La resurrección de Cristo no violenta la realidad, sino que inaugura una forma nueva de verla.
Cuando la luz irrumpe
"Entrar en la lógica de Dios, la entrega que se hace servicio"
El ser humano es homo religiosus y esto es lo que le lleva a buscar el modo de religarse/reunificarse con el Mysterium Tremendun et Fascinans (R.Otto). Para ello, y dentro de cada Tradición Espiritual, se han ido configurando una serie de rituales que ayudan a la persona a saciar esta sed profunda al tiempo que les brinda la experiencia de sentirse parte de una comunidad.
Hoy rememoramos, celebramos y actualizamos la institución del rito cristiano por antonomasia. No se trata de algo rutinario, y por tanto carente de valor, sino de aquello que nos conecta con la razón esencial de la fe (por qué, desde dónde) para que, desde ahí, podamos comprender su alcance y, por ende, su finalidad (para qué).
Es obvio que hablar hoy de sacrificio puede resultar extraño, incluso anacrónico, pero lo cierto es que convivimos con ello. Cada vez que tenemos que renunciar a algo en nuestra vida nos encontramos ante un sacrificio, esto es, dejar morir algo para que otro algo mayor pueda nacer. Hoy recordamos en la lectura del Éxodo desde dónde viene la tradición del cordero pascual para que, conectándola con Jesús, advirtamos la trasposición y su alcance. Ya no se sacrifica una persona (Abraham e Isaac), ni un cordero, ni tampoco es el hecho de no comer carne en viernes; ahora toca entregar nuestro ego. Es éste el que debe sucumbir para que podamos entrar en la lógica de Dios, la entrega que se hace servicio (como bien nos muestra Jesús cuando lava los pies).
Debemos aprender a entregar, a sacrificar nuestras ataduras, nuestros deberías, la forma limitante de ver el mundo que nos coloca a nosotros en el centro y relega a Dios (Amor) al margen como algo accesorio.
El verdadero rito que hoy volvemos a celebrar nos recuerda que debemos pasar al otro lado, a esa otra dimensión de la fe más madura mientras dejamos atrás lo que nos constriñe y limita. Este rito reúne para nosotros los mensajes esenciales de la Vida que debemos hacer vida: el sufrimiento necesario (la realidad nos confronta con lo que de ella esperamos), el verdadero compartir (abrimos a los demás lo que se nos dio gratis), la intimidad divina (puerto de descanso, llegada y partida) y el amor que sirve (lo primero: somos todos).
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