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Momento de oración del Papa y los obispos eslovacos en Šaštin
Francisco se despide de Eslovaquia. En su última jornada en el corazón de Europa, y antes de presidir el últio acto multitudinario de su visita, el Papa quiso mantener un momento de oración con los obispos eslovacos en el Santuario Nacional de Šaštin.
Decenas de miles de fieles esperaban a Francisco en una mañana soleada en la explanada. En papamóvil, saludó a todos los presentes, antes de ingresar en el interior para rezar con los obispos del país. Y otros, como el cardenal Dziwisz, antiguo secretario de Juan pablo II y recientemente salpicado por una acusación de encubrimiento de abusos, que fue archivada.
El Santo Padre:
En el nombre de Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El Santo Padre y los obispos recitan juntos la oración de consagración:
Nuestra Señora de los siete dolores,
nos hemos reunido aquí ante ti como hermanos,
dando gracias al Señor por su amor misericordioso.
Y tú estás aquí con nosotros,
como estuviste con los Apóstoles en el Cenáculo.
Madre de la Iglesia y Consuelo de los afligidos,
nos dirigimos a ti con confianza,
en las alegrías y en las fatigas de nuestro ministerio.
Míranos con ternura
y acógenos entre tus brazos.
Reina de los Apóstoles y Refugio de los pecadores,
que conoces nuestros límites humanos,
las faltas espirituales,
el dolor por la soledad y el abandono,
sana nuestras heridas con tu dulzura.
Madre de Dios y Madre nuestra,
te confiamos nuestra vida y nuestra patria,
te confiamos nuestra misma comunión episcopal.
Obtennos la gracia
de vivir con fidelidad cotidiana
las palabras que tu Hijo nos ha enseñado
y que ahora, en él y con él,
dirigimos a Dios nuestro Padre.
El Santo Padre y los obispos:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
El Santo Padre:
Oh Dios, que concedes a tu Iglesia
imitar a la bienaventurada Virgen María
en la contemplación de la pasión de Cristo,
otórganos, por su intercesión,
que nos configuremos cada vez más con tu Hijo unigénito
y alcancemos la plenitud de su gracia.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
El Santo Padre:
Bendigamos al Señor.
R/. Demos gracias a Dios.
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