Los santos que nunca serán canonizados
El día 1.de junio de 1905 se atentó en París contra el rey de España, lanzándose bombas al coche que ocupaba al lado del presidente de la República. Con respecto a este acontecimiento escribía un periódico de la capital española:
Las bombas arrojadas en París contra el rey de España no sólo no han producido el efecto que sus autores se proponían, sino que han causado víctimas en personas ajenas a las injusticias que por modo tan absurdo pretenden esos desequilibrados vengadores. La clase obrera va adquiriendo capacidad, y con ella el convencimiento de que la emancipación no ha de ser obra de locura, sino de sensatez; no de arrebato, sino de cálculo.
¿Quién escribía esta página serena y moderada?¿Algún periódico de centro o, por lo menos, socialdemócrata? Ni mucho menos, que Pablo Iglesias, el "apóstol", el "abuelo" auténtico del movimiento de emancipación de la clase obrera española.
Iglesias condenó siempre la violencia, por inhumana y por ineficaz. Cuando el 8 de agosto de 1897 Cánovas del Castilla cayó muerto por un disparo vengador, Iglesías escribía: Condenamos los crímenes de abajo tanto como los de arriba, aunque algunas veces las primeros sean corolarios de los segundos.
Aquilátese la bondad de las ideas en el terreno de la discusión y de la crítica; déjese el campo libre a la lucha pacífica y legal y no contribuyamos a convertir esta sociedad, inarmónica ya por el antagonismo de intereses, en una sangrante lucha de fieras.
Cuando a fines de 1921 Eduardo Dato caía igualmente abatido por las balas, Iglesias expresaba con mayor claridad aún su pensamiento:
La violencia por sí sola, no resolvió nunca nada, es cosa adjetiva. En España es esencialmente reaccionaria, lo mismo si la ejercen los gobiernos que si la practica el anarquismo. La fórmula salvadora es libertad y justicia. No hay otra.
Tan sincero era su acento, que cuando en el mismo año 1921 la Tercera Internacional de Moscú pretendía absorber los partidos socialistas que se habían adherido a la Segunda Internacional Iglesias no pudo aceptar las condiciones impuestas: La lucha de clases entra en período de guerra civil. Los comunistas no se deben fiar de la legalidad burguesa. Los partidos serán centralizados y sometidos a disciplina férrea, otorgando a sus organismos centrales poderes más extensos.
Iglesias era sinceramente demócrata y con él muchos miembros de la organización: esto produjo la dolorosa escisión, que tanto amargó al apóstol del socialismo español. Sin embargo, Iglesias no perdió la calma; por eso, al final del congreso "escisionista" pudo escribir: No estamos conformes con las condiciones que impone La Tercera Internacional de Moscú, pero afirmamos hoy, como lo hicimos desde el primer día de la Revolución rusa, que estamos, sí, plenamente identificados con aquella revolución...
Pero la historia dirá si no hay un principio de error al deformar la espontaneidad del movimiento de adhesión de todos los proletarios, presentándoles como signo externo de adhesión a aquel movimiento el acatamiento a una teoría y táctica concreta que, representada por las tesis y condiciones, puede ser incluso un obstáculo para el ejercicio de la obligada solidaridad con dicho movimiento.
Esto nos demuestra que Iglesias, a más de confesor, apóstol y martir (probó la cárcel muchas veces), fue también profeta de buena calidad: quizá los "comunismos" de última hora puedan reconocer en él a su abuelo natural y legítimo..
Pero quizá lo que más acredita a nuestro santo apócrifo de hoy para su inclusión en el santoral, es su absoluto despegue frente al dinero y al poder. Pablo Iglesias fue siempre un hombre del pueblo: sin dinero y sin apetencias. En efecto, siendo ya un personaje importante en la política del país, el platero Inocente Calleja, que se había convertido fulminantemente a la causa del proletariado, murió dejando en su testamento unos hotelitos de El Escorial a la esposa de Iglesias, porque de habérselos legado a Pablo, éste los hubiera vendido para emplear el dinero que le diesen en ayudar al sostenimiento del partido y del periódico.
Para Iglesias había una manda de 10.000pts, que inmediatamente pasaron a la caja del Socialista, dándose noticia del donativo, pero recatando el nombre del donante.
En 1901 ocupó Canalejas el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, y pensó crear un Instituto de Reformas Sociales, haciendo de la secrearía de él el cargo fundamental, con intento de que la desempeñara Iglesias a quien visitó. La negativa de éste fue fulminante: no aceptaría jamás otros cargos que aquellos a los que lo enviara el voto de sus correligionarios.
Queda todavía mucho por decir para completar la loa de nuestro santo de hoy; pero basta con citar la placa que el Ayuntamiento de El Ferrol colocó en la casa en que nació Pablo Iglesias:
El 18 de octubre de 1850 nació en esta casa don Pablo Iglesias Posse, apóstol y fundador del socialismo en España. Falleció en Madrid en 9 diciembre de 1925. En justo homenaje a su vida austera, al temple heroico de su voluntad y la honradez de su conducta. El Ferrol le dedicó este recuerdo en 9 de diciembre de 1927.
Ver: José Mª González Ruiz, Los santos que nunca
serán canonizados
Ed Planeta 1979