¿Qué enseña la Iglesia sobre la fecundación In Vitro?

El pasado jueves en una clase de bachillerato me preguntaron esto mismo:

¿Qué piensas de la fecundación in vitro?

La Iglesia no la reconoce como un camino moralmente transitable por un clarísimo motivo:

Se fecundan varios óvulos para asegurarse de que alguno prospere en un embarazo. Y qué se hace con los demás óvulos fecundados que no se han utilizado? SE CONGELAN y bien se donan a experimentos científicos o bien se desechan.

Alguien podría preguntarse: Pero ¿qué problema hay con eso? Solo son óvulos fecundados congelados...

La Iglesia enseña que:


"La vida ya concebida ha de ser salvaguardada con extremos cuidados desde el momento de la concepción. El aborto y el infanticidio son crímenes abominables" Gaudium et Spes, 51




"Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre... la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: un hombre, este hombre individual con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar" Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto procurado, 12 - 13




Y más en concreto, la Instrucción DONUM VITAE (el don de la vida) se afirma en el nº 5 lo siguiente:




¿Qué juicio moral merece el uso para la investigación de embriones obtenidos mediante la fecundación "in vitro"?




Los embriones humanos obtenidos in vitro son seres humanos y sujetos de derechos: su dignidad y su derecho a la vida deben ser respetados desde el primer momento de su existencia. Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como "material biológico" disponible.




En la práctica habitual de la fecundación in vitro no se transfieren todos los embriones al cuerpo de la mujer; algunos son destruidos. La Iglesia, del mismo modo en que condena el aborto provocado, prohibe también atentar contra la vida de estos seres humanos. Resulta obligado denunciar la particular gravedad de la destrucción voluntaria de los embriones humanos obtenidos "in vitro" con el solo objeto de investigar, ya se obtengan mediante la fecundación artificial o mediante la "fisión gemelar". Comportándose de tal modo, el investigador usurpa el lugar de Dios y, aunque no sea consciente de ello, se hace señor del destino ajeno, ya que determina arbitrariamente a quién permitirá vivir y a quién mandará a la muerte, eliminando seres humanos indefensos.




Los métodos de observación o de experimentación, que causan daños o imponen riesgos graves y desproporcionados a los embriones obtenidos in vitro, son moralmente ilícitos por la misma razón. Todo ser humano ha de ser respetado por sí mismo, y no puede quedar reducido a un puro y simple valor instrumental en beneficio de otros. Por ello no es conforme a la moral exponer deliberadamente a la muerte embriones humanos obtenidos in vitro. Por haber sido producidos in vitro, estos embriones, no transferidos al cuerpo de la madre y denominados "embriones sobrantes", quedan expuestos a una suerte absurda, sin que sea posible ofrecerles vías de supervivencia seguras y lícitamente perseguibles."


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