Y por cómo se come eso de buscar la justicia y la paz, cuando todo alrededor parece un campo de batalla!
❤️CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (IV): PAZ, JUSTICIA Y BIEN
Y por cómo se come eso de buscar la justicia y la paz, cuando todo alrededor parece un campo de batalla!
CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (IV): PAZ, JUSTICIA Y BIEN
¡Hola, hermanos!
En nuestra última charla, el Hermano Francisco me sacó de un buen apuro mental con esto del ego.
Pero claro, cuando te pones a mirar el telediario o los líos del día a día, lo de "Paz y Bien" parece un chiste malo.
Hoy le he preguntado por el famoso lema franciscano-
y por cómo se come eso de buscar la justicia y la paz cuando todo alrededor parece un campo de batalla.
Un abrazo enorme y ¡Paz y Bien!
(Estamos sentados en un pretil de piedra al atardecer. Francisco está afilando una piqueta vieja con una piedra de esmeril, sacando chispas suaves que brillan en la penumbra).
Alfonso: Oye, Francisco... te tengo que confesar una cosa.
Hoy he tenido una discusión tremenda en el curro por temas de dinero y derechos laborales,-
y luego he encendido la tele y se me han caído los palos del sombrajo.
Con las guerras que hay, las injusticias, la crispación en la calle...
A veces repetir nuestro saludo de "Paz y Bien" me sabe a poco. Parece un tópico bonito que no arregla nada.
¿Cómo se puede ser constructor de paz y justicia hoy en día sin quedarse con cara de pardillo?
Hermano Francisco: (Deja la piqueta sobre el regazo, me mira con esos ojos limpios y se ríe suavemente).
¡Vaya, Alfonso! ¿Te esperabas que la paz fuera estar sentado en un sillón tomándote una tisana mientras el mundo arde?
La paz de la que hablaba Jesús no es la ausencia de broncas, es otra cosa mucho más gorda.
Es un fuego que te quema por dentro y te obliga a mover los pies.
Si la paz no te molesta, es que es una paz de mentira, una paz de escaparate.
Alfonso: Ya, pero es que la justicia... ¡la justicia está fatal repartida!
Todo el mundo va a lo suyo, pisan al débil y al final pagan los mismos de siempre.
Cuando intentas defender al que sufre o poner cordura, te machacan o te llaman blando.
¿Por dónde empezamos los de a pie?
Hermano Francisco: (Se levanta, coge un poco de agua de un barreño, se lava las manos con calma y se sienta otra vez).
Mira, Alfonso, nos pasamos la vida exigiendo justicia para los demás y paz para nosotros,
y así no vamos a ningún lado.
La justicia empieza por no ser tú el que mete el pie en el cuello al vecino.
¿Quieres justicia? Empieza por pagar lo justo,
por tratar con dignidad al que te atiende en la caja del súper,
por no aprovecharte del que no tiene defensa-
y por escuchar al que nadie aguanta en tu propia casa.
Alfonso: Sí, eso suena muy bonito en teoría,
pero choca contra la realidad.
¡La gente es muy egoísta! Si tú vas de pacífico, te pasan por encima.
Hermano Francisco: ¿Que te pasan por encima?
¡A mí me apedreaban, me llamaban loco,
me echaban de los pueblos y decían que estaba perdido de la cabeza!
Y sin embargo, nunca respondí con piedras a las piedras.
La verdadera paz no se impone a gritos ni a base de leyes injustas.
La paz se siembra con pequeños gestos de desarme diario.
Cuando alguien te habla mal y le respondes con una sonrisa o con sosiego, le rompes los esquemas.
Al agresor lo desarmas cuando no le das carnaza para su odio.
Eso es hacer el bien de verdad: arrancar el mal de raíz devolviendo bendiciones donde te escupen rencor.
Alfonso: Reconozco que eso me supera, Francisco. Me sale la vena guerrera al primer segundo.
Hermano Francisco: (Se ríe con ganas y me da una palmada en la rodilla).
¡Pues claro que te supera si tiras solo de tus fuerzas!
Por eso el "Paz y Bien" no es un lema político ni un eslogan publicitario.
Es una oración hecha saludo.
Cuando saludas a alguien diciéndole "Paz y Bien",
le estás pidiendo a Dios que ponga Su paz en el corazón de esa persona -
y que te use a ti como herramienta para hacerle el bien.
Es un compromiso en silencio.
Alfonso: O sea, que no tengo que solucionar yo solo los problemas del mundo entero...
Hermano Francisco: ¡Hombre faltaría más, que no eres el ombligo del universo ni el Salvador!
El Salvador ya vino, y nos dejó el testigo a nosotros.
Ocúpate de tu metro cuadrado, Alfonso.
Haz el bien donde pisan tus sandalias: calma esa bronca de vecinos,
reconcíliate con el compañero con el que no te hablas,
cuida la naturaleza que te rodea -
y sé un remanso de paz en medio de tanta prisa y tanto grito.
Si cada uno limpia el trocito de acera que tiene delante de su puerta,
toda la calle estará limpia.
Alfonso: Me quitas un peso de encima, la verdad.
A veces me ahogo pensando que no hago lo suficiente.
Hermano Francisco: (Se pone en pie, sacude el polvo de su hábito-
y me hace un gesto para que nos levantemos).
Tira palante con alegría, Alfonso.
No te dejes robar la esperanza por lo que veas en las pantallas.
Venga, vamos a cenar un cacho de pan y a dormir tranquilos,-
que mañana nos espera otro día para sembrar paz,
aunque sople el viento en contra. ¡Paz y Bien, hermano!
Paz y Bien
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