dialéctica.
Hacer de la Iglesia una entelequia por encima de la historia y de los hombres es minar en sus cimientos la fe pascual, que es la fe de Pedro y de los doce, que se origina en Jesrusalen, en un momento determinado de la historia, cuando Jesús resucitado "se aparece" a ellos, y
ellos "creen".
Pero, a la vez, el hecho histórico de la fe pascual de los discípulos, y de la comunión de fe. Otro paso más. La fe en Jesús es esencialmente eclesial. Por eso, es imposible creer en Jesús, el Ungido de Dios, sin asumir el contenido de esa fe a la Iglesia de Cristo. Una Iglesia histórica y mistérica a la vez, en una tensión inexorablemente dialéctica.
Pero, a la vez, el hecho histórico de la fe pascual de los discípulos, y de la comunión de fe que hace de estos discípulos una comunidad, tiene una dimensión de misterio que no puede ser reducida a términos de puro análisis
empírico del orden del conocimiento histórico-científico.
Y esa dimensión de misterio es dimensión de "exigencia", porque la Iglesia cristiana que existe en la historia debe ser una comunidad perfecta en la comunión de una fe genuina ético-profética). "Inacabamiento", porque ni es perfecta la comunidad ni suficientemente genuina la fe. Por eso la Iglesia, en la historia, es un acontecimiento rigurosamente escatológico. "Ya" es pero "todavía no" es Iglesia de Cristo.
Ya es, porque viene de la comunidad de fe apostólica, en que lo que debe ser la Iglesia se manifiesta con una relativa plenitud. Pero todavía no es, por las enormes fallas de genuidad de la fe de los cristianos a través de la historia.
Ver: José Mª Díez-Alegría, ¡Yo Creo en la Esperanza!
Desclée de Brouwer 1972