En memoria de un profeta libre y liberador Jacques Gaillot, el obispo disidente: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada"

Monseñor Jacques Gaillot
Monseñor Jacques Gaillot

Tras 13 años de obispo, en 1995 fue destituido por el Vaticano quien, en un acto de hipocresía, le nombró obispo de Partenia, diócesis imaginaria de Mauritania en el desierto del Sáhara que había dejado de existir en el siglo VI y que Gaillot convirtió en una Iglesia abierta, inclusiva

No actuó como funcionario de Dios, sino como obispo y profeta libre y liberador y, por ello, religiosa y políticamente incorrecto

Se mostró muy crítico con la falta de democracia en la Iglesia católica y con la discriminación de las mujeres

El 12 de abril falleció a los 87 años en el Hospital Pompidou, de París, el obispo francés Jacques Gaillot, una de las voces más contestatarias y disidentes dentro del episcopado mundial durante la “larga invernada” del pontificado de Juan Pablo II. Nacido en Saint-Dizier (departamento del Alto Marne). En 1982 fue nombrado obispo de la diócesis de Evreux (región de Normandía), de medio millón de habitantes y en torno a cien sacerdotes, siendo entonces el obispo residencial más joven del episcopado francés, que pronto se convertiría en el más revoltoso. Suele decirse que un obispo es lo más parecido a otro obispo. No fue el caso de monseñor Gaillot, que se mostró disidente de sus colegas y del Vaticano por seguir la guía del Evangelio y, aun cuando su disenso resultó siempre respetuoso, fue objeto de sus duras críticas y constantes amonestaciones. 

¿Por qué? Porque no actuó como funcionario de Dios, sino como obispo y profeta libre y liberador y, por ello, religiosa y políticamente incorrecto. “No estoy casado con los obispos. Mi horizonte, mi gozo, mi vida es el pueblo de Evreux. En ese ambiente vuelvo a la vida”, solía repetir cuando sus colegas le afeaban su conducta y le acusaban de romper la comunión eclesial.

Apoyo a los homosexuales

En el terreno religioso apoyó a las personas homosexuales hasta afirmar que estos “nos precederán en el reino de los cielos”, aplicándoles lo que Jesús dijo de las mujeres y de los pecadores de manera contundente: “Os aseguro que los publicanos y. las prostitutas os precederán en el reino de Dios. Porque vino Juan a mostraros el camino de la salvación y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron (Mt 21,31-32). La aseveración de Gaillot choca frontalmente con el Catecismo de la Iglesia católica que considera los actos homosexuales intrínsecamente desordenados y contrarios a la ley natural (n. 2357) y declara que “las personas homosexuales están llamadas a la castidad (2359). 

Francisco y Gaillot
Francisco y Gaillot

El obispo de Evreux fue también muy sensible al sufrimiento, “mal conocido”, de los sacerdotes homosexuales que viven en la clandestinidad y abogaba por que se cambiara la legislación eclesiástica para que de esa manera desaparecieran los prejuicios y dichos sacerdotes dejasen de ser parias.  

Justificó el uso del preservativo que Pablo VI prohibió en la encíclica Humanae vitae en contra de la mayoría de la Comisión de asesores. Juan Pablo II calificó el uso del preservativo de blasfemia contra Dios, incluso para prevenir el sida, en 1988 en un congreso de teología moral en conmemoración del veinte aniversario de la publicación de la encíclica. Dijo además que la prohibición “no admite excepciones ni por motivos personales ni sociales” y exigió a los teólogos “utilizar el mismo lenguaje de la encíclica”. Benedicto XVI incidió en la prohibición a bordo del avión en su primer viaje a África en marzo de 2009 y reiteró el rechazo al preservativo ya que su uso, dijo “solo aumenta su uso”.  

Fue partidario de la ordenación de sacerdotes casados y de permitir el ejercicio del ministerio presbiteral a los sacerdotes que habían roto la promesa del celibato

Fue partidario de la ordenación de sacerdotes casados y de permitir el ejercicio del ministerio presbiteral a los sacerdotes que habían roto la promesa del celibato. Aceptaba mal que no se permitiera el ejercicio ministerial a dichos sacerdotes, mientras se acogía con los brazos abiertos a los grupos integristas. Le disgustaba que los sacerdotes casados cayeran en el olvido teniendo como tienen una formación y una experiencia humana y espiritual.

Jacques Gaillot, obispo de Partenia
Jacques Gaillot, obispo de Partenia

Defendió el acceso a la eucaristía de las personas divorciadas vueltas a casar en contra de la normativa eclesiástica que lo prohíbe, como recordó el cardenal Ratzinger, siendo presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe: “Cuando los divorciados se vuelven a casar por lo civil, se encuentran en una situación que está en contradicción con las leyes objetivas de Dios (¿?). Por esta razón, y mientras perdure esta situación, estos no pueden recibir la comunión”.

Respuesta a Ratzinger

En relación con esta prohibición, Gaillot respondió prestamente a Ratzinger con un texto del evangelio: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ni ellos con un dedo quieren moverlas” (Mt, 23,2-4).

Frente a la rigidez del Vaticano, que solo admite el nacimiento de un niño o una niña de una pareja sexualmente unida y se opone a la fecundación in vitro, a él le parecía “una solución no solo deseable sino buena porque suple una deficiencia de la naturaleza”. A lo que se oponía sin matices era a los vientres de alquiler, mal llamados “maternidad subrogada”.   

Jacques Gaillot, con Victorino Pérez Prieto
Jacques Gaillot, con Victorino Pérez Prieto

Se mostró muy crítico con la falta de democracia en la Iglesia católica y con la discriminación de las mujeres. Estuvo muy cerca de las personas presas, a quienes visitaba con frecuencia y acompañaba en las cárceles devolviéndoles la dignidad que les era negada. Pidió a los sacerdotes de su diócesis que priorizaran en su trabajo pastoral el acompañamiento de los presos y su reintegración en la sociedad. Les pidió también que hablaran más de la justicia social que de las normas disciplinares represivas en materia de sexualidad. 

Defendió al pueblo saharaui. Se solidarizó con el pueblo palestino, a quien visitó en varias ocasiones, denunció la violencia militar de Israel contra él

A su incorrección religiosa hay que sumar la incorrección política. Apoyó a los objetores de conciencia. Esa fue su primera toma de conciencia para el cambio de lugar del obispo en la sociedad: no recluido en el ámbito eclesiástico, sino en defensa de las personas objetoras e insumisas. Defendió al pueblo saharaui. Se solidarizó con el pueblo palestino, a quien visitó en varias ocasiones, denunció la violencia militar de Israel contra él, defendió la Intifada, mantuvo reiterados encuentros con Yasir Arafat y reclamó el derecho del pueblo palestino a vivir en su tierra sin dependencia de Israel. Participó en la operación “Un barco para la paz” en Atenas y en la cadena por la paz alrededor de las murallas de Jerusalén. Votó en contra del tratado de Maastrich porque sacrificaba a los seres humanos en aras de la economía, se mostró a favor de la construcción de la Europa de los pueblos y denunció la falta de hospitalidad a las personas y los colectivos inmigrantes, refugiados y desplazados

Como ciudadano y como cristiano apoyó las iniciativas por la paz en el país Vasco, compartió varios encuentros con las comunidades cristianas populares y con los sacerdotes comprometidos con el pueblo; la revista Herria 2000 Eliza publicó varias entrevistas suyas. Asistió en París a los juicios de los acusados de terrorismo, se pronunció en favor de los exiliados, visitó a los presos y las presas y criticó la falta humanidad de las instituciones penitenciarias que los encarcelaban en prisiones alejadas de sus lugares de origen para dificultar las visitas de sus familiares y defendió sus derechos.  

Gaillot, con Emi Robles y Julio J. Pinillos
Gaillot, con Emi Robles y Julio J. Pinillos Emi Robles y Julio J. Pinillos

Asistió a la toma de posesión de Jean Bertrand Aristide como presidente de Haití en solidaridad con “una de las poblaciones más pobres del planeta que padece desde siempre dictaduras, invasiones, colonialismo”. Viajó a Mururoa para protestar contra las pruebas nucleares francesas que se realizaban allí. Fue el único obispo francés que asistió al traslado al Panteón de la cenizas del abate Henri Grégoire, obispo constitucional durante la Revolución Francesa que apoyó la abolición de la monarquía, de loss privilegios de la nobleza y de la Iglesia. Se manifestó contra la guerra del Golfo y se opuso al embargo que penalizaba al pueblo. 

Numerosas fueron sus intervenciones en los medios de comunicación para aprovechar la de oportunidad de diálogo con una sociedad en búsqueda, comunicarse con la ciudadanía y demostrar transparencia. En respuesta a las críticas que recibía por ello, respondía: “Cuando voy a los medios de comunicación, es como cuando predico en la catedral. En la catedral me dirijo a los cristianos; en un programa de televisión, aventuro una palabra -sin imponerla- a un público de no creyentes, de gente que busca, de ateos”.  

Obispo de una diócesis imaginaria

Tras 13 años de obispo, en 1995 fue destituido por el Vaticano quien, en un acto de hipocresía, le nombró obispo de Partenia, diócesis imaginaria de Mauritania en el desierto del Sáhara que había dejado de existir en el siglo VI y que Gaillot convirtió en una Iglesia abierta, inclusiva de las diferentes identidades excluidas por la Iglesia institucional, una sin fronteras étnico-culturales ni religiosas, en salida hacia las periferias, como acostumbra a decir el papa Francisco, quien, en un gesto de acogida y de diálogo respetuoso, le recibió en 2015.  En el encuentro con Francisco se presentó como el obispo de las personas inmigrantes y refugiadas indocumentadas, de las personas desheredadas, de los pueblos oprimidos, de los parias a quienes reconocía la dignidad que les negaban los poderes políticos. 

Como obispo de Partenia compartió su vida con las personas excluidas de la calle del Dragón en París, siguió defendiendo las causas perdidas e hizo realidad la consigna del obispo y profeta Pedro Casaldáliga: “Mis causas son más importantes que mi vida” con la convicción de que “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”, título de uno de sus libros más emblemáticos.  

El “enfant terrible” del catolicismo francés mantuvo diálogos públicos con el teólogo y psicoanalista Eugen Drewermann, “enfant terrible” del catolicismo alemán ante públicos numerosos. En el mantenido en la cadena de radio alemana SWF, Drewermann afirmó que “entre nosotros dos hay una profunda armonía en favor del ser humano”, sobre todo, de los seres humanos humillados.

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