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“En muchas partes del mundo se siente el terrible aire de tensión”, denuncia Bergoglio
“En muchas partes del mundo se siente el terrible aire de tensión”. El Papa improvisó, sin citarlo, un recuerdo a la escalada de la crisis entre Irán y Estados Unidos tras el asesinato del general Soleimani. Durante un abarrotado Angelus en la plaza de San Pedro, Bergoglio recordó que “la guerra trae solo muerte y destrucción”. “Mantengan encendida la llama del diálogo y el autocontrol para derribar la sombra de la enemistad”, pidió, antes de un momento de oración en silencio.
“El Evangelio de Cristo no es una fábula, un mito, un cuento edificante, no, es la plena revelación del plan de Dios sobre el hombre y el mundo”. El Papa Francisco acudió a su cita dominical con los fieles en la plaza de San Pedro, para recordar “el significado de la Navidad”, en palabras de Pablo: "[Dios] nos ha elegido [...] para que seamos santos e inmaculados ante él en la caridad".
Durante el rezo del Angelus, Bergoglio animó a “ampliar nuestra mirada” para “tener una plena conciencia del significado del nacimiento de Jesús”.
El Evangelio, destacó el Papa, “nos muestra que la Palabra, la Palabra eterna y creadora, es el único Hijo de Dios”. Porque Jesús “no es una criatura, sino una Persona divina; pues de él se dice: "El Verbo era con Dios y el Verbo era Dios". Ahora, la “novedad más sorprendente es que precisamente este Verbo eterno "se hizo carne" (v. 14). No sólo vino a morar entre la gente, sino que se convirtió en uno de ellos”.
Después del nacimiento de Jesús, abundó Bergoglio, “para dirigir nuestras vidas, no tenemos más sólo una ley, una institución, sino una Persona divina que ha asumido nuestra propia naturaleza y es en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado”.
En el plan de Dios “estamos predestinados a ser hijos de Dios por medio de Jesucristo. Por eso el Hijo eterno se hizo carne: para introducirnos en su relación filial con el Padre”.
“[Dios] nos ha elegido [...] para que seamos santos e inmaculados ante él en la caridad. Este es el significado de la Navidad”, insistió Francisco, quien añadió que “la santidad es la pertenencia a Dios, la comunión con Él, la transparencia de su infinita bondad”.
Por tanto, “quien acepta la santidad en sí mismo como un don de la gracia, no puede dejar de traducirla en una acción concreta en la vida cotidiana, en el encuentro con los demás”. Una caridad, prosiguió, “esta misericordia hacia el prójimo, reflejo del amor de Dios, al mismo tiempo purifica nuestro corazón y nos dispone al perdón, haciéndonos día tras día "inmaculados", cada vez más desprendidos del pecado y unidos a Dios”.
Tras el rezo de Angelus, y antes de despedirse hasta mañana, solemnidad de la Epifanía, el Papa saludó a los peregrinos presentes y volvió a reclamar “serenidad y paz”, seguramente pensando en la escalada de la crisis en Irán. “La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica" Con la gracia de Dios, podremos ponerlo en práctica”.
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