JESÚS VIVIÓ A DIOS, PRACTICÓ A DIOS (Gustavo Gutiérrez)
Turismo y fragilidad (II) Te han matado a tus hijos
JESÚS VIVIÓ A DIOS, PRACTICÓ A DIOS (Gustavo Gutiérrez)
En mi primer viaje a Perú tuve la fortuna de conocer personalmente a Gustavo Gutiérrez, iniciador de la Teología de la Liberación que se extendió después desde su tierra andina a todos los continentes. Gustavo tuvo el gusto, valga la redundancia, de acercarse al Evangelio y regalar al mundo una interpretación profética y vivencial que aún hoy tiene una fuerza dinamizadora de la fe, digna de ser emprendida por todos los que buscan a Dios creyendo que su presencia más real se halla entre los empobrecidos y vulnerables de la Tierra. Él mismo supo lidiar con la fragilidad corporal por su condición de discapacidad física y comprobar que, cuando el corazón se abre a la trascendencia, Dios te levanta siempre con energía inimaginable para servir al hermano; nos pone en pie, con la camilla a cuestas, para transitar por este mundo convencidos de que nuestras capacidades superan a nuestras limitaciones; y te regala la convicción irrenunciable de que nada ni nadie puede apartarnos de su amor.
Jesús vivio a Dios, practico a Dios (Gustavo Gutiérrez)
En esta ocasión he tenido la oportunidad de conocer no la Teología de la liberación sino como la viven y la practican quienes se han formado y crecido no en el caldo de cultivo de las ideas (más o menos especulativas), sino en la tierra firme del análisis de la realidad, el discernimiento y el compromiso real por la liberación de las gentes vulnerables, maltratadas y perseguidas por los opresores de siempre.
Más que un hombre
Cinco horas de bus y dos volando entre nubes y lluvia costó llegar a la región del sur andino de este singular país latinoamericano. Dos días y dos noches me alojé en la Parroquia Pueblo de Dios en la ciudad de Juliaca en el Departamento de Puno, animada desde su origen por el sacerdote Luis Zambrano en uno de sus barrios marginales.
Me cuentan que el nombre de la parroquia surgió casi de manera espontánea mientras se terminaban las obras. El grupo inicial de la comunidad empezó a deliberar a qué santo patrón o virgen protectora dedicar el Templo. Alguien sugirió “llamémosle lo que está llamada a ser, ¡Pueblo de Dios! Es decir, una comunidad que camine unida al servicio de las gentes y de las familias más pobres del barrio; un pueblo con la cabeza bien alta, con fortaleza para anunciar a Jesucristo sin contaminar el Evangelio. Su nombre incluirá todos los nombres, todos los santos de todos los tiempos y todas las advocaciones marianas que podamos imaginar. Soplaban vientos del Espíritu, posconciliares aires de protagonismo para laicos y de comunidad frente al clericalismo ancestral que había que ir desplazando de la Iglesia de Jesús, con caridad y esperanza, pero con firmeza. (Vamos, como deberíamos estar haciendo ahora en tiempos de sinodalidad, por nuestra vieja eclesialidad europea, más clerical que católica, para caminar juntos, entre iguales como gustaba decir el Papa Francisco).
Por unas escasas horas no pude conocer personalmente al Padre Lucho como le llaman aquí a su párroco. Ahora a sus 80 años anda discerniendo como retirarse de la parroquia sin dejarla huérfana o en manos de algún sacerdote, joven y viejo a la vez, que frustre el trabajo realizado en estos tantos largos años. Esta preocupación no es baladí, es bastante probable que pueda suceder; la misma Frater, que forma parte de la comunidad y cuenta aquí con salas de reunión y formación comparte esta incertidumbre. Nada más llegar nos acogió el hermano Edwin Poiré Huanta, un laico comprometido que lleva trabajando en la parroquia, codo a codo con Zambrano al menos los últimos 20 años y buen conocedor y amigo de las fraternidades de la zona. Edwin nos acompañó en varios de los viajes y tuvimos la oportunidad de charlar con él, bien y despacio.
Dad gratis lo que gratis habéis recibido
Uno de los rasgos característicos de la parroquia Pueblo de Dios lo constituye su intento de autofinanciación. Zambrano, el cura, lleva en la parroquia desde 1994, desde el primer momento animó a la comunidad a “dar gratis lo que habían recibido gratis” (Mateo 10, 8).
Hay en sus instalaciones un pequeño criadero de animales menores, un invernadero y un pequeño huerto que cuidan entre todos. Sirven para obtener algunos ingresos, al tiempo que para concienciar sobre el cuidado del planeta. El pequeño rebaño de ovejas andinas del pequeño redil ubicado apenas a cien metros de la Iglesia, sirve para conseguir ambas finalidades: obtener algunos ingresos con las crías de esta raza andina, al tiempo que para concienciar a la comunidad sobre el consumo responsable y la reutilización de los residuos; una original actividad pastoral (casi un sacramental), consiste en repartir un plátano a los asistentes, al finalizar la celebración se acercan juntos a las ovejas, lo comen juntos para lanzar después las cáscaras a las ovejas que con ellas se alimentan ese día, entre cantos y bromas de mayores y niños. Me vinieron a la memoria algunas estrofas que se suelen cantar en las misas de niños: “la misa es una fiesta” o “la misa no termina aquí en la Iglesia”. Genial la idea de profundo significado pastoral.
Desde mayo de 1995 cuenta, entre sus instalaciones con una “Casa de Encuentros” que al tiempo que sirve para las actividades parroquiales (catequesis, reuniones…) realiza también diversos servicios de acogida y hospedaje para grupos, familias y visitantes que lo solicitan. Precisamente, la Frater de la zona cuenta con un amplio espacio para su organización, más o menos adaptado donde realizar actividades diversas, incluido el alojamiento, la cocina y el comedor donde hay siempre un plato de pan y café para compartir; un servicio inestimable teniendo en cuenta que los núcleos de la Fraternidad están muy extendidos, son números, con muchas dificultades de movilidad y con gentes campesinas sin recursos.
Nadie pasa factura, aunque todos saben que cada cual debe arrimar para que el proyecto siga adelante. La parroquia funciona con aportaciones voluntarias y la colaboración de todos, no hay estipendios ni aranceles (dinero que se cobra por las misas, los sacramentos y papeleo de la parroquia). Es una comunidad consciente de las necesidades y libremente se aporta según sus capacidades. El sistema es bien sencillo: no se cobra nada, no hay colecta en las misas; unos sobres en una mesa recuerdan las necesidades comunes e invitan a participar y sentir como propio todo lo que la Parroquia tiene y ofrece. Mesa eucarística, mesa para el pan de cada día y mesa para contribuir en los gastos, cada cual decide cómo y cuándo puede participar y compartir. Excelente idea de profundo significado espiritual: tres mesas una para hacer memoria de la Salvación, otra para el pan de cada día y otra para compartir recursos y capacidades; una trilogía profundamente simbólica que ayuda sin duda a creer que Dios es amor y que la fraternidad no es una utopía sino un camino. Así lo expresa el padre Lucho en su ensayo teológico Dinero y Sacramentos (2ª edición, octubre 1997): “… Intuyo que un día la Iglesia caerá en la cuenta de que los cobros por Sacramentos no tienen sustento en la Buena Noticia de Cristo. Un día este sistema será suprimido oficialmente por la Iglesia. ¿Por qué esperar a hacerlo alguna vez obligada por las circunstancias y presiones externas y no ahora por convicción y con la libertad de los hijos de Dios (Rom 8, 21) que nos enseñó el apóstol Pablo con su ejemplo y con su palabra?”
Te han matado a tus hijos
Actualmente el hermano Edwin dirige la Fundación Fe y Derechos Humanos presidida por el propio Zambrano. Fundada en junio de 2002, la FEDERH trabaja desde entonces para hacer frente a las graves violaciones de los derechos humanos, a acompañar a las familias de las víctimas de asesinatos que comenten arbitrariamente instituciones gubernamentales y fuerzas paramilitares, y para apoyar y liberar de las extorsiones que ejercen sobre la población más vulnerable las pequeñas bandas criminales o las mafias locales.
Pude comprobar que nada detiene a estos militantes cristianos, ni el cierre de sus instalaciones por parte de algún obispo, ni las calumnias, ni la persecución… ni siquiera las amenazas de muerte. Precisamente en las paredes de la Iglesia parroquial seguían los carteles con mensajes que sirvieron para homenajear a las 17 personas asesinadas en la última gran manifestación por la paz y los derechos de los campesinos.
Me impresionó el presbiterio y su ornamentación: no había en él grandes tallas ni cuadros con perfiles dorados, ni candelabros relucientes. En el presbiterio, unas sillas alrededor del altar sustituían a la Sede para compartir la presidencia y celebrar la Santa Misa, entre iguales, sin jerarquías ni privilegios.
Una Última Cena con el Campesino de Nazaret en el centro, con el chullo en la cabeza (gorro tejido con orejeras para protegerse del frío) y acompañado por un buen número de parroquianos (hombres, mujeres, niños, laicos y sacerdotes) ocupa el lugar del titular de la parroquia: el Pueblo de Dios sentado a la mesa junto al Señor; todos, como los verdaderos Apóstoles de carne y hueso que han sido y siguen siendo los verdaderos evangelizadores en este barrio, al servicio de todos los juliaqueños y juliaqueñas. Una interesante intuición la de esta foto familiar, convertida en símbolo permanente de la Cena en la que Jesús partió y compartió el Pan para inmortalizar su entrega, la noche previa a su arresto, tortura y asesinato en Jerusalén.
Como si de un retablo se tratase, la predela (parte inferior a modo de zócalo) estaba conformada por varias cruces, una bandera y cartulinas con diversos mensajes: las cruces habían recorrido las calles en una inmensa manifestación en el 3º Aniversario de la masacre del 9 de enero de 2023 fecha en la que la policía disparó indiscriminadamente a los manifestantes en los alrededores del Aeropuerto; recostadas sobre la pared enmarcando una bandera blanca y negra con alto valor significativo, humano y espiritual (el negro para expresar el luto profundo por los civiles asesinados y la exigencia permanente de justicia; el blanco para llamar a la paz a pesar de la violencia estatal y finalmente confeccionada en vertical para sustituir, en el acto de homenaje a las víctimas, a la bandera oficial, como expresión de la indignación y el rechazo social hacia el gobierno responsable de las muertes). Entre las cruces se habían colocado varios carteles con las leyendas ¡No matarás! y ¡Queremos justicia! Y finalmente, en el ambiente aún resonaba eco de la que se convirtió desde entonces en la invocación a la Virgen: ¡Te han matado a tus hijos!
Colocada en el lateral derecho del altar había también una enorme fotografía del Obispo Oscar Romero (Mártir de El Salvador), canonizado por el Papa Francisco en 2018. Pareciera que fuera él, uno de los con-celebrantes en cada Eucaristía. No me resisto a transcribir la Frase impresa que acompañaba a la imagen: “en nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios ¡cese la represión!”. En este contexto estas palabras, vuelven a tener la misma fuerza profética que cuando las pronunció el propio Romero a los militares salvadoreños. El Obispo mártir, sabía que se estaba jugando la vida por su pueblo, como finalmente ocurrió (fue asesinado días después de pronunciarlas durante la celebración de la Eucaristía en la capilla del Hospital Divina Providencia en San Salvador). Esto no es únicamente Teología de la Liberación, es también sinodalidad en acción y es puro evangelio del campesino de Nazaret.
Mi turismo espiritual por este país (tierra universal), me ha permitido una vez más reafirmar mi Fe en el Dios de la Vida y en la Iglesia de Cristo. Doy gracias por ello a la Frater Intercontinental que me animó y me envió a merodear por esta tierra de Dios para conocer y dejarme evangelizar por los compañeros y compañeras latinoamericanas.
Concluyo estas páginas volviendo a las palabras de Gustavo Gutiérrez, peruano singular, persona con discapacidad, teólogo de la Liberación y profeta (en su tierra y fuera de ella). Lo hago dirigiéndome especialmente a aquellos que denostaron esta forma de entender y vivir la fe (y a los que lo siguen haciendo hoy): ¿Dónde están aquí las reservas, calumnias y las acusaciones de marxismo y politización de la fe que atentan contra la verdadera doctrina católica? Esto es sencillamente evangelio vivido y practicado, limpio, sin contaminar, generoso y universal.
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