La historia nos está brindando una oportunidad única ¿Aprovechamos el Covid_19 para cambiar el modelo migratorio?

José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones
José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Europa se enfrenta al desafío del envejecimiento de sus poblaciones y la transformación de sus mercados laborales. Cada vez se necesitaran más trabajadores inmigrantes

Este virus ha recordado a las sociedades más ricas el papel insustituible de los extranjeros en nuestro sistema y el hecho de que muchos de ellos viven desprotegidos por su condición de irregulares

Tenemos la oportunidad de aprovechar este momento de 'lucidez colectiva transitorio' para acelerar reformas que hace solo unos meses eran impensables

(VISIBLES.org).- A estas alturas de la pandemia no tenemos ninguna duda de que nuestro sistema económico-social no es sostenible y está 100% descolocado; muchas de sus bases de funcionamiento ya no son válidas.

Por ejemplo, hasta ahora, la idea era que el actual sistema de gestión de la movilidad humana y migraciones, respondía al interés general de nuestras sociedades. Este modelo, de puerta estrecha, ha supuesto un lastre en la respuesta a la pandemia.

Tenemos la oportunidad de aprovechar este momento de lucidez colectiva transitorio para acelerar reformas que hace solo unos meses eran impensables, como la regularización de miles de trabajadores que carecen de papeles, aunque realicen tareas esenciales para nuestra sociedad.

Algunos enfoques, argumentos para los más activistas, para convertir la pandemia en una posibilidad real para la reforma migratoria son …

Europa se enfrenta al desafío del envejecimiento de sus poblaciones y la transformación de sus mercados laborales. Cada vez se necesitaran más trabajadores inmigrantes. 

Este virus ha recordado a las sociedades más ricas el papel insustituible de los extranjeros en nuestro sistema y el hecho de que muchos de ellos viven desprotegidos por su condición de irregulares. Desde las enfermeras y médicos del sistema de salud, a las cuidadoras de los mayores y dependientes, pasando por los temporeros y la recogida de alimentos en los campos, la distribución a domicilio, etc.

El fenómeno de estos “trabajadores esenciales” nos permite “ver” más allá de la protección en las fronteras o de los rescates en el mar. 

La realidad de cerca de 280 millones de migrantes es muy amplia. La mayor parte son trabajadores y estudiantes que no encajan con estos patrones. Además de denunciar lo que está mal, el reto ha de ser adaptar el sistema a la realidad futura, con políticas acordes a las necesidades de las economías de destino, reduciendo las barreras administrativas y dotando a los potenciales inmigrantes de las capacidades e incentivos que les harán participar en programas ordenados y seguros.

Las grandes crisis ofrecen una rara oportunidad para rescatar las propuestas menos convencionales. 

El Pacto Mundial por las Migraciones ha sido una de las pocas buenas noticias de este debate de la gobernanza migratoria. Su valor reside en abrir un terreno de juego que permite a un grupo de actores explorar las mejores prácticas y replicarlas a escala.

Para lograr estos cambios, necesitamos ganar los corazones y las mentes de la mayor parte de la ciudadanía, no solo de quienes ya estaban de acuerdo con nosotros. 

Necesitamos entender mejor la diversidad de nuestras audiencias y llegar a ellas con nuevas narrativas, más atractivas, contaminar con ellas a los partidos de gobierno y “darle la vuelta al relato”. La clave reside en el 40-60% de la población, que no está ni a favor o en contra, sino que se posiciona en respuesta a determinados valores, miedos y aspiraciones. Para este grupo un relato que empatice con sus vínculos personales, ej: la mutua dependencia, el valor de la diversidad en sus vidas, la certeza de que “estamos en esto juntos”, pesa mucho más que cualquier estadística.

La buena noticia es que no hace falta exagerar ni un ápice… Más allá de la tragedia, la incertidumbre y la ansiedad, la covid-19 nos ha enseñado que estamos en esto juntos: para frenar los contagios, para encontrar una vacuna y para reiniciar nuestras economías. La constatación de que nuestras vidas dependen literalmente de quienes han venido de fuera puede ser un poderoso vehículo para la transformación política y social.

Aceleremos reformas que ya eran necesarias antes de la crisis, como la regularización de los trabajadores inmigrantes sin papeles, el refuerzo de nuestro sistema de asilo o la apertura de oportunidades para profesionales extranjeros en sectores esenciales como la sanidad. Aprovechemos esta oportunidad que nos ofrece la historia.

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