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Parece que las reuniones a puerta cerrada del Papa las carga el diablo
Las reuniones a puerta cerrada del papa Francisco últimamente las carga el diablo. El pontífice lo ha vuelto a hacer, y solo unos días después de disculparse por haber dicho en una reunión ante 200 obispos que no deberían aceptarse más homosexuales en los seminarios porque «ya hay demasiado mariconeo», ahora un nuevo comentario, esta vez hacia las mujeres, lo ha vuelto a poner en el punto de mira de las críticas. Fue durante otra nueva reunión, también a puerta cerrada y esta vez con jóvenes sacerdotes, a los que les ha pedido que dejen de lado los cotilleos porque «son cosas de mujeres».
«Nosotros llevamos los pantalones, somos los que debemos decir las cosas», les comentó a los chavales para que dejasen de lado los chismorreos y las habladurías en los corrillos internos y que, en cambio, fuesen de cara a la hora de afrontar distintas cuestiones.
Una doble afrenta, primero contra el género femenino y hace unos días lo fue contra el colectivo LGTBI, que parecen tirar por la borda buena parte del trabajo hecho por parte de Bergoglio para hacerse valer como un papa aperturista y sensible a las luchas de los principales colectivos sociales. Una labor por convencer a los más críticos con la institución que ha llevado a cabo de forma incansable y evidente.
Hacia las mujeres, el papa Francisco había hecho en los últimos años gestos notorios de cara a una reevaluación de su importancia en el seno de la iglesia. Incluyó presencia femenina en puestos de decisión y ejecutivos y ha hecho varios llamamientos a un concepto que él llamó feminización de la iglesia. Apostó por «integrar el estilo femenino» en el pensamiento de la institución y defendió que debía ser profundo, y no llegar solo a lo superficial, porque, de lo contrario, según él mismo explicó, terminaría «siendo un machismo con faldas».
Otro gesto destacable fue cuando, para el tradicional lavado de pies a los presos, escogió el pasado mes de marzo una cárcel de mujeres.
Sobre el colectivo LGTBI, Francisco también había dado pasos, cuando permitió, el pasado diciembre, bendecir a las parejas homosexuales, aunque sin equipararlas al matrimonio.
Sus polémicas declaraciones sobre el excesivo mariconeo en los seminarios sentaron como un jarro de agua fría al colectivo. Y la oficina de prensa del Vaticano no tardó en lanzar un comunicado en el que el papa Francisco se excusaba por sus palabras y las achacaba a una simple expresión que no tenía la intención de ser «homófoba». Y pidió perdón a quienes se habían disgustado, «a quien pudiese sentirse ofendido por el uso de un término al que se han referido otros».
Además, manifestó que la institución no excluye a nadie ni lo hará. «¡En la Iglesia hay lugar para todos, para todos! Nadie es inútil ni superfluo, hay lugar para todos, tal como somos», proclamó.
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