"La vejez no es una amenaza, es una promesa", recalca el Papa en la audiencia Francisco: "Mi pensamiento va al pueblo ucraniano, que aún sufre esta guerra tan cruel"

Francisco: "La vejez no es una amenaza, es una promesa"
Francisco: "La vejez no es una amenaza, es una promesa"

"Sería interesante que las Iglesias locales, acompañando a las personas ancianas, les ayuden a reavivar el ministerio de la espera del Señor"

"Nuestra vida en la tierra es una especie de "'noviciado': somos aprendices de la vida, que - en medio de mil dificultades- aprendemos a apreciar el don de Dios, honrando la responsabilidad de compartirlo y hacerlo fructificar para todos"

"Quiero expresar mi cercanía de modo especial a los afectados en la tragedia causada por las explosiones y el incendio de la Base petrolera de Matanzas, en Cuba"

"La pretensión de detener el tiempo, de querer la eterna juventud, el bienestar ilimitado, el poder absoluto, no solo es imposible, sino que es delirante"

Mucha algarabía en el Aula Pablo VI para la audiencia de este miércoles. Cantos, gritos, risas, que se transformaron en aplausos al ver al Papa Francisco aparecer, apoyado en un bastón, y caminando con mucha más agilidad de la que nos tenía acostumbrados, en una de las últimas catequesis dedicadas a la vejez, y a la despedida, en este caso, la de Jesús a los suyos. Pero sin olvidar, como siempre desde hace más de cinco meses, la cruel guerra en Ucrania. "Mi pensamiento va al pueblo ucraniano que aún sufre esta guerra tan cruel, y también recemos por los migrantes que llegan continuamente".

Un Jesús que anuncia a los suyos su marcha y les da ánimos, pese a su fragilidad. "El tiempo de vida que les queda a los discípulos será, inevitablemente, un paso por la fragilidad del testimonio y por los desafíos de la fraternidad. Pero también será un paso por las apasionantes bendiciones de la fe", explicó Francisco.

La vejez, un testimonio conmovedor y alegre

En este sentido, añadió, "la vejez es el tiempo propicio para dar un testimonio conmovedor y alegre de esta expectativa", y "hace aún más transparente la promesa del verdadero destino de la vida: un lugar en la mesa con Dios, en el mundo de Dios". En este punto, el Papa apuntó que "sería interesante ver si en las iglesias locales existe alguna referencia específica destinada a revitalizar este ministerio especial de espera en el Señor, fomentando los carismas individuales y las cualidades comunitarias de la persona anciana".

El Papa camina hacia el centro del Aula Pablo VI
El Papa camina hacia el centro del Aula Pablo VI

"Una vejez que se consume en el abatimiento por las oportunidades perdidas trae consigo el abatimiento para uno mismo y para todos", advirtió. "En cambio, la vejez vivida con dulzura y respeto por la vida real disuelve definitivamente una comprensión errada acerca de una fuerza que debe bastarse a sí misma y a su propio éxito".

"Incluso disuelve el equívoco de una Iglesia que se adapta a la condición mundana, pensando así en gobernar definitivamente su perfección y realización", resaltó, señalando que el tiempo de envejecimiento "es una obra que a Jesús no le fue dada para que la cumpliera: ¡Su muerte, resurrección y ascensión al cielo la hicieron posible para nosotros!".

Un 'noviciado' en la Tierra

"Recordemos que “el tiempo es superior al espacio”. Es la ley de la iniciación. Nuestra vida no está destinada a cerrarse sobre sí misma, en una ilusoria perfección terrenal, está destinada a ir más allá, a través del paso de la muerte. En efecto, nuestro lugar firme, nuestro punto de llegada no está aquí, está junto al Señor, donde Él habita para siempre".

Fieles esperan al Papa en el Aula Pablo VI
Fieles esperan al Papa en el Aula Pablo VI

Por eso, "nuestra vida en la tierra es una especie de "'noviciado': somos aprendices de la vida, que - en medio de mil dificultades- aprendemos a apreciar el don de Dios, honrando la responsabilidad de compartirlo y hacerlo fructificar para todos".

"El tiempo de vida en la tierra es la gracia de este paso", explicó. Por ello, "la pretensión de detener el tiempo, de querer la eterna juventud, el bienestar ilimitado, el poder absoluto, no solo es imposible, sino que es delirante".

"Lo mejor está por llegar"

"Somos imperfectos desde el principio y seguimos siendo imperfectos hasta el final", explicó Bergoglio, incidiendo en que "la vejez conoce definitivamente el sentido del tiempo y las limitaciones del lugar en el que vivimos nuestra iniciación. Por eso ella es creíble cuando nos invita a alegrarnos del paso del tiempo: no es una amenaza, es una promesa".

"En nuestra predicación, el Paraíso suele estar justamente lleno de dicha, de luz, de amor. Quizá le falte un poco de vida. Jesús, en las parábolas, hablaba del Reino de Dios añadiéndole más vida. ¿No somos, acaso, capaces de esto?", preguntó. "La vejez es la fase de la vida más adecuada para difundir la alegre noticia de que la vida es una iniciación para una realización definitiva. Y lo mejor está por llegar. ¡Que Dios nos conceda una vejez capaz de esto!", finalizó.

Francisco, durante su catequesis
Francisco, durante su catequesis

Saludos del Papa en castellano:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis contemplamos a Jesús que se despide de sus discípulos con palabras de consuelo. Les dice: “No se inquieten, voy a prepararles un lugar en la Casa de mi Padre”. Después de la Ascensión del Maestro a los cielos, los discípulos experimentan, por un lado, la fragilidad del testimonio y los desafíos de la fraternidad, y por otro, la fortaleza que radica en las promesas y bendiciones del Señor.

También nosotros, en el seguimiento de Jesús, recorremos el camino de la vida como aprendices, experimentando dificultades y fatigas. En este camino se nos invita, con la gracia de Dios, a salir de nosotros mismos y a ir siempre más allá, hasta llegar a la meta definitiva, que es el encuentro con Cristo. La ancianidad es el tiempo propicio para dar testimonio de la espera anhelante de ese encuentro definitivo. Por eso, sería interesante que las Iglesias locales, acompañando a las personas ancianas, les ayuden a reavivar el ministerio de la espera del Señor.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Quiero expresar mi cercanía de modo especial a los afectados en la tragedia causada por las explosiones y el incendio de la Base petrolera de Matanzas, en Cuba. Pidámosle a nuestra Madre, Reina del cielo, que vele por las víctimas de esta tragedia y sus familias. Y que interceda por todos nosotros ante el Señor, para que sepamos dar testimonio de la fe y la esperanza en la “vida del mundo futuro”. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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