Nuestra espiritualidad



Espiritualidad

En medio de nuestro pueblo

Nuestra espiritualidad quiere ser cristiana: Seguimiento de Jesús de Nazaret, el Hijo del Dios vivo que se hace carne e historia, que asume la realidad conflictiva, que se convierte en ciudadano de su pueblo, miembro de la humanidad.

Nuestra espiritualidad debe partir siempre de la realidad y a la realidad volver, porque partimos del misterio de la encarnación y vamos siempre para el misterio de la Pascua.

El análisis de la realidad y la ´práctica son dos constantes en la Teología y en la Espiritualidad de la Liberación. Escrutar siempre las señales de los tiempos y los signos del lugar. Hoy, en este clima relajado de la "posmodernidad", "posrevolución", "posmilitancia", fácilmente se desacreditan esas constantes como hijas de una época pasada. Ya hemos analizado y hablado lo suficiente de concienciación (¡y, además de eso, el profeta Paulo Freire murió!); y lo que hoy se busca es más la realización que la realidad.

En la dramática verdad de las cosas es hoy, más que nunca, en esta "noche osucura de los pobres", bajo el imperio neoliberal, donde el análisis de la realidad, la praxis de la fe y la diaria verificación de la utopía, se imponen como imperativos evangélicos. De ellas depende la credibilidad de nuestra vida, de nuestra Iglesia, de nuestro Dios.

Creer en el Dios vivo es practicar a Dios con la vida y en la vida. Seguir a Jesús de Nazaret es proseguir su causa. Vivir la espiritualidad evangélica es cumplir el evangelio. Y esa fe, esa vivencia, ese cumplimiento existencial, son simplemente amar como "él nos amó primero". (Jo 4, 10), amar como "él nos amó hasta el extremo" (Jo 13, 1), realizar la Ley y los Profetas cumpliendo todos los mandamientos, que son dos, que son uno sólo: "Este es mi mandamiento..., el mandamiento nuevo" (Jo 13, 34), nos dejó dicho en testamento Jesús, el Señor.

Este mandamiento del amor nuevo, radical, total, abarca las esferas todas de la persona, y todas sus relaciones: es interpersonal, familiar, cultural, social, económico y político. Se practica en la Historia, en medio del pueblo, de nuestro pueblo, hoy, aquí, asumindo pascualmente -en la cruz y la esperanza- todas las consecuencias del evangelio de la parábola del buen samaritano, de las bienaventuranzas y las correlativas maldiciones, de la comensalidad subversiva de Jesús y del desconcertante juicio final.

En medio del pueblo, comunitaria, solidaria y políticamente.

Glosando la palabra emblemática PUEBLO etenderemos mejor ese mandamiento y sus implicaciones con la santidad y con la liberación.


Las bienaventuranzas
(Cont)

Felices los que muestran un corazón sincero
y limpio en su mirar:
incluso en la noche oscura
ellos verán a Dios.

Hijos del Dios de la Paz, hermanos de Aquel
que es nuestra Paz,
felices los que luchan en y por la Paz,
los constructores de la extraña Paz del Reino:
de ellos es Shalom, Axé, la Paz.

Felices todos los perseguidos
por la causa de la justicia;
en las luchas por la tierra, en el campo y
en la ciudad, en las luchas
del trabajo, en las luchas por la vida.

Felices vosotros, profetas malditos del sistema,
insultados por el orden,
insultados en los sótanos del templo
y del pretorio:
felices, alegraos, el Reino ya es vuestro.

Felices son los pobres,
mis pobres,
los herederos del Reino.


Pedro Casaldáliga


Pedro Casaldáliga, obispo
Nuestra Espiritualidad. Oraciones Para el Camino

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