La teología de J. Ortega y Gasset

El Blog de Francisco Margallo
28 ago 2015 - 09:19

Capítulo Quinto

Ideas y creencias en la Europa moderna

Siglos XVIII-XX

(Cont., viene del día 20)

Un cristianismo vivido en la historia

Para la nueva teología política surgida en Europa al finalizar el Vaticano II, la laicidad o secularidad es algo decisivo en ella, porque sólo un cristianismo que no se presenta prioritariamente como religioso, puede asumir la referencia a la praxis que ella exige. Así su promotor, el teólogo católico Johann Baptist Metz, ha podido decir: "las tesis teológicas de la secularización y de la teología política no se suprimen unas a otras, sino que se completan y corrigen mutuamente".

La nueva teología posconciliar dispuesta a dialogar con el hombre contemporáneo asume positivamente el fenómeno de la secularización, por considerarlo dentro del dinamismo encarnatorio del cristianismo. Así lo hace la obra emblemática de Metz, Teología del mundo, que trata de la comprensión del mundo en la fe a propósito del fenómeno de la secularización. Pero no sólo él, hay teólogos que la defienden con mayor ímpetu.

Así el franciscano francés Herve Chaigne habla de politización de la fe como cristianismo vivido en la historia o "cristianismo secularizado". El ve en la secularización de la sociedad actual como el trampolín que nos da la oportunidad de saltar del cristianismo platónico intemporal a un cristianismo vivido en la historia de los hombres. De lo contrario, "Dios, Jesucristo, la Iglesia, la salvación corren el riesgo de no ser más que palabras de una vieja tribu".

Es más, siente la necesidad de que el cristiano sepa hacer la conjunción entre la acción política que le constituye como hombre y como ciudadano con los objetos de la fe, los cuales clarifican y corroboran lo que es verdaderamente según esta acción política.

Las consecuencias políticas que se derivarán de aquí es que, en lo sucesivo, el mismo credo cristiano será leído de manera muy distinta, es decir, más humana e intramundanamente. Ahora bien, esto no significa diluir el cristianismo en un humanismo progresista, porque de lo que se trata es de "llevar de nuevo el cristianismo a la verdad histórica, contestándolo desde el interior por el movimiento social y por la dialéctica histórica concreta, a fin de que se abra a la verdad de los hombres en pie".

Por tanto, el lenguaje evangélico de ningún modo se sitúa al margen de la historia y de los problemas que grades sectores de la humanidad tienen que soportar, sino que clama por la justicia, por la defensa de los derechos humanos y la abolición de todas las formas de esclavitud existentes.

El cristianismo será rescatado de la falsa religiosidad que le infundó la metafísica, cuando en la confesión de fe, en la teología y la comunudad eclesial se despierte una auténtica inquietud social. Lo importante, pues, es optar por un cristianismo que interfiera en las realidades económicas y políticas de la vida, frente a un cristianismo cuya trascendencia se muestra en desequilibrio con la historia y no hace sino consagrar y eternizar el orden establecido .

También en su reflexión sobre la secularización Moltmann refiere cómo en el siglo XIX decía el protestantismo: "la fe cristiana es la verdadera religión. Después de Marx y Freud ha dicho Karl Barth: la religión es superstición; la fe no es religión.

Hoy buscamos en el Occidente cristiano desarrollar una relación crítica con los fenómenos religiosos, porque en ellos se unen siempre superstición e idolatría con auténtica inquietud religiosa. Cualquiera que se mire a sí mismo críticamente sabe que en su vida religiosa se mezclan angustia y confianza, que la fe y la superstición quedan muy cercanas .

En definitiva, la teología política se ha hecho eco de la ola de secularización que envuelve hoy al mundo y la asume con serenidad, porque la considera como como una especie de "ateísmo cósmico", contraria a la numinosa o sacra del mundo antiguo y con una clara impronta cristiana. Entre los valores de la secularización que hoy más apreciamos se encuentra en haber tomado conciencia de que el centro de la verificación de la fe está en la atención que le prestemos al hombre, imagen visible del Dios invisible(Mt 7, 21; 1 Jn 4).

Gráficamente diríamos que la secularización ha tenido el acierto de hacernos valorar más los templos vivos de Dios de carne y hueso, que los templos de piedra muertos. El hombre secularizado de nuestdro tiempo no teme pasar de largo de ellos, pero cada vez se muestra más solícito a levantar al hombre caído, como el buen samaritano. Los movimientos actuales de reivindicación de los derechos fundamentales del hombre son el mejor testimonio.

El mismo fenómeno secularizador que envuelve hoy al mundo está pidiendo desde el humanismo cristiano una educación para la ciudadanía política de los europeos. Para dar el paso de un cristianismo creído en la mente a un cristianismo vivido en el discurrir de la historia de cada día en el mundo secular o laico.

Ortega nos propone en el próximo capítulo una pedagogía social vertida en moldes políticos, porque la realidad que hemos de afrontar los ciudadanos en general y también los cristianos es una realidad política, que no podemos eludir sin abdicar de nuestra condición ciudadana y cristiana, como sostiene la teología posconciliar y del mismo Ortega.

Ver: Francisco G-Margallo: Teología de J. Ortega y Gasset. Evolución del cristianismo, Madrid 2012

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