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El Papa dedica la misa a quienes piensan en el "después" de la pandemia
Viernes de Dolores. Día en que recordamos los siete dolores de la Virgen, “desde hace siglos”, como apuntó el Papa Francisco, quien reivindicó la maternidad de María, con Jesús y con la Iglesia. Nada más. “Es nuestra Madre. No ha pedido para ella ser una casi-redentora, o una co-redentora. No, el Redentor es uno solo. Este título no se puede redoblar. Solo discípula y madre. Y así tenemos que rezarla a ella” dejó claro el Papa.
Francisco dedicó su misa de hoy a la gente “que ahora comienza a pensar en el 'después', el después de la pandemia. En los problemas que llegarán: de pobreza, de trabajo, de hambre”. “Recemos por toda la gente que ayuda, hoy día, y piensa también en el mañana, para ayudarnos a todos nosotros”, subrayó.
En su homilía, Bergoglio recordó a la Virgen “sufriente”, al pie de la cruz, y sus siete dolores. El primero, “apenas 40 días después del nacimiento de Jesús, que habla de una espada que atravesará su corazón”. El segundo dolor, la fuga a Egipto par salvar la vida de Jesús. El tercero, “aquellos días de angustia cuando el joven se quedó en el templo”. El cuarto dolor, al encontrarse con Jesús camino del Calvario. “El quinto dolor es la muerte de Jesús, ver al hijo ahí, crucificado y desnudo”. El sexto, cuando bajan a Jesús de la cruz, en la clásica imagen de la Pietá, “y ella lo toma en sus manos, como lo había tomado treinta años antes en Belén”. El séptimo, la sepultura.
“A mí me hace bien -confesó Francisco- rezar estos siete dolores, para ver cómo la madre de la Iglesia, con tanto sufrimiento, nos ha parido también a nosotros”. Una Virgen que “nunca pidió nada para sí. Sí para los otros: pensemos en Caná”.
“La Virgen jamás dijo: 'Seré la Reina Madre', nunca dijo esto. No pidió nada importante para ella en el Colegio Apostólico. Solamente aceptó el ser madre. Acompañó a Jesús como discípula, con las amigas, mujeres piadosas, escuchaba a Jesús”, apuntó Bergoglio. Y así, María acompañó a su hijo hasta el calvario. “Allí, de pie, la gente seguramente decía 'Pobre mujer, cómo sufrirá'. Y los malvados, seguramente, decían que también ella tenía culpa, porque si la hubiera educado bien, no habría terminado así. Pero estaba ahí, con el hijo. Junto a su hijo”.
“Honrar a la Virgen es decir que ella es mi madre”, concluyó Francisco. “Porque ella es Madre, es el título que ha recibido de Jesús”, que “no la hizo primera ministra, no le dio títulos de funcionalidad, sino de Madre”. Y es que, para el Papa, “la Virgen ha recibido el don de ser madre de Dios, y ser nuestra madre. No ha pedido para ella ser una casi-redentora, o una co-redentora. No, el Redentor es uno solo Este título no se puede redoblar. Solo discípula y madre. Y así tenemos que rezarla a ella. Es la madre, en la Iglesia-madre. En la maternidad de la Virgen tenemos que ver la maternidad de la Iglesia que recibe a todos, buenos y malos”.
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