Despierta, hermano mío, despierta.
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Que nada te posea; mantén el centro intacto de tu luz, para que la oscuridad no te domine.
Morir cada día
como la rosa del rosal,
que sabe que es rosa y no otra cosa
y que ese es su destino.
Que nada te posea;
mantén el centro intacto de tu luz
para que la oscuridad no te domine.
Amar sin poseer, sin agenda.
Soltar todo, todo,
para ser nada, nada.
Cortar los hilos de tu vida,
de la cuerda que te atrapa, uno a uno,
despacio, con paz y misericordia, pero con firmeza,
para que no te estrangulen un poco más cada día,
como el pájaro atrapado en la red.
Desapegarte cada día
de lo que de Dios nos aleja:
del ego, la trampa mortal del hombre;
de las sombras de las cruces inacabadas,
de la posesión que no existe,
de los caminos anchos,
de la pereza baldía,
de la tristeza del alma,
de dirigir nuestra vida y la de los demás.
Señor, dame tu luz, toda tu luz;
abrasa mi corazón de tu amor para hacer tu voluntad.
Vaciarnos de todo, soltarnos de todo
y no ser nada, nada, nada,
y ser contigo, Señor, Todo, todo.
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