"Cultivar otra lógica vital" Tiempo de gratuidad. De puro compartir

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"En medio del mundo en el que vivimos cuyo afán radica en la conquista, en la necesidad de sentirse más frente a los otros, en la depredación de lo bienes que se nos han dado, se hace necesario cultivar otra lógica vital que esté acorde al Misterio Amable que es Dios"

"Pero entrar en ella precisa de la experiencia reverente del asombro. La sorpresa nos saca de nosotros mismos y nos permite reconocer lo dado como expresión de una Gratuidad, algo que es donado"

"Vivir comprendiendo que todo es un regalo, despierta en nosotros una alegría que no queda sujeta a condiciones… nos lleva a un contagio que tampoco responde a ningún imperativo, sino a la necesidad espontánea que brota del puro compartir"

"Esta experiencia es la que puede conducirnos directamente hasta el umbral de un tiempo nuevo de gratuidad"

En medio del mundo en el que vivimos cuyo afán radica en la conquista, en la necesidad de sentirse más frente a los otros, en la depredación de lo bienes que se nos han dado, entre otras muchas notas destacadas, se hace necesario cultivar otra lógica vital que esté acorde al Misterio Amable que es Dios.

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Esta forma de vivir tiene que estar entroncada en la dinámica que se desarrolla cuando nos situamos bajo la Gracia. Un movimiento interno que nos permite vivir desde la llamada lógica del don. Pero entrar en ella precisa de la experiencia reverente del asombro. La sorpresa nos saca de nosotros mismos y nos permite reconocer lo dado como expresión de una Gratuidad que va más allá de nuestra fuerza y control, algo que es donado y que no nos hemos podido procurar a nosotros mismos.

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Vivir una vida comprendiendo que todo es un regalo, despierta en nosotros una alegría que no queda sujeta a condiciones de ningún tipo. Esta experiencia nos lleva a un contagio que tampoco responde a ningún imperativo del deber, sino a la necesidad espontánea que brota del puro compartir. Compartir la alegría es hacer el bien, desear para otro la dulce experiencia que uno mismo vive. 

Hoy necesitamos reconocer que todo es un obsequio, que cada momento es una oportunidad donada que no puede ser probada, como tantas veces quizá quisiéramos, sino que sólo puede ser reconocida, acogida y aceptada. La mirada desde este lugar llevó a Goethe a escribir:

«¡Ojos afortunados!

Todo lo que vieron,

No importa cómo fuera,

¡qué hermoso fue!»

Estar receptivos a cada presente que se nos brinda nos puede sacar de las mil preocupaciones con las que enmarañamos nuestro día a día.

Necesitamos aprender a acoger, en lugar de exigir tanto para no caer en la tentación de creer que nos merecemos justo lo que no se nos ha dado, lo cual no sólo nos hace desagradecidos, sino que nos tensiona interiormente y nos hace sufrir. Dijo Casiano el Romano: «es imposible que la ofrenda sea aceptada si nosotros caemos presa de la cólera y del resentimiento».

Acoger lo que se está dando a cada momento nos brinda la oportunidad de ser conscientes del lazo que se establece entre el Dador y el donatario, entre Quien lo da y quien lo recibe, lo cual permite la posibilidad de una celebración alegre muy sencilla que podemos llamar gratitud. Esta experiencia es la que puede conducirnos directamente hasta el umbral de un tiempo nuevo de gratuidad.

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