Braulio Rodríguez, contra una sociedad "saciada de consumismo" "El Cristianismo no es un cuento de hadas"

«Para muchos que nos llamamos hoy cristianos el Evangelio tiende fácilmente a ser un hermoso cuento de hadas que no tiene más función que la de enseñarnos unos pocos valores morales a los que se podría llegar también con la mera razón». Son palabras del arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, durante la homilía que pronunció ayer en la misa de apertura del V Centenario de la aprobación de la Regla de la Orden de la Inmaculada Concepción. Lo cuenta Azahara Morales en ABC.

Para fundamentar su idea, el prelado hizo mención al ideólogo italiano del eurocomunismo Antoni Gramsci, «quién escribió que si hoy viéramos a alguien tomarse con seriedad la verdad del Evangelio nos parecería un monstruo». Ante unas sesenta monjas concepcionistas franciscanas de clausura, Don Braulio alertó de una sociedad «saciada de consumismo y desesperada del capitalismo tardío» que ocupa su tiempo comprando y divirtiéndose, pensando lo menos posible.

Asimismo afirmó que el destino de estas personas -a las que comparó con hojas de los árboles y hormigas- «se encuentra en el olvido, en medio del enorme bostezo del cosmos». Este modo de vida y pensamiento es para Rodríguez «el causante inevitable de querer hacer un mundo sin Dios, sin Iglesia y sin Cristo».

El arzobispo de Toledo destacó el carisma de Santa Beatriz en la misa que ofició en la Casa Madre de la Orden, el convento toledano de las concepcionistas, y a la que asistieron numerosas monjas, 15 del mismo convento y 45 de otros monasterios de la Confederación. En el acto, que exhibió en el presbiterio una reproducción de la Orden de la Inmaculada Concepción, el arzobispo primado estuvo acompañado por 24 sacerdotes y un diácono.

Durante el encuentro, el arzobispo de Toledo recordó la vida de Santa Beatriz de Silva, quien antes de fundar la Orden prestó sus servicios como dama de la reina Isabel de Portugal, madre de Isabel la Católica. La belleza de Beatriz provocó los celos de la reina, motivo por el cual fue encerrada en un arcón. A partir de ese momento renunció a la vida de la corte y se trasladó al convento de Santo Domingo el Real de Toledo. Dedicada al culto a Dios y a las obras de caridad, fundó la nueva orden dedicada a la Inmaculada Concepción. Con el respaldo de la Reina Isabel II, el Papa Inocencio VII aprobó la Orden el mismo año de su muerte.

La Reina Católica modificó la obra en 1511,-centenario que ayer abrió la celebración de todo un año- situando a las monjas bajo la Orden de Santa Clara. Monseñor Rodríguez se refirió a Santa Beatriz como una «persona llena belleza y atractivo, que deja percibir en ella la gloria de Dios».

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