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Crear comunidad, construir ciudadanía en tiempos de fragmentación y de prioridad nacional

El teólogo Juan José Tamayo abre el Congreso anual de la Asociación de Teólogos y Teólogas 'Juan XXIII'

Ética cristiana y ciudadanía global
Ética cristiana y ciudadanía global
11 sep 2026 - 18:59

En su provocativo e iconoclasta libro Fronteras de clase. Desigualdad, inmigración y ciudadanía en el Estado capitalista, la politóloga albanesa Lea Ypi afirma que la ciudadanía no es un derecho igualitario. “Incluso en las sociedades democráticas -escribe-, la ciudadanía se compra, se hereda o se otorga. Nunca es verdaderamente accesible para todos”. En el Estado capitalista, que Ypi define como un instrumento de dominación, la ciudadanía es exclusiva y excluyente.

Unas vidas valen más que otras y algunas carecen de valor. No es solo inhumanidad, sino crueldad de los tecno-oligarcas, los plutócratas, los señores tecnofeudales, los regímenes autoritarios y el necro-capitalismo: todos coaligados rompen los lazos sociales, comunitarios y cívicos, convierten al ser humano en un lobo para el ser humano y deciden quién debe vivir y quién tiene que morir.

Un ejemplo reciente de crueldad que estamos viviendo entre la indignación y la impotencia es la muerte de 145 personas, en su mayoría jóvenes, en el intento de llegar a Ceuta a nado para conseguir una vida digna, que no encontraban en sus países. Han muerto en el más absoluto anonimato, sin ceremonias de despedida, sin ser velados, sin un minuto de silencio.

Antonio Maíllo, diputado del Parlamento andaluz, pidió a la presidenta que se guardara un minuto de silencio por los 145 muertos y su respuesta fue un frío e insensible “me lo pensaré”, cuando se esperaba que su respuesta, desde la compasión con las víctimas, fuera atender de inmediato y sin vacilación la petición del parlamentario como muestra de solidaridad institucional del órgano de representación del pueblo andaluz.  

Migrantes irregulares en una playa de Ceuta
Migrantes irregulares en una playa de Ceuta | Vedrunas

¿Quién recuerda a estas personas muertas? ¿Quién las llora? ¿Quién les devuelve la dignidad anegada en el mar? ¿quién las vela? ¿Quién siente compasión por su pérdida? ¿Qué se conduele? ¿Quién consuela a las familias? ¿Quién repara tamaña y definitiva ausencia? Ni siquiera se las reconoce como ciudadanas porque son “extranjeras” y pobres”. Peor aún, se las considera “invasoras”, “bárbaras”. ¡Ni invasoras ni bárbaras! A juzgar por la estrecha política de fronteras y de nuestra actitud insolidaria, creo que los bárbaros somos nosotros.

A ellas se las considera “desechos, ‘sobrantes’” -en feliz expresión del papa Francisco en su Exhortación apostólica La alegría del Evangelio-, a quienes previamente “la cultura del descarte” había excluido de la ciudadanía.

En el seno de las religiones se han perdido también los lazos comunitarios. Pérdida que se encubre bajo un lenguaje de hermandad. Las religiones se conforman con frecuencia como organizaciones jerárquico-piramidales y patriarcales, que no cultivan los vínculos fraterno-sororales, sino las relaciones clientelares. Funcionan, a veces, como clubes selectivos, exclusivos y discriminatorios de las personas creyentes que disienten del pensamiento religioso oficial, se rebelan contra el autoritarismo y la desigualdad reinante y transgreden conscientemente las orientaciones de sus jerarquías que consideran injustas.

Se estructuran como clubes que marginan a las mujeres y las excluyen del ámbito de lo sagrado y de los espacios de responsabilidad donde se toman las decisiones de obligado cumplimiento, algunas de ellas contra las mujeres. Discriminan a los colectivos LGTBIQ+ y condenan los matrimonios igualitarios porque no se atienen a la heteronormatividad y a la binariedad sexual que impone rígidamente el patriarcado religioso y se consideran de institución divina.

 Son clubes que no suelen fomentar el nacimiento de comunidades igualitarias, abiertas y respetuosas de la diferencia, ni una ciudadanía activa, sino que reproducen la institución. Se trata de instituciones donde el poder es detentado y ejercido al modo patriarcal por varones que se consideran personas sagradas, representantes únicos de la divinidad, funcionarios de Dios y controladores en exclusiva del sancta santorum, del mundo de lo sagrado.

Leonardo Boff y Juan José Tamayo. Puebla, 2017
Leonardo Boff y Juan José Tamayo. Puebla, 2017

 Lo describió muy bien y criticó con una sólida argumentación teológica el teólogo brasileño Leonardo Boff en Iglesia: carisma y poder (Sal Terrae, 1982), un libro por el que el autor fue procesado y condenado por la Congregación de la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el cardenal Josep Ratzinger, quien fuera su profesor y mecenas y luego le condenó a un tiempo de silencio en que no pudo escribir, ni impartir docencia. La prohibición, que cumplió escrupulosamente, le fue levantada creo que nueve meses después.  

Hay, con todo, en las religiones brotes verdes primaverales que se traducen en experiencias comunitarias donde se fomentan los valores de la fraternidad-sororidad, la memoria subversiva de las víctimas, la democracia interna, la igualdad de género, el compartir, el respeto a las diferencias étnicas, culturales, de género, de identidad sexual, y la solidaridad con las personas más vulnerables, los colectivos empobrecidos, las clases sociales explotadas y los pueblos oprimidos. Son personas y colectivos que contribuyen a construir una ciudadanía cosmopolita fundada en los valores comunitarios, el cuidado mutuo, la esperanza compartida y la democracia activa, participativa y de base.

La pérdida de los valores comunitarios en el cristianismo y el avance del individualismo fomentado por el neoliberalismo, que está quebrando el tejido social, deteriorando la democracia y negando los valores originarios del cristianismo, han llevado a la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y a numerosos colectivos cristianos de base a celebrar el 45 Congreso de Teología on line con el tema CREAR COMUNIDAD, CONSTRUIR CIUDADANÍA, del 11 al 13 de septiembre.

En él haremos una rigurosa reflexión interdisciplinar con el apoyo de especialistas en sociología, ecología, antropología, filosofía, teología, ciencias políticas y jurídicas, estudios bíblicos, que ofrecerán claves de análisis crítico de la situación y propuestas alternativas de comunidades solidarias y de una ciudadanía global inclusiva, donde todas las personas seamos de facto, y no solo de iure, sujetos de derechos y deberes.

Esperamos también que el Congreso aporte nuevas perspectivas hermenéuticas para recomponer las costuras de un mundo roto por la injusticia estructural, la quiebra del orden internacional, la violencia de género, el colonialismo, el necrocapitalismo, la depredación de la naturaleza, el xenofobia, el racismo aporofóbico, los fundamentalismos, el belicismo como único recursos para resolver los conflictos y el cristoneofascismo, nueva religión con cada vez más seguidores

Esperamos también que el Congreso aporte nuevas perspectivas hermenéuticas para recomponer las costuras de un mundo roto por la injusticia estructural, la quiebra del orden internacional, la violencia de género, el colonialismo, el necrocapitalismo, la depredación de la naturaleza, el xenofobia, el racismo aporofóbico, los fundamentalismos, el belicismo como único recursos para resolver los conflictos y el cristoneofascismo, nueva religión con cada vez más seguidores, como viene apreciándose en las sucesivas elecciones que están entregando el poder a dirigentes “cristianos” fundamentalistas al grito blasfemo de “¡Viva Cristo Rey!” .   

El Congreso no surtirá un efecto inmediato, cual si se tratara del bálsamo de Fierabrás, del que habla Cervantes en El Quijote, pero contribuirá, sin duda, a poner las bases antropológicas, filosóficas, éticas, políticas y religiosas para recuperar la dimensión relacional-compasiva de los seres humanos y reconstruir las relaciones sociales horizontales en la sociedad y en las religiones.

Prioridad nacional
Prioridad nacional | Sr. García

Y, en el caso del cristianismo, esperamos sirva para recomponer la comunidad de iguales del movimiento de Jesús de Nazaret, en el que, como afirma la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, las mujeres no ocuparon un lugar periférico y marginal, sino un protagonismo “de la mayor importancia para la praxis de la solidaridad desde abajo”.

 Ayudará, asimismo, a huir de la crueldad de los sistemas de dominación que destruyen los vínculos cívicos y operan con la dialéctica amigo-enemigo sembrando por doquier el odio, la intolerancia, la venganza, la violencia y el nacionalismo excluyente bajo la consigna de la “prioridad nacional”, que es, en realidad, una limpieza étnica, religiosa y social, y se encuentra en las antípodas de “crear comunidad y construir ciudadanía”.  

A pesar de los nubarrones insolidarios individualistas, antisociales y anticomunitarios que se ciernen en el horizonte, este Congreso no quiere caer en el pesimismo inactivo, que nos convertiría en cómplices y añadiría más leña al fuego del aislamiento y del desconocimiento de las otras y de los otros.

Quiere invitar a la esperanza, que no es confianza ciega, sino esperanza-en-acción, esperanza en la construcción de Otro Mundo Posible con una ciudadanía que reconoce a las otras y los otros como iguales en las diferencias y una comunidad donde trabajar y construir juntos el futuro bajo la guía de la justicia y la paz desde la conciencia de ser diferentes. Igualdad y diferencia que no desemboquen en desigualdades, sino en comunidades donde la polifonía relacional sea una riqueza de lo humano y de las religiones.

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Juan José Tamayo es teólogo de la liberación. Sus últimos libros son. Cristianismo radical (Trotta, 2026) y Política y religión (Tirant, 2026).

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