💙 Las Miradas de San Francisco de Asís, a la madre Santa María - Capitulo IV -
«Dios no habita en las torres de cristal, sino en los rincones donde cabe un corazón dispuesto a escuchar.»
💙 Las Miradas de San Francisco de Asís, a la madre Santa María -
Capitulo IV -La Porciúncula y el regazo diminuto
La tiranía de lo gigante frente al poder transformador de los pequeños rincones de paz.
Vivimos obsesionados con lo grande: macroproyectos, marcas globales, millones de visualizaciones, rascacielos imponentes. Si no eres masivo, no existes. Francisco tenía a su alcance el poder de las catedrales y el favor de los obispos, pero eligió una capilla en ruinas, diminuta y perdida en un olivar: la Porciúncula.
Allí, entre paredes de piedra agrietada y goteras, descubrió el secreto de Dios. A la Virgen de los Ángeles la sentía no en un trono de oro, sino presidiendo aquel espacio minúsculo donde cabían los rotos del camino. La mística de lo pequeño. Dios no necesita imperios ni torres de cristal; le basta un rincón estrecho donde quepa un corazón dispuesto a escuchar sin gritar.
Para llevar a la vida hoy:
- ¿Por qué despreciamos sistemáticamente lo pequeño, lo lento y lo cotidiano buscando siempre el impacto gigante?
- ¿Hay algún rincón en tu vida diaria donde puedas hacer silencio y dejar de competir?
- ¿Es posible vivir el Evangelio hoy? Sí, cuando renuncias a la megalomanía y apuestas por cuidar lo frágil y lo cercano.
Oración:
Señora de los Ángeles y de lo pequeño,
enséñanos a amar los rincones sencillos de cada día.
Danos paz en el silencio y líbranos del vértigo
de querer abarcarlo todo con ruido.
Amén.