"Pidamos la paz, la verdadera paz para estos pueblos y para todo el mundo" El papa ve "terrible" la rentabilidad de la industria armamentística, que es "ganar con la muerte"

El papa, en la audiencia
El papa, en la audiencia

"No nos olvidemos de rezar por la paz, recemos por los pueblos que son víctima de la guerra. La guerra siempre es una derrota"

"Lamentablemente hoy las inversiones que dan más rentabilidad son las fábricas de las armas, terrible, ganar con la muerte. Recemos por la paz, que salga adelante"

El papa Francisco calificó este miércoles de "terrible" que actualmente las inversiones más rentables sean las que producen armas, sostuvo durante la audiencia general con los fieles, pidiéndoles rezar por la paz en el mundo.

"No nos olvidemos de rezar por la paz, recemos por los pueblos que son víctima de la guerra. La guerra siempre es una derrota", dijo al término de la audiencia de los miércoles, celebrada hoy en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Francisco pidió a los creyentes rezar "por la martirizada Ucrania que sufre mucho", por "los habitantes de Palestina e Israel, que están en guerra" o por los 'rohinyá', la minoría étnica predominantemente musulmana perseguida ne Myanmar.

Consigue el libro regalo 'Yo estoy con Francisco'

Gaza

"Pidamos la paz, la verdadera paz para estos pueblos y para todo el mundo", instó.

Y agregó: "Lamentablemente hoy las inversiones que dan más rentabilidad son las fábricas de las armas, terrible, ganar con la muerte. Recemos por la paz, que salga adelante". 

Pesar por Kenia

El papa Francisco expresó este miércoles su pesar por las numerosas personas que han muerto en el último mes en Kenia a causa de las lluvias torrenciales y las inundaciones.

"Deseo transmitir al pueblo de Kenia mi cercanía espiritual en estos momentos en los que un grave aluvión ha quitado la vida trágicamente a muchos de nuestros hermanos y hermanas", dijo el pontífice en la audiencia general en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Por eso, exhortó a los miles de fieles que le escuchaban a rezar por todos quienes "están sufriendo los efectos de este desastre natural".

El ministro keniano del Interior, Kithure Kindiki, ha situado en 169 el número total de muertos a causa de las inundaciones y lluvias torrenciales durante el último mes, lo que también ha dañado numerosas infraestructuras en todo el territorio nacional.

El último desastre se ha registrado en la localidad de Kamuchiri, cerca de la ciudad de Mai Mahiu, con al menos 71 muertos.

Entretanto, unas 91 personas están desaparecidas y al menos 102 heridas, mientras alrededor de 190.942 se han visto afectadas y cerca de 150.500 han tenido que abandonar sus hogares.

Además de Kenia, otros países de África oriental, incluidos Tanzania, Burundi y la República Democrática del Congo (RDC), también se han visto afectados negativamente por las inundaciones intensificadas por el fenómeno meteorológico de El Niño.

Kenia

La fe, entrega libre a Dios del ser humano

Esta mañana, durante la Audiencia General, el Papa Francisco reflexiona sobre la virtud teologal de la fe: “Es la virtud que hace al cristiano. Porque ser cristiano no es aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino acoger y custodiar un vínculo: un vínculo con Dios y yo”.

La fe, junto a la caridad y la esperanza, es la tercera virtud "teologal". Pero, ¿porque estas virtudes son teologales? “Porque sólo podemos vivirlas gracias al don de Dios” ha explicado el Santo Padre este miércoles frente a miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Francisco reflexiona este primero de mayo acerca de las virtudes teologales, y recuerda que son los grandes dones que Dios hace a nuestra capacidad moral: “Sin ellas, podríamos ser prudentes, justos, fuertes y templados, pero no tendríamos ojos que ven incluso en la oscuridad, no tendríamos un corazón que ama incluso cuando no es amado, no tendríamos una esperanza que osa contra toda esperanza”.

Audiencia papal

¿Qué es la fe?

“El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica que la fe es el acto por el cual el ser humano se entrega libremente a Dios” ha dicho esta mañana el Santo Padre.

De hecho, para Francisco “la fe es la virtud que hace al cristiano”: “Porque ser cristiano no es ante todo aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino que ser cristiano es acoger y custodiar un vínculo: un vínculo con Dios y yo, mi persona y el rostro amable de Jesús. Este vínculo es el que nos hace ser cristianos”.

El gran enemigo de la fe

“No es la inteligencia, no es la razón, como por desgracia algunos siguen repitiendo obsesivamente, sino que el gran enemigo de la fe es el miedo”. El Papa Francisco recuerda que es por eso que “la fe es el primer don que hay que acoger en la vida cristiana”: “un don que es preciso acoger y pedir cada día, para que se renueve en nosotros”.

Aunque la fe es un don pequeño, “es el esencial”

Y es que, para un padre cristiano, consciente de la gracia que se le ha concedido, “es ése el don que debe pedir también para su hijo: la fe” dice el Papa: “Con ella, un padre sabe que, incluso en medio de las pruebas de la vida, su hijo no se ahogará en el miedo. Sabe también que, cuando deje de tener un padre en esta tierra, seguirá teniendo a Dios Padre en el cielo, que nunca le abandonará”.

El consejo del Papa: Pedir al Señor que aumente nuestra fe

“Como dice el Apóstol, la fe no es de todos” afirma el Papa, recordando que incluso nosotros, que somos creyentes, “a menudo nos damos cuenta de que solo tenemos una pequeña reserva”. Por ello, hoy el Papa Francisco ha animado a todos los peregrinos presentes y a quienes están conectados por radio y televisión a recitar “una hermosa oración”: "Señor, aumenta nuestra fe". Gracias, Señor”.

Audiencia papal

Catequesis papal

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!  

Hoy quisiera hablarles de la virtud de la fe. Como la caridad y la esperanza, esta virtud se llama  "teologal" porque sólo podemos vivirla gracias al don de Dios. Las tres virtudes teologales son los  grandes dones que Dios hace a nuestra capacidad moral. Sin ellas, podríamos ser prudentes, justos, fuertes  y templados, pero no tendríamos ojos que ven incluso en la oscuridad, no tendríamos un corazón que ama  incluso cuando no es amado, no tendríamos una esperanza que osa contra toda esperanza.  

¿Qué es la fe? El Catecismo de la Iglesia Católica, citando la Constitución conciliar Dei Verbum,  explica que la fe es el acto por el cual el ser humano se entrega libremente a Dios (n. 1814). En esta fe,  Abraham fue nuestro gran padre. Cuando aceptó dejar la tierra de sus antepasados para dirigirse a la tierra  que Dios le mostraría, probablemente se le juzgó loco: ¿por qué dejar lo conocido por lo desconocido, lo  seguro por lo incierto? Pero Abraham se pone en camino, como si viera lo invisible. Y seguirá siendo lo invisible lo que le hace subir al monte con su hijo Isaac, el único hijo de la promesa, que sólo en el último  momento se librará del sacrificio. Con esta fe, Abraham se convierte en el padre de una larga estirpe de  hijos.  

Hombre de fe fue también Moisés, que, aceptando la voz de Dios incluso cuando más de una duda  podía asaltarlo, permaneció firme confiando en el Señor, e incluso defendió al pueblo que tantas veces  carecía de fe.  

Mujer de fe será la Virgen María, quien, al recibir el anuncio del Ángel, que muchos habrían  desechado por demasiado exigente y arriesgado, responde: "He aquí la esclava del Señor: hágase en mí  según tu palabra" (Lc 1,38). Con el corazón lleno de confianza en Dios, María emprende un camino del  que no conoce ni la ruta ni los peligros.  

La fe es la virtud que hace al cristiano. Porque ser cristiano no es ante todo aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino acoger y custodiar un vínculo: Dios y yo, mi persona y el rostro  amable de Jesús.  

A propósito de la fe, me viene a la mente un episodio del Evangelio. Los discípulos de Jesús están  cruzando el lago y se ven sorprendidos por una tormenta. Creen que podrán salir adelante con la fuerza de  sus brazos, con los recursos de su experiencia, pero la barca comienza a llenarse de agua y les entra el  pánico (cfr. Mc 4,35-41). No se dan cuenta de que tienen ante sus ojos la solución: Jesús está allí con  ellos, en la barca, en medio de la tormenta, durmiendo. Cuando por fin lo despiertan, asustados e incluso  enfadados porque creen que Él les deja morir, Jesús les reprende: "¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no  tienen fe?" (Mc 4,40).  

He aquí, pues, el gran enemigo de la fe: no la inteligencia, no la razón, como por desgracia algunos siguen repitiendo obsesivamente, sino, simplemente, el miedo. Por eso, la fe es el primer don que  hay que acoger en la vida cristiana: un don que es preciso acoger y pedir cada día, para que se renueve en  nosotros. Aparentemente es un don pequeño, pero es el esencial. Cuando nuestros padres nos llevaron a la pila bautismal, anunciaron el nombre que habían elegido para nosotros, y luego el sacerdote les preguntó:  "¿Qué le piden a la Iglesia de Dios?". Y ellos respondieron: "¡La fe, el bautismo!".  Para un padre cristiano, consciente de la gracia que se le ha concedido, es ése el don que debe  pedir también para su hijo: la fe. Con ella, un padre sabe que, incluso en medio de las pruebas de la vida,  su hijo no se ahogará en el miedo. Sabe también que, cuando deje de tener un padre en esta tierra, seguirá  teniendo a Dios Padre en el cielo, que nunca le abandonará. Nuestro amor es frágil, sólo el amor de Dios  vence la muerte.  

Por supuesto, como dice el Apóstol, la fe no es de todos (cfr. 2 Ts 3,2), e incluso nosotros, que  somos creyentes, a menudo nos damos cuenta de que solo tenemos una pequeña reserva. Jesús podría  reprendernos con frecuencia, como a sus discípulos, por ser "hombres de poca fe". Pero es el don más  feliz, la única virtud que nos está permitido envidiar. Porque quien tiene fe está habitado por una fuerza  que no es sólo humana; en efecto, la fe "suscita" en nosotros la gracia y abre la mente al misterio de Dios.  Como dijo una vez Jesús: «Si tuvieran un poco de fe como un granito de mostaza, podrían decir a esa  morera:" Arráncate y plántate en el mar", y les obedecería.» (Lc 17, 6). Por eso también nosotros, como  los discípulos, repetimos: Señor, ¡aumenta nuestra fe! (cfr. Lc 17,5) 

Etiquetas

Volver arriba