21 dic 2024

NAVIDAD in itinere

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Toño Martínez, un amigo poeta que trabaja en Zurich como limpiador, me escribe hoy un mail titulado Navidad in itinere (en camino):

“En mi trabajo de limpieza me suelo desplazar de distintas maneras: coche, andando, tranvía, tren.... Suelo preferir el transporte público si la prisa no impone su ritmo. Y si el día nos sonríe, a pie se descubren un montón de matices.

¿Y esta Navidad, qué? Desde hace tiempo la mayoría de las luces me sobran y prefiero los matices tintineantes de una vela. El amasijo de luces simulando un gran paquete de regalo en un centro comercial de Zürich NO ES NAVIDAD”.

El amigo Toño acompaña sus observaciones citando poemas:

"Es Navidad desde finales de octubre. Las luces se encienden siempre antes, mientras que las personas son cada vez más intermitentes. Yo quiero un diciembre con las luces apagadas y con las personas encendidas" (Charles Bukowski)

“La vida está hecha de días que no significan nada y de momentos que significan todo” (Cristina Peri Rossi)

Intento fijarme cuando viajo por motivos laborales en otros currantes como yo que van llevando sus esperanzas y cansancios consigo a la carrera. Y recuerdo un poema de P. Aguirre al cruzar nuestras miradas:

[…] ellos poseerán la tierra Los fieles, los constantes, los condenados a lo eterno, los asombrados de una sola vez, los que solo confían en el miedo, los que edifican sobre el desengaño, los cuidadosos que cosechan pasos, los fareros de la rutina, los cómplices tenaces del trabajo, los que se mueren razonablemente, esos que en tantas ocasiones desearían con urgencia que hubiese un dios al que pedir socorro” (Paca Aguirre)

Toño Martínez Zurich, 20 de diciembre 2024

www.josearregi.com

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10 oct 2024

Ante el horror de Gaza, un año después

La 'blasfemia' en Gaza

"¿Cómo han llegado Israel y Palestina a convertirse en parábola trágica de la desgracia que desgarra a la humanidad entera?"

"¿Cómo seguís creyendo que una divinidad suprema veleidosa os concedió a cada uno en exclusiva la misma tierra de todos?"

"¿Cómo os habéis vuelto tan insensatos para no reconocer que el destino de un pueblo se juega en el destino del otro, tan ciegos para no ver que no habrá esperanza y respiro para el uno sin esperanza y respiro para el otro?"

"La masacre del 7 de octubre del 2023 no os salvó, os hundió más todavía. Me resulta duro decirlo, pero pienso que Hamás es el mejor aliado de Netanyahu en el camino al desastre final de sus respectivos pueblos"

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04 oct 2024

A los padres sinodales

Sínodo de la Sinodalidad

"Os hablo con todo respeto y libertad. Y si alguna expresión fuera demasiado severa, os pido disculpas"

"Me he preguntado si debía dirigirme 'a los padres y a las madres sinodales' … pero no veo paridad alguna… Aun cuando hubiera 314 mujeres, la última palabra la dirá un varón 'consagrado', el papa Francisco"

"El Sínodo, por sistema, lleva inherente la impronta 'sacerdotal' masculina, y no hay visos de que este Sínodo vaya a eliminar esa raíz clerical, a pesar de su nombre redundante ('Sínodo de la sinodalidad'), a pesar de la retórica…"

"Hoy evoco el 'tránsito' (la muerte, el paso a la Vida) de Francisco de Asís. No quiso ser señor ni rico, ni clérigo ni monje … Permitidme, pues, que os salude y os hable con el respeto y la libertad y las palabras que le gustaban al Hermano Francisco"

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12 jul 2024

El Sínodo en un callejón sin salida: El clericalismo sigue intacto y cerrado

Clericalismo

"La Iglesia institucional seguirá repitiendo viejos moldes vacíos, formas y palabras sin alma ni vida"

"En ningún momento reivindica, ni siquiera sugiere, la abolición – indispensable y posible – del vigente modelo clerical, piramidal, autoritario, patriarcal de la institución eclesial"

"Es la jerarquía la que elige a la jerarquía y se considera a sí misma como elegida por Dios. Se cierra en círculo"

"No hay mejor reflejo ni peor efecto del clericalismo sacralizado e inamovible que el lugar y el papel que se reconoce a la mujer en la Iglesia"

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22 jun 2024

¿Excomulgar a hermanas clarisas en 2024?

Las 10 clarisas que podrían ser excomulgadas

"Párese esta parafernalia canónico-eclesiástica, que parece inspirada en historias medievales"

"Que el papa y su comisario y el sistema católico, en los tiempos que corren, utilicen primero la amenaza de la excomunión y la apliquen luego con gesto grave y fingiendo pesar no deja de ser grotesco"

"Dejen vivir en paz a las hermanas clarisas de Belorado, con sus opciones y sus opiniones doctrinales, aunque nos parezcan anacrónicas, absurdas y erradas"

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20 jun 2024

En memoria agradecida de Jürgen Moltmann (1926-2024)

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Rindo mi humilde homenaje de gratitud a Jürgen Moltmann, fallecido el pasado 3 de junio. Es uno de los teólogos que más han alentado mi camino y mi reflexión personal desde finales de los años 80.

Honro su teología guiada por las heridas, los peligros y los dramas del mundo, enteramente orientada por el compromiso con las víctimas de la historia, por la llamada política, por la llama liberadora. Su primado de la esperanza despierta y activa, inspirada y resistente, perseverante, transformadora.

Celebro su reflexión familiarizada con el saber científico y con la sabiduría mística universal, judía y cristiana en particular. Su escritura marcada por la hondura del pensamiento –no siempre fácil de seguir–, por una entrañable sensibilidad humana y por una sugestiva imaginación poética. Su fidelidad a la Tierra, viviente comunidad de vivientes. Su profunda espiritualidad política y ecológica, una espiritualidad de la tierra, del cuerpo, del eros.

Hago enteramente mía su visión admirativa y holística del universo –en lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño– en cuanto realidad abierta, interrelacionada, evolutiva, inacabada, en permanente proceso de creación, una realidad sin cesar creada y creadora, repleta de inagotable potencialidad.

Ya no hago mías algunas de las ideas que él ha desarrollado a lo largo de los años y que dejaron de resultarme razonables. Por ejemplo: su uso de la categoría “expiación”, o sus largas y reiteradas disquisiciones sobre el Dios sufriente, sobre las relaciones trinitarias entre Padre, Hijo y Espíritu Santo a partir de la cruz, sobre la historia del abandono y del sufrimiento en el interior de Dios. Me quedo con lo que me evoca todo ello, más allá de lo que dice en su literalidad. Lo mismo le pasó también a él con muchas de las ideas teológicas propias o ajenas, como es inevitable. Forma parte de nuestro lenguaje y pensamiento, siempre histórico, fragmentario y provisional, abierto como la realidad universal.

De su imagen del Misterio o de la Presencia fontal y fundante –una imagen fundamentalmente teísta, alejada de Bonhoeffer, Tillich y otros, a quienes no siguió–, me quedo con su metáfora de Dios como Shekina, como presencia divina que acompaña a su pueblo exiliado, figura de todos los pueblos exiliados, errantes y sufrientes. Me quedo con su confesión de Jesús como “Mesías en camino”, como Cristo cósmico y espiritual aún inacabado en la historia, una confesión que constituye una llamada a la “cristopraxis”. Me quedo con su inspirado e inspirante amor a la Ruah, al Espíritu o al Aliento vital, energía, verdor y vitalidad de todos los vivientes. Me quedo con su horizonte panenteísta (inhabitación de todos los seres en Dios), o diría más bien teoempantista (inhabitación de Dios o del Aliento en todos los seres). La “Trinidad” la entiendo como una metáfora de la interrelación dinámica y creadora de todo con todo.

Por eso, de todas sus numerosas obras, algunas voluminosas, me quedo con tres libros muy pequeños en los que está todo sin que sobre nada: Cristo para nosotros hoy (Trotta, 1997, original alemán de 1994), El Espíritu Santo y la teología de la vida (Sígueme, 2000, original alemán de 1997), Pasión por Dios (Sal Terrae, 2007, original inglés de 2003, escrito a medias entre Jürgen Moltmann y su esposa y teóloga feminista Elisabeth Moltmann-Wendel: 3 breves capítulos de él y 3 de ella, en una armonía no exenta de diferencias reveladoras).

No encuentro mejor manera de honrar a J. Moltmann que dejarle hablar a él, pero también a su esposa Elisabeth Wendel. Es un placer.

“La teología debe estar dispuesta a introducirse en las distintas y nuevas condiciones del mundo para transformarlo, por su parte, a favor de la paz, la justicia y la vida en el conjunto de la creación” (¿Qué es teología hoy?, p. 139).

“El reino de Dios es el amplio espacio en el cual ya no hay asedio. (…). El reino de Dios es el tiempo cumplido, el momento al cual se le puede decir: ‘Detente, eres tan hermoso’, pues de hecho se detiene y no tiene fin. El reino de Dios es Dios que ha llegado a su descanso, que habita en su creación y hace de ella su morada” (Cristo para nosotros hoy, pp. 24-25).

“Las leyes sociales y la organización del sistema de salud deben medirse de acuerdo al peso con el que carguen los pobres y al alivio que se les proporciona a los enfermos. Quien quiera reconocer el grado de humanidad de una sociedad, debe visitar también las cárceles. Con los ojos del Cristo crucificado, se ve la sociedad, por así decirlo, ‘desde abajo’ ” (Cristo para nosotros hoy, p. 26).

“En la respiración vivificadora y por medio de la palabra que da forma, el Creador canta a sus criaturas en los sonidos y los ritmos en los cuales tiene su gozo y su satisfacción. Por eso existe algo así como una liturgia cósmica y una música de las esferas” (Cristo para nosotros hoy, p. 81).

“La santificación tiene que ver con la salud, y la salud, con el ser feliz. (…). La vida es santa cuando llega a ser sana e íntegra” (El Espíritu Santo y la teología de la vida, p. 68).

“Es necesario un espacio vital en torno a nosotros. También esto es una experiencia del Espíritu Santo; el corazón se nos ensancha porque experimentamos un ancho espacio en torno a nosotros. (…). También los seres humanos se dan un espacio vital si se abren recíprocamente en el amor y se dejan unos a otros participar en la propia vida. Amar significa también dar el propio tiempo, reconocerle al otro su propio lugar, ejercer mutuamente la paciencia, porque uno se interesa de verdad por el otro” (El Espíritu Santo y la teología de la vida, p. 108).

“La totalidad de la creación, que yo aquí llamo ‘comunidad de la creación’, está sostenida por el aliento del Espíritu de Dios. (…). De esta visión del Espíritu de Dios en todas las cosas y de la preparación de todas las cosas para morada de Dios se deriva una veneración cósmica de Dios y una veneración de Dios en todas las cosas” (El Espíritu Santo y la teología de la vida, pp. 143-144).

“En el amor experimentamos la vitalidad de la vida y la mortalidad de la muerte” (La venida de Dios. Escatología cristiana, p. 86).

“El redescubrimiento del personaje de María de Magdala, no cargada de sueños y visiones de la maternidad, como el de María la madre de Jesús, podría convertirse en modelo de un nuevo liderazgo en el cristianismo: una mujer independiente, libre de responsabilidades familiares y matrimoniales, caracterizada menos por la edad que por la amistad y la capacidad de crear un nuevo estilo de relación. Las mujeres están hoy redescubriendo ese amor de Dios y ese amor a Dios. Ese amor, mostrado en imágenes y narraciones como el poder del eros, como poder erótico, es más que el poder del ágape, ese estático, satisfecho y controlable modo de relación por el que se decidió el cristianismo. En su lugar, eros muestra la desbordante plenitud de Dios” (Elisabeth Moltmann Wendel, Pasión por Dios, pp. 56-57).

Aizarna, 20 de junio de 2024

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26 may 2024

La fe radiante de Dietrich Bonhoeffer (y IV)

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Rose-Marie Barandiaran : Nuestra labor como seres humanos, según Bonhoeffer, "no es un problema religioso: es vivir las alegrías y los sufrimientos tras las huellas de Jesús. Interiorizar, cuestionar nuestra conciencia moral, huir del individualismo y de la autosatisfacción que ofrecen las obras piadosas y la búsqueda de la salvación". "Nuestra obra de hombres es la fe". ¿Cómo debemos interpretar esta afirmación?

José Arregi: Lo resumiría diciendo: para Bonhoeffer, el ser o el destino último, verdadero, del mundo y de la humanidad es vivir la vida y asumir el destino de Jesús, de “Cristo”. Pero también cabría decir a la inversa, aunque el pastor teólogo no propuso explícitamente esta formulación invertida: el ser y el destino de Jesús o del “Cristo” consistió en realizar y dar cumplimiento al ser y al destino del mundo, al ser y al destino del ser humano en el mundo. Ser “mundo” consiste en ser en relación, formar un único cuerpo armónico en devenir religado. Y ser “humano” consiste en ser hijo e hija, hermana y hermano, en hacerse prójimo, en recibir y darse, y en encontrar así la salud y la salvación, la bienaventuranza o la dicha de vivir. Cosmología, antropología, cristología, teología… no se refieren a realidades yuxtapuestas ni a capas superpuestas; se refieren a una única Realidad con Alma. Y esta Realidad, de por sí, no tiene nada que ver con religión alguna: con credos, cultos, espacios y personajes “sagrados”, espíritus, dioses, cielos ni infiernos del más allá…, creaciones culturales humanas todas ellas, para bien y para mal

Observo de paso: para Bonhoeffer, la diferencia entre el Jesús histórico y el “Cristo de la fe” no tiene relevancia. Para muchos cristianos y teólogos de hoy, entre los que me cuento, “Cristo” es, independientemente de la literalidad de los dogmas cristológicos, el nombre tradicional cristiano de la plenitud humana liberada, es más, el nombre de la Creación liberada en la fraterno-sororidad universal de los vivientes y de todos los seres; en cuanto al hombre particular Jesús de Nazaret, es la semilla y el anticipo, el testigo o mártir y profeta precursor, no único ni perfecto, de la plenitud crística, horizonte de nuestra vida.

Pues bien, ser “Cristo” significa para Bonhoeffer (y para mí) “ser para los demás”, o diríamos, mejor, ser inseparablemente desde, por, con y para los demás, todos los seres. Y conlleva darse hasta morir. Y en eso mismo consiste en última instancia ser persona humana, o bonobo, petirrojo, gusano, agapanto, agua, bosón, estrella, galaxia o agujero negro… Ser desde, con y para y darse hasta morir: eso es lo que hizo Jesús, aunque no fuera perfecto. Se dio y fue crucificado. Pero morir por darse es vivir, es resucitar a una vida que no muere, a la Vida que late en todo cuanto es, desde la partícula a las galaxias (o incluso universos) sin fin. Como Jesús. Como todos los vivientes, como todos los seres que forman un único cuerpo cósmico: el mundo.

El “trabajo” o la “misión” del cristiano es vivir las alegrías y los sufrimientos de la vida humana en el mundo con Jesús, como Jesús. Pero también a la inversa: el “trabajo” o la “misión” del Jesús particular o del “Cristo universal” es gozarse de las alegrías humanas y cargar con las tareas y dolores humanos, vivir cargado con el peso del mundo y animado por la “materia” que es en el fondo pura energía, que no sabemos qué es ni de dónde viene, pero de la que emergen constantemente nuevas formas de ser y de vida. En eso consiste la “mundanidad” o la “intramundanidad” de Dios.

Nuestra tarea cristiana es una y doble, dice Bonhoeffer: “orar y hacer justicia”, y ambas tareas son “mundanas”. No son dos tareas ni actividades paralelas y consecutivas. Orar no es dirigir oraciones a una divinidad para que nos ayude, ni es refugiarse dentro de sí. Orar es respirar y ser a fondo, expresar y desplegar a fondo nuestro ser, encontrarse a fondo consigo y con todo, con y en el Corazón del todo, con y en la justicia y la paz de todo. Hacer justicia no es mera acción, es obrar y vivir encarnando arriesgada y libremente, solidaria y gozosamente, nuestro ser profundo y verdadero, la inspiración profunda de nuestra fuente interior. En eso consiste el “cristianismo arreligioso”.

Nuestro “trabajo humano es la Fe”, pero la fe no tiene que ver con creencias, sean religiosas u otras. Es la confianza en esa inspiración que emana de lo más hondo del mundo, que permite vivir a fondo –en un marco religioso o no religioso, pero más allá de todo marco– nuestras tareas y fiestas, éxitos y fracasos, alegrías y sinsabores, certezas y perplejidades, y “arrojados en los brazos de Dios” con “Dios” o sin “Dios”.

R.M.B. : Jesús será "el último" y "sus palabras no pasarán". Nos queda por vivir lo "penúltimo", y podemos comprobar lo difícil que es hoy ese tiempo, y lo probable que es que siga siéndolo.

"No olvidar nunca que somos terrenales, y que la muerte y la resurrección están ya presentes en nosotros", como testimonió Bonhoeffer hasta su último aliento.

J.A.: “Último” y “penúltimo”… Son categorías que valen para situar los objetos o los sucesos, o a nosotros mismos, en las coordenadas espacio-temporales del mundo: la penúltima casa de la calle, el último día del mes… Si estas coordenadas no son aplicables ni siquiera a la realidad infra-atómica, a las partículas atómicas, ¡cuánto menos a eso que constituye nuestro ser profundo, que es uno con el ser profundo de todos los seres! Lo último se vive y se juega en lo penúltimo, en el espacio y el tiempo de nuestra historia, en nuestra forma terrestre, pero no está delimitado por el espacio y el tiempo. Nuestro ser profundo es eterno.

Eterno en esto que llamamos tiempo y espacio, nuestro mundo visible. La eternidad no significa que dura sin fin, ni lo que comienza después del tiempo. La vida eterna es la vida en bondad feliz, la vida como gracia de recibirse y darse. La vida que no nace ni muere. La “vida divina” en todo, la vida verdaderamente humana o el aliento o el espíritu cósmico de la vida. Los cristianos la llamamos la vida crística, y la celebramos encarnada en la figura de Jesús, hombre particular y símbolo crístico universal a la vez.

Dar la vida en nuestra finitud abierta al infinito, en medio de nuestras miserias y grandezas, gozos y penas: en eso consiste la resurrección. Resucitamos en vida, como Jesús resucitó en su vida libre y dada, en su compasión sanadora, en su comensalía abierta, en su libertad solidaria. La vida es transformación incesante, en cada latido y respiración. Cuando cesan los latidos y la respiración, se culmina la transformación incesante en que consiste la vida en su forma terrestre, y se abre a la gran transformación: el aliento se hace uno con el Aliento, la vida con la Vida. La llamamos muerte, pero es la pascua, el paso final de esta forma que somos hacia la Plenitud sin forma en todas las formas, en un proceso que se extiende de lo que llamamos materia-energía a lo que llamamos vida en todas las formas de vida. Un proceso que es a la vez terrestre y cósmico, y en su fondo transciende las medidas estrechas del espacio y del tiempo. Cada día es el principio de la creación y el fin del mundo regido por el poder injusto. Materia sintiente, viviente, amante, caminamos en la gran comunión cósmica hacia el Amor, hacia la plenitud de la Vida más allá de los límites de nuestro amor herido, de nuestra vida limitada.

Un testigo de los últimos momentos de Dietrich Bonhöffer cuenta que sus últimas palabras, en el patio del campo de concentración de Flossenbürg, mientras se dirigía desnudo a la horca a sus 39 años, fueron: “Este es el fin; para mí, es el principio de la vida”.

R.M.B. : La última palabra para el teólogo …

Nadie, ni Dietrich Bonhoeffer, tiene la última palabra, aunque a todos nos llega un momento en que dejamos de ser dueños de nuestro aliento y cesa nuestra voz, que sigue sonando en todas las voces. El último aliento que el profeta mártir entregó prematuramente inspira nuevas palabras que prolonguen la profecía de su martirio.

¡Qué poco duró la voz de Dietrich! ¡Ojalá hubiera prolongado su vida y hubiera podido seguir desarrollando su discurso teológico durante las décadas de los 40 a los 90 del siglo XX, cuando Europa en masa emprendió el camino de la superación de una espiritualidad y de un cristianismo anclado en unas categorías religiosas ininteligibles e inservibles! Un camino que el resto de los continentes también recorrerán más pronto que tarde. En mayo de 1944 escribió: “Las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer”. A él lo enmudecieron, pero el eco de sus palabras y de su silencio continúa resonando. Y a nosotros y a los que nos sigan –si hay quien nos siga– nos toca prolongar su testimonio martirial, su oración y su labor por la justicia más allá de la palabra, pero también su palabra, su reflexión teológica. A nosotros nos toca arriesgar nuestra propia palabra siempre penúltima.

Llevamos muchas décadas de retraso después de las últimas palabras de Bonhoffer que, a su vez, quiso recuperar siglos de retraso de la Iglesia que se dice seguidora de Jesús, y apuntó más allá de la religión y de la imagen teísta tradicional del Misterio último y fontal. Karl Barth, el teólogo referente más descollante e influyente de las Iglesias protestantes de los años 40 y 60, se sintió desconcertado por la teología del último Bonhoeffer, por su apelación a un “cristianismo arreligioso”, se pronunció contra él y contra unos pocos que se atrevieron a tomar su relevo (Harvey Cox, Vahanian, Robinson, Van Buren, Altizer, Hamilton, Tillich…). Las Iglesias, tanto las protestantes y anglicanas como la católica y la ortodoxa, se abrieron a ciertas reformas institucionales, pero siguieron aferradas a los significados tradicionales de los dogmas fundamentales.

Este camino ha fracasado ya o fracasará. La fidelidad a la Tierra, al Evangelio de Jesús y al testimonio de Bonhoeffer, exige una transformación más profunda que ninguna otra que se haya dado en la historia del cristianismo, salvo aquella transformación que llevó al movimiento de Jesús a convertirse en religión patriarcal, clerical e imperial. El Evangelio, la humanidad, la Tierra y el eco de las palabras del pastor teólogo exigen reinventar un “cristianismo arreligioso” en un mundo arreligioso: reinventar a Dios más allá del teísmo; redescubrir a Jesús como Cristo más allá del significado literal de los dogmas; reaprender a leer toda la Biblia y su inspiración más allá de la letra; reimaginar una Iglesia más allá de todos sus pilares religiosos, patriarcales, clericales.

Tal vez sea ya demasiado tarde para emprender esa radical revisión teológica e institucional y para que las Iglesias, “orando y haciendo justicia”, sean realmente fermento de un mundo nuevo. Ya no poseen la masa social necesaria para ello. Pero, a corto y medio plazo, no veo otra alternativa para lo que vaya quedando de las comunidades cristianas: o intentarlo o resignarse a convertirse en gueto cultural y reliquia de museo. En cualquiera de los casos, el Aliento de la Vida seguirá animando el corazón de la Tierra, de la humanidad, del universo entero.

(Fin)

Rose-Marie Barandiaran – José Arregi

Toulouse – Aizarna, 2022

(Publicado en GOLIAS Magazine 211, julio-agosto 2023, pp. 29-34)

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17 may 2024

La fe radiante de Dietrich Bonhoeffer (y III)

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Rose-Marie Barandiaran: ¿No es gracias a la retirada de Dios” que el hombre se deja alcanzar por él? ¿Por qué entonces le invocamos en nuestros dramas?

¿Por qué separamos lo profano de lo sagrado? Jesús no era un sacerdote. Era simplemente humano. Si nos tomamos en serio los sufrimientos de Dios, si velamos con Jesús en Getsemaní, ¿nos ayudará eso a ser y seguir siendo cristianos?

José Arregi: La metáfora del “retiro” o del “retraimiento” es muy evocadora. Pero no podemos entenderla ni en el sentido teísta ( “Dios”, una vez creado el universo, se retira de él, y solo interviene ocasionalmente: milagros, revelación, encarnación…), ni en el sentido deísta (“Dios”, una vez creado, se retira del todo y se vuelve un “Dios ocioso”, pasivo, idea que se encuentra ya en Aristóteles y culmina en el deísmo ilustrado de Voltaire, Rousseau y Montesquieu). La metáfora del “retirarse” de Dios habría que interpretarla más bien en el sentido del tzintzum de la Cábala judía: la creación significa que el Infinito se retira o se “estrecha” como la madre que dentro de sí “hace sitio” a la criatura que crece dentro de ella. Esta idea la han desarrollado en nuestros días autores como, por ejemplo, el rabino Marc-Alain Ouaknin, el filósofo Hans Jonas (cuya madre desapareció en Auschwitz) y el teólogo Jürgen Moltmann. Es revelador que el término hebreo bará, utilizado por el relato del Génesis para decir “crear”, significa “separar”. Crear significa “separar”, en el sentido de hacer sitio… dar lugar. “Dios crea el mundo como el mar la playa: retirándose”, escribió el poeta Hölderlin.

Pero esta imagen del retraimiento divino fácilmente evoca todavía una imagen dualista, pues la madre y el niño, como el mar y la playa, son dos. Dios y mundo no son dos (ni uno formado de dos partes, ni “uno y lo mismo” en contraposición a dos). Dios es –no podemos utilizar sino unas pobres metáforas– el Corazón de todo lo que es, el Fondo, el Fuego, el Aliento que inspira, la creatividad que todo lo mueve y relaciona… No tiene, pues, sentido, “rezar” para que “Dios” acuda a socorrernos. Cuando nos volvemos al fondo de nosotros mismos y nos inclinamos compasivamente haciéndonos prójimos de la persona herida, entonces realizamos lo divino que somos, Dios se manifiesta y crece como lo mundano y humano más profundo, como la posibilidad mejor del mundo. Dios no es alguien que pueda acudir a socorrernos, sino nuestro fondo mejor, lo profundo y más real de nuestro ser, que podemos ir despertando. Así es como oraba, por los mismos años y en circunstancias similares a las del teólogo Bonhoeffer, una agnóstica mistica, Etty Hillesum, 8 años más joven que él: “Tú no puedes ayudarme, pero yo te ayudaré, Dios mío. Y será la forma de que tú me ayudes”.

RMB : Intento comprender: el Dios infinito (¡y plural!) se contrae para hacer sitio a la creación, hace el vacío, lo que me hace pensar en : "la tierra era tohu y bohu, una oscuridad sobre el abismo, pero el soplo de Elohim se cernía sobre la faz de las aguas". Gen 1:2

Podríamos añadir: el movimiento de las olas se preparaba para acoger "la alteridad del mundo". Cuando Dios se retiró, dejó tras de sí algunas emanaciones de su luz, que podrían ser elementos de misericordia a los que podríamos agarrarnos para construir un mundo mejor. El hombre no es intrínsecamente bueno, pero puede llegar a serlo, es una elección. Esta versión me parece más interesante que la del pecado original y da un nuevo sentido a la crucifixión de Jesús...

J.A.: La realidad, toda ella, es divina, en todo aquello que la realiza para el bien común. Jesús fue divino en su humanidad compasiva, solidaria, comprometida. Cuanto más humanos somos, más divinos (libres y buenos, buenos y felices, sanos y salvos) nos volvemos.

Por eso, el “sufrimiento de Dios” del que habla Bonhoeffer no podemos entenderlo como sufrimiento de un “Dios” distinto y extrínseco al mundo; sería volver incurriendo así en un burdo teísmo dualista. El “sufrimiento” de Dios es el sufrimiento del mundo en su centro o su corazón –hecho de poder y de paciencia, de esperanza activa, de acción movida por el aliento–, el sufrimiento del mundo en busca de su plena realización común.

Así es como entiendo la vida de Jesús, imagen y anticipo (no único ni perfecto) del Cristo cósmico en devenir en todos los seres. Esto nos lleva más allá del teísmo y del deísmo, pero también más allá del ateísmo positivista .

R.M.B.: Hubo un tiempo en que la Iglesia era todopoderosa en casi todos los ámbitos. Hoy, ¿qué haría falta para que el discurso de la Iglesia sonara a verdad?

Según Dietrich, "el poder va en contra de la conversión y la purificación".

¿No hay otras formas de vivir con sabiduría y bondad?

J.A.: Bonhoeffer se preguntó siempre, y sobre todo en sus dos años de prisión, sus últimos años, acerca del lugar de la Iglesia en un mundo arreligioso, y acerca de la forma que debiera adoptar en este mundo. Es decir, sobre la forma de la Iglesia llegada a su “edad adulta”. Cuando llegue, afirma, “el rostro de la Iglesia habrá cambiado por completo”. Pero tampoco tuvo tiempo para concretar y sistematizar los rasgos de ese rostro adulto de la Iglesia. A pesar de ello, los criterios fundamentales para caminar hacia esa realización adulta son claros. Por ejemplo:

1) Que deje de considerarse “privilegiada en el plano religioso”, que “pertenezca plenamente al mundo”; 2) Que no se presente como mediación necesaria entre Dios y la sociedad, la humanidad; 3) Que cese de predicar la necesidad humana de Dios para así reafirmar la necesidad de sus servicios religiosos; 4) Que no busque su lugar allí donde fracasa la humanidad, sino “en medio de la aldea”, como Jesús, allí donde se juegan los gozos y los dramas, las fiestas y las luchas de la gente; 5) Que no ofrezca doctrinas, creencias y normas, y cuánto menos con pretensión de poseer el monopolio de la verdad y del bien; que, por el contrario, ofrezca una humilde palabra y testimonio sobre la Palabra de la reconciliación, de la misericordia, de la liberación, e infunda así inspiración y alma para vivir; 6) Que hable de Dios de otra forma, “mundanamente”; 7) Que no se ocupe de su propia autoconservación como institución, sino de su profunda transformación, y sobre todo de la profunda transformación del mundo; 8) Y la primera condición: que abandone el registro del poder, del dominio, de la superioridad; que, para ello, haga desaparecer en su organización interna todo vestigio clerical y jerárquico (que no faltan en las iglesias protestantes y anglicanas, aunque sean mucho más leves que en las Iglesias católica romana y ortodoxa).

Tales criterios de fondo plantean preguntas que el joven teólogo encarcelado y ejecutado no pudo abordar teórica ni prácticamente, por ejemplo: en un mundo sin religión y en un “cristianismo arreligioso”, para unos cristianos "arreligiosos” y “mundanos", ¿qué podría significar, qué objetivo podría proponerse todavía, qué forma concreta podrían adoptar la comunidad eclesial, la parroquia, el templo, la predicación, la liturgia…? ¿Debería acaso desaparecer todo espacio comunitario para la oración y la reflexión, o todo espacio personal para la interioridad y la meditación inspiradas por la tradición cristiana de impronta “religiosa” y “teísta”? Son cuestiones vivas que se nos plantean todavía hoy, pues el cristiano es una persona social y toda comunidad viva, como todo viviente, necesita una forma. No son las cuestiones más importantes, pero no son desdeñables para muchas cristianas y cristianos en transición hacia una tierra desconocida para las religiones tradicionales.

R.M.B. : ¿De qué debe vivir la Iglesia para ser testigo auténtico del mensaje del que es depositaria? Dietrich llega incluso a decir que "la Iglesia es realmente Iglesia cuando ayuda a los no religiosos". "Cristo puede ser el señor de los no religiosos!”

J.A. : Se me presentan preguntas y perplejidades similares a las que acabo de formular: ¿de qué y para qué debe vivir la Iglesia en un mundo mayor de edad, “arreligioso”? Ni ella misma puede ya seguir creyendo en un “Dios tutor”, ni profesando creencias hoy absurdas, o practicando extraños ritos medievales o milenarios, ni secundando normas morales obsoletas (por ejemplo en el campo del género y de la orientación sexual, de la sexualidad en general, del origen y fin de la vida…). Nada de eso puede ofrecer si quiere ser sal, levadura, aliento para la inmensa mayoría de las mujeres y hombres de hoy alejados de esas creencias y prácticas religiosas. Dietrich Bonhoeffer escribió con razón que la religión (creencias, ritos, códigos) no es más que es un ropaje histórico, cultural, prescindible.

Las cristianas y los cristianos de hoy, a título individual y comunitario, deberán dejar toda letra que mata y vivir del espíritu, que es respiro, amplitud, vida. Vivir la gracia y la liberación del Evangelio de Jesús releído en nuestros lenguajes y paradigmas de hoy. Y de lo que viven ellas/ellos mismos deberán ofrecer a todos los demás – cristianos o no cristianos, religiosos o no religiosos, indistintamente –, y ello por pura responsabilidad y sin sentimiento alguno de superioridad sobre nadie. Recibiendo de los demás y ofreciendo a los demás espíritu, vida, aliento, inspiración para una transformación personal y política profunda. Está en juego la vida común de la humanidad y del planeta.

Para ello, la Iglesia puede y debe prescindir de todo lenguaje y de toda forma religiosa que hoy carezca de sentido, allí donde carezca de sentido. Pero, en principio, no hay por qué desdeñar ninguna fuente de inspiración, religiosa o laica –tampoco, por lo tanto, la fuente cristiana–, pues la inspiración profunda y el agua son las mismas. El Espíritu alienta en todos los seres. A uno puede inspirarle el gregoriano o Bach, a otro el jazz o Dalida.

¿Deberá la Iglesia despojarse de los evangelios, de sus “mitos” fundacionales (el Cristo sanador, la Cena pascual, la Cruz solidaria, la resurrección del Crucificado, el Pentecostés universal…), de todas sus escrituras, símbolos y ritos? No necesariamente. Bonhoeffer mismo, a pesar de toda su crítica de la religión y de su insistencia en el carácter “arreligioso” del mundo y del propio cristianismo, ni antes ni después de su arresto renunció a todas las formas y expresiones religiosas de su fe en el “Dios centro de la realidad” y en el “Cristo de los no religiosos”. De hecho, en el patíbulo, ante la horca, se arrodilló y rezó…

Dígase lo que se diga, Jesús fue religioso y teísta. Eso sí, enseñó a no poner por encima de la vida ningún ninguna “tradición humana” (Mc 7,8) (y todas las creencias, ritos y normas lo son). Lo único absoluto de Jesús fue la confianza profunda, la comensalía abierta, la compasión sanadora, la solidaridad liberadora, ser “para los demás”. Y así es también “señor de los no religiosos”: no significa de ningún modo que los no religiosos estén sometidos a su poder, sino que también por él pueden ser inspirados para una vida más bondadosa y bienaventurada.

(Continuará)

Rose-Marie Barandiaran – José Arregi

(Publicado en GOLIAS Magazine 211, julio-agosto 2023, pp. 26-29)

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