Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI
El pasado 13 de octubre tuve el privilegio de presentar el libro "Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI", de Elena Gortázar (Tirant, 2026), un sólido cuestionamiento del patriarcado religioso e indirectamente del patriarcado social, cultural y político.y donde la autora aporta argumentos para poner a Jesús del lado de la liberación de las mujeres desde una hermenéutica feminista.
Agradezco la invitación a participar en la presentación de "Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI", de título tan sugerente y de contenido tan creativo de mi entrañable amiga Elena Gortázar en la parroquia de Nuestra Señora de la Guía, de Madrid. Es, sin duda, una de las presentaciones más entrañables de las que he hecho durante mis 80 años (recién cumplidos). Explicaré por qué.
Conozco a Elena desde hace mucho tiempo, quizá décadas. Hemos compartido numerosos encuentros en la comunidad de base de La Laguna, a la que pertenece, donde se practica la igualdad de género, así como en otros espacios cívicos y culturales.
Muy pronto descubrí su conciencia y compromiso feministas, que vi confirmados en su trabajo profesional, su estilo de vida, su sensibilidad activa hacia la discriminación de las mujeres su lucha conrea ella y su participación en La Revuelta de las Mujeres, colectivo que trabaja por que la igualdad sea costumbre en la sociedad y en la Iglesia, tanto a nivel nacional como regional en las Islas Canarias. Ese es el lugar eclesial y social donde Elena vive la opción por la liberación de las mujeres de toda forma de opresión como cristiana y como ciudadana armónicamente.
Lo confirmé leyendo su libro Una mirada que revela y rebela. Huellas de las mujeres en la Iglesia, que me encantó desde su título tan sugerente como provocador. Ahí comprobé cómo revelación y rebelión son dos palabras que en el feminismo se dan la mano. ya que remiten al desvelamiento de la opresión de las mujeres, a la subversión del orden político, religioso, cultural y simbólico patriarcal y al empoderamiento femenino. Tras leerlo la felicité y escribí una reseña muy elogiosa en EL CIERVO.
Luego leí su artículo “En busca de María Magdalena”, publicado con motivo de su fiesta litúrgica el 22 de julio de 2023, y volví a felicitarla. Fue entonces cuando le pedí que escribiera este libro. Contar con un estudio que rehabilitara a esta mujer tan maltratada en la historia del cristianismo, la reconociera como pionera de la igualdad y protagonista de un cristianismo fraterno-sororal en continuidad con el movimiento igualitario de Jesús de Nazaret, me parecía un verdadero enriquecimiento para la colección “Diáspora. Ciencias de las religiones”, que dirijo en la editorial Tirant lo Blanch. Y Elena, siempre tan generosa y trabajadora, aceptó.
He tenido el privilegio de seguir muy de cerca la elaboración de este libro desde que Elena puso la primera piedra de tan creativa arquitectura y de acompañarla en su proceso de escritura, haciéndole algunas sugerencias bibliográficas sobre la teoría de género, pero, sobre todo, aprendiendo. Por eso respondí afirmativamente cuando me pidió que escribiera el epílogo y, ahora, para intervenir en la presentación del libro, que está convirtiéndose en una gran fiesta comunitaria de personas que queremos a Elena y compartimos con ella el reencuentro con María Magdalena, libre, liberadora y liberada de estereotipos infundados creados por el patriarcado para desacreditarla y negarle el protagonismo que tuvo en el movimiento igualitario de Jesús de Nazaret primero y en algunas iglesias durante los primeros siglos del cristianismo.
Aportaciones
A continuación, voy a compartiros algunas de las que considero sus principales aportaciones
1. Momento de deconstrucción. El libro analiza el maltrato, los estereotipos negativos y la distorsión de que ha sido objeto María Magdalena en diferentes campos: la iconografía, la música, el cine, los noticieros, los textos escritos en lenguaje patriarcal, la exégesis androcéntrica, el arte distorsionador de su figura, la ficción literaria con relatos falseadores de su persona, el imaginario colectivo que se alimenta de tradiciones viciadas que ocultan su verdadera personalidad, la devoción popular y el uso peyorativo de su memoria.
Hay en el cine una película que cita Elena elogiosamente y que rompe todos los estereotipos, María Magdalena, de Garth Davis, que, basada en fuentes evangélicas, tiene un enfoque feminista. Dicho enfoque ha molestado a algunos críticos cinematográficos, ridiculizando a la protagonista diciendo que pareciera que María Magdalenaa estuviera leyendo El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Hast ahí llega la crítica cinematográfica patriarcal.
2. Me ha resultado muy interesante el estudio que hace de María Magdalena en los evangelios apócrifos, sobre todo los de carácter gnóstico, descubiertos en Nag Hamadi, y de manera especial en el Evangelio de María, donde descubre la autoridad moral, teológica y espiritual de María Magdalena, su personalidad preeminente entre los seguidores de Jesús, así como su liderazgo y los celos de los discípulos varones por la mayor cercanía de Jesús hacia ella (pp. 119-120). Sí, celos, como demuestran los comentarios de algunos apóstoles como Pedro ante la relación discipular más cercana de Jesús con la Apóstola. Son páginas magistrales.
3. Tras la deconstrucción, viene la reconstrucción en perspectiva feminista de María Magdalena: la presenta como seguidora y amiga de Jesús desde la primera hora y protagonista en su movimiento y recupera el cristianismo fraterno sororal enterrado entre las ruinas hoy valladas de la ciudad de Magdala, su lugar de nacimiento. El libro hace ver que ese cristianismo resurge hoy en la teología feminista y en los movimientos cristianos de base inclusivos de las diferencias étnicas, culturales, afectivo sexuales, etc. Es un cristianismo liberador que surge en los márgenes de las grandes Iglesias y en las fronteras humanas, como le gustaba decir al papa Francisco. Y eso es motivo de esperanza. No todo está perdido.
4. Finalmente, quiero llamar la atención sobre el tratamiento que hace de la relación entre las dos Marías: la de Nazaret y la de Magdala (pp. 87-114). Es el capítulo más largo y muy sólidamente fundamentado donde Elena Gortázar demuestra exegéticamente lo erróneo que es presentar a ambas mujeres con identidades y roles contrapuestos.
Se trata claramente de una construcción ideológica interesada que no tiene base en los textos. Muestra cómo a María de Nazaret, madre de Jesús, mujer que pertenece al pueblo y recitadora del cántico revolucionario del Magnificat, se la convierte en virgen, inmaculada, corredentora, madre del hijo de Dios, asunta al cielo en cuerpo y alma, y en “modelo ajeno a la corporeidad e inasequible para el resto de las mujeres” (p. 99) y a María de Magdala como prostituta, pecadora areepentida…
Teniendo como guía el libro de Lluís Busquets Grabulosa La historia oculta. María de Nazaret y María Mgdalena, Elena Gortázar rompe la contraposición de roles entre las dos Marías y defiende la sintonía entre ambas como miembras activas del movimiento puesto en marcha por Jesús de Nazaret y seguidoras suyas hasta el momento más dramático: la crucifixión.
El libro de Elena Gortázar tiene una sólida fundamentación exegética, teológica histórica. Pero no es intemporal. El propio título ya lo demuestra: Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI, y su contenido lo confirma. A partir de la figura de María Magdalena, Apóstola de los Apóstoles, esta obra viene a quebrar las bases o, si se prefiere, los pies de barro de la estructura jerárquica, piramidal, patriarcal y clerical de la Iglesia católica que yo defino como patriarquía.
Estamos ante un sólido cuestionamiento del patriarcado religioso e indirectamente del patriarcado social, cultural y político. Mary Daly afirmaba que si Dios es varón, el varón es Dios y Kate Millet osaba decir que el patriarcado había puesto a Dios de su lado. Ambas cosas son ciertas. Pero también es cierto que Elena Gortáraz aporta en este libro argumentos para poner a Jesús del lado de la liberación de las mujeres desde una hermenéutica feminista.
¡Gracias, Elena!
