Las Miradas de San Francisco de Asís, a la madre Santa María! - Capítulo 3- El despojo en la plaza.
Danos la valentía de abrazar nuestra fragilidad!
Cuándo el éxito te revienta por dentro: el arte de soltar la armadura y abrazar la vulnerabilidad
Nos han enseñado que la vida consiste en asegurar el flanco: acumular pólizas de seguros, ahorros, títulos y propiedades para que nadie te pida cuentas jamás. A Francisco le armaron la cabeza exactamente igual: heredar el negocio familiar, consolidar el patrimonio y mantener el apellido bien alto en la escala social. Pero llega un día en que el absurdo de tanto acopio te revienta en las manos. Y es ahí donde te juegas de verdad la vida.
En la plaza de Asís, ante el obispo y ante su propio padre hecho una furia, Francisco no montó un número piadoso de iglesia. Fue un acto de lucidez radical. Se quitó la ropa cara, la devolvió hasta el último cinto y se quedó completamente desnudo a pleno sol.
La mística franciscana no consiste en huir del mundo, sino en romper el engranaje. Al quedarse sin nada, comprendió que las cosas que poseemos terminan poseyéndonos a nosotros. Y en esa desnudez total, vio por fin a la Madre. No a una reina distante, sino a la compañera de los despojados, la que dio a luz a su hijo en un establo ajeno porque no había sitio para ellos en el mesón. Desnudarse de la vanidad es el único modo de empezar a caminar con el alma ligera.
Para llevar a la vida hoy:
- ¿Cuánto de lo que posees te da verdadera seguridad y cuánto se ha convertido en una mochila que te impide moverte?
- ¿Qué significa hoy "desnudarse" de las apariencias y de los qué dirán ante los demás?
- ¿Es posible vivir el Evangelio hoy? Sí, cuando entiendes que tu dignidad no depende de lo que guardas en el banco, sino de la libertad con la que sabes soltarlo todo.
Oración:
Madre del camino libre y despojado,
arranca de nuestro interior la avaricia y el miedo a perder.
Concédenos la ligereza de un alma que se fía de Dios
y no necesita amasar seguridades vanas.
Amén.