❤️ CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (VIII Y ÚLTIMA): EL ESTILO DE VIDA

Y, sobre todo, no te tomes tan en serio: Ríete de tus propios fallos, pide perdón cuando metas la pata y da gracias por estar vivo cada vez que te vayas a la cama.

Perdona al instante: No cargues jamás con piedras en el zurrón del rencor.

Cuando te ofendan, trágate el orgullo, sonríe y rompe la cadena del odio antes de que llegue la noche.

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❤️CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (VIII Y ÚLTIMA): EL ESTILO DE VIDA | Alfonso Olaz OFS

❤️ CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (VIII Y ÚLTIMA): EL ESTILO DE VIDA

¡Hola, hermanos!

Llegamos al final de este camino de charlas bajo el olivo con el Hermano Francisco. Después de hablar del ego, del perdón, de la paz y de la confianza, hoy le lancé la pregunta definitiva. Esa que llevaba semanas rondándome la cabeza: ¿cómo se puede mantener este espíritu vivo para siempre en medio del mundo? ¿Qué hay que hacer exactamente para seguir a Jesús al estilo franciscano sin perderse en el intento?

Os comparto este último encuentro, escrito con el corazón en la mano.

Un abrazo enorme y ¡Paz y Bien!

(Es nuestro último atardecer juntos en San Damián. El sol tiñe el cielo de tonos dorados y rojizos. Francisco está sentado en el murete, mirando en silencio hacia Asís, con las manos cruzadas sobre su hábito remendado).

Alfonso: Francisco... se nos acaba el tiempo de charla. Y antes de despedirme, te tengo que hacer la pregunta más importante de todas, la que me quema por dentro. ¿Qué tengo que hacer para seguir de verdad a Jesús? ¿Cómo podría vivir para siempre este estilo de vida que tenéis los franciscanos, esta alegría y esta libertad, pero sin dejar mi familia ni mi trabajo en el mundo?

Hermano Francisco: (Se gira despacio, me mira con una ternura infinita en los ojos y sonríe con esa paz que tanto le caracteriza). ¡Ay, Alfonso! ¿Te piensas que para seguir a Jesús hay que vestir un hábito de sayal como el mío, andar descalzo por los montes o meterse en un convento? El estilo de vida de los hermanos no es una ropa ni un lugar geográfico; es una forma de mirar, de caminar y de amar.

Alfonso: Ya, pero reconóceme que vosotros lo tenéis más fácil: os habéis quitado de en medio los follones del mundo, las facturas, la pela... Vivís centrados en Dios todo el día.

Hermano Francisco: (Se ríe suavemente y me da un toque cariñoso en la rodilla). ¡Craso error, hermano! ¿Te crees que por llevar un hábito estás libre de tentaciones, de discusiones o de preocupaciones? ¡Si dentro de las fraternidades a veces nos sacamos chispas! El mundo no está fuera de los muros, el mundo lo llevamos dentro del corazón. Seguir a Jesús no consiste en huir de la realidad, sino en meterte de lleno en ella pero con el corazón libre y las manos abiertas.

Alfonso: Entonces, ¿cuál es el secreto? Si te pido una regla de vida para llevarme a mi casa, al trabajo y a mi grupo de la Orden Seglar, ¿qué me dirías?

Hermano Francisco: (Se pone de pie, se estira y mira al horizonte). No necesitas inventar nada raro, Alfonso. Apunta bien lo que te voy a decir, que es lo único que importa:

  1. Despréndete de lo superfluo: No dejes que las cosas te posean. Ten lo necesario para vivir y cuidar a los tuyos, pero lo demás, repártelo o compártelo. El dinero es un criado excelente, pero un jefe tirano.
  2. Ama sin mirar a quién: Sal a la calle cada mañana dispuesto a ver a Cristo en el vecino pesado, en el compañero que te discute y en el que suفre en silencio. Sé fraternidad real, sin etiquetas ni exclusiones.
  3. Perdona al instante: No cargues jamás con piedras en el zurrón del rencor. Cuando te ofendan, trágate el orgullo, sonríe y rompe la cadena del odio antes de que llegue la noche.
  4. Camina con el corazón ligero: No intentes controlar el mañana ni llevar tú solo el peso del universo. Fíate de Dios como un niño pequeño se fía de los brazos de su padre.
  5. Y, sobre todo, no te tomes tan en serio: Ríete de tus propios fallos, pide perdón cuando metas la pata y da gracias por estar vivo cada vez que te vayas a la cama.

Alfonso: (Siento un nudo en la garganta y una paz enorme al mismo tiempo). Francisco... me da mucha pena que se acaben estas charlas. Me has cambiado la forma de ver la vida.

Hermano Francisco: (Me coge de los hombros con fuerza, me mira fijamente a los ojos y se ríe con esa alegría contagiosa). ¿Que se acaban? ¡Hombre de poca fe! Las charlas bajo el olivo no se acaban nunca, porque yo ya vivo en tu corazón cada vez que eliges el camino del bien, de la sencillez y de la paz. No me busques en los libros antiguos; búscame en la calle, en el perdón que regalas y en la sonrisa que pones cuando todo se pone feo.

Alfonso: Te prometo que lo intentaré, hermano.

Hermano Francisco: (Se da la vuelta, empieza a caminar sendero arriba hacia el monte y alza la mano sin volverse). ¡Pues a caminar se ha dicho, Alfonso! No mires atrás, pon alegría en lo que haces y deja buen olor a Evangelio por donde pises. ¡Paz y Bien, hermano mío!

Paz y Bien

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