Manifiesto de Hermandades del Trabajo: "Tomar conciencia, asumir responsabilidades, promover cambios" 1º de mayo: "Que el derrotismo no tenga la última palabra"

1º de mayo:  "Que el derrotismo no tenga la última palabra"
1º de mayo: "Que el derrotismo no tenga la última palabra"

Como cada año, la Comisión Nacional de España de las Hermandades del Trabajo publica su Manifiesto por el 1º de Mayo, este año bajo el lema “Tomar conciencia, asumir responsabilidades, promover cambios”

"Queremos también agradecer el trabajo de quienes, desde diversos puestos, tareas y responsabilidades laborales, alivian el dolor de la pandemia y permiten que la vida"

"Las colas del hambre que estos días cuestionan nuestra realidad social, nuestra estructura económica y el bienestar de nuestra sociedad, no pueden ser sólo atribuidas a la pandemia"

"Seguimos sufriendo en España niveles de paro inasumibles, un volumen de la economía sumergida indignante y una incapacidad institucional y estructural de que los incrementos de riqueza repercutan proporcionalmente en los trabajadores"

(Hermandades del Trabajo).- l 1º de mayo, fiesta de S. José obrero, siempre es un momento privilegiado para que, desde las Hermandades del Trabajo, hagamos una lectura de la realidad del mundo del trabajo y de los trabajadores a la luz de la situación actual y bajo la guía de la Doctrina social de la Iglesia.

Memoria y gratitud

Nuestras primeras palabras quieren ser un recuerdo agradecido y emocionado de todas las víctimas de la pandemia, muy especialmente de todos los trabajadores que fallecieron tras contraer la enfermedad en sus puestos de trabajo sirviendo a la sociedad y al bien común. Que su entrega nunca se borre de nuestra memoria y, los que seamos creyentes, los tengamos siempre en nuestras oraciones.

Queremos también agradecer el trabajo de quienes, desde diversos puestos, tareas y responsabilidades laborales, alivian el dolor de la pandemia y permiten que la vida, a pesar de las dificultades, pueda seguir adelante. Aprovechamos esta circunstancia para reivindicar el valor de esos trabajos que muchas veces son despreciados por su baja cualificación laboral, pero que en estas circunstancias han demostrado que su valor social y su contribución al bienestar reclaman una mayor consideración y unas muy necesarias y justas mejoras en sus condiciones laborales: empleadas de hogar, personal auxiliar, repartidores, mensajeros, …. y tantos otros.

Trabajo
Trabajo

Denuncia dolorosa

Las colas del hambre que estos días cuestionan nuestra realidad social, nuestra estructura económica y el bienestar de nuestra sociedad, no pueden ser sólo atribuidas a la pandemia. Tampoco las permanentes dificultades que sufren los jóvenes y los parados de larga duración para incorporarse al mercado laboral. Es imperiosamente necesaria una respuesta justa y eficaz a esta realidad.

Seguimos sufriendo en España niveles de paro inasumibles, un volumen de la economía sumergida indignante y una incapacidad institucional y estructural de que los incrementos de riqueza repercutan proporcionalmente en los trabajadores. En España, tener trabajo no asegura salir de la pobreza. ¿Cómo puede ser esto?, ¿es aceptable este injusto reparto de la riqueza?, una vez más ¿serán los trabajadores los que paguen la mayor parte del precio de una crisis?

Simultáneamente, no faltan casos donde se intenta bordear, esquivar o ignorar, la Ley del Estatuto de los Trabajadores, en nombre de unas supuestas posibilidades de mantener los puestos de trabajo. El precio de esto siempre es el mismo, la perdida de garantías y derechos laborales.

Tampoco queremos olvidar la realidad de tantos autónomos y pequeños empresarios que han tenido que cerrar sus negocios, o se han visto obligados a despedir empleados, o a recurrir a los ERTEs y a los EREs. Los hechos son los hechos, y, en España, quienes mayor volumen de puestos de trabajo generan son ellos. Su situación reclama cambios y una legislación que, de manera cierta y eficaz, les apoye y ayude.

Caminar en la dirección correcta

No nos quedemos mirando esta realidad desde fuera. Todos somos trabajadores; todos, como consumidores, generamos trabajo. Que la pandemia sea un aldabonazo en nuestras conciencias, para generar cambios reales en nuestros estilos de vida, en nuestras maneras de comportarnos socialmente, en nuestra manera de ser ciudadanos y cristianos. Insistimos en que todos hagamos un uso adecuado y responsable de todos los servicios públicos. Precisamente, por ser de todos y estar al servicio de todos, todos debemos cuidarlos.

Y, junto a la transformación personal, reclamamos un cambio legal e institucional que combata decididamente esa situación de injusticia laboral y social. Reclamamos una mayor y más decidida lucha contra la corrupción, y una auténtica justicia fiscal que garantice la redistribución de la riqueza en nuestra sociedad, para que se aseguren los derechos de todos, que habrán de ir de la mano del esfuerzo de todos por cumplir también nuestros deberes y responsabilidades ciudadanas y laborales.

Las colas del hambre, el empobrecimiento de los trabajadores, la ruina de los autónomos y pequeños empresarios exige afrontar las causas de la crisis, las coyunturales y las que se arrastran desde hace lustros. La injusticia social es el peor enemigo del pacto social que sostiene una democracia moderna.

Que el derrotismo no tenga la última palabra

Antes de terminar, queremos recordar unas palabras del papa Francisco que estamos convencidos deben iluminar nuestra reflexión ante el drama económico y laboral que estamos viviendo: “es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar… La pérdida de trabajo que afecta a tantos hermanos y hermanas, y que ha aumentado en los últimos tiempos debido a la pandemia de Covid-19, debe ser un llamado a revisar nuestras prioridades” (Carta apostólica Patris corde).

Nos despedimos con la esperanza cierta de que, con el esfuerzo de todos y con la sabiduría de saber buscar y poner lo que nos une a todos por encima de lo que nos separa, la realidad de un mundo laboral más humano y más justo es posible.

Fraternalmente,

¡UNOS POR OTROS Y DIOS POR TODOS!

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