Múgica ha defendido los Derechos Humanos como "camino imprescindible Navarra homenajea a Guillermo Múgica, fundador del Foro Gogoa: "Que todas las víctimas dejen huella"

Homenaje a Guillermo Múgica en el día Internacional de la Paz
Homenaje a Guillermo Múgica en el día Internacional de la Paz

Guillermo Múgica, fundador de Foro Gogoa, ha recibido un homenaje este sábado con motivo del Día de la Paz en un acto celebrado en Tudela

Al acto, en el edificio Castel Ruiz, han asistido la presidenta de Navarra María Chivite, el presidente del Parlamento de Navarra, el alcalde la capital ribera y la consejera de Relaciones Ciudadanas

Chivite ha deseado para Navarra el espíritu que guía a Foro Gogoa, una comunidad que ha pasado de "la sociedad de las brechas a la sociedad de los puentes"

El alcalde, Alejandro Toquero: "alumbrar un trabajo en pos de la convivencia democrática es fundamental"

Guillermo Múgica: los Derechos Humanos son el "camino imprescindible", unos "derechos universales que son universalmente violados"

Ha pedido "compromiso con las víctimas, victimas de mil formas de violencia" y ha alertado de que quizás se esté haciendo de ellas "más que sujetos de derechos, objeto de discurso" cuando el discurso debería ser "corolario de los actos

Guillermo Múgica, fundador de Foro Gogoa, ha recibido un homenaje este sábado con motivo del Día de la Paz en un acto celebrado en Tudela.

Un acto en el edificio Castel Ruiz al que han asistido la presidenta de Navarra María Chivite, el presidente del Parlamento de Navarra, el alcalde la capital ribera y la consejera de Relaciones Ciudadanas.

Chivite ha deseado para Navarra el espíritu que guía a Foro Gogoa, una comunidad que ha pasado de "la sociedad de las brechas a la sociedad de los puentes", que "escucha y tolera a los diferentes", y que "está con las víctimas, por lo que no vamos a permitir que otros traten de monopolizar su discurso".

"Las víctimas de la violencia son tan plurales como la sociedad" y de ahí que haya abogado por un ejercicio de memoria colectiva para encontrarnos como sociedad y sujetos de derechos, lo que le ha llevado a alertar sobre el riesgo de legitimar violencias y conflictos pasados y a pedir un diálogo "entre la paz imperfecta y la paz positiva a alcanzar".

Según Chivite, "la paz apela a los corazones pero las acciones por la paz apelan al cerebro y ambos son necesarios", de ahí que haya apostado por "una paz en positivo" como pretende el Gobierno de Navarra con el plan de convivencia entre diferentes que se está elaborando "con una memoria crítica e inclusiva, con respeto, diálogo, cooperación e innovación", que quiere reparar a las víctimas y que rechaza la violencia como instrumento político.

Por eso la presidenta ha rechazado una vez más los actos de homenmaje y bienvenida a los condenados por terrorismo, porque su reivindicación es "injusta y equivocada".

Para terminar el acto ha agradecido la labor de Guillermo Múgica y Foro Gogoa, y valorado "la tarea colectiva por la paz, la convivencia y el bien común", a la que ha convocado a toda la sociedad navarra.

Antes el alcalde Alejandro Toquero ha dado a todos la bienvenida a Tudela, una "ciudad de paz" que "abre sus brazos como siempre para acoger a gente de bien", a las que ha pedido "reflexión para las buenas decisiones" porque "alumbrar un trabajo en pos de la convivencia democrática es fundamental".

Foro Gogoa

Se trata, ha precisado, de "un ejercicio solidario de empatía y convivencia, de entendimiento de las circunstancias de los más vulnerables y de coherencia".

"Hay gente que trabaja arduamente por la cinvivencia y la paz y también hay gente que dinamita ese trabajo y sigue empeñada en ensalzar la violencia", ha alertado el alcalde, y añadido que en una misma sociedad están "los que trabajan por la paz la paz" y los que "no mueven un dedo" frente a quienes la debilitan.

Por su parte Guillermo Múgica ha indicado al agradecer el homenaje que "las mentes y los corazones" en este Día de la Paz están "en esas partes del mundo donde millones de personas sufren la devastación de las guerras o de ideologías violentas", y ha defendido los Derechos Humanos como "camino imprescindible", unos "derechos universales que son universalmente violados".

Ha pedido por ello "compromiso con las víctimas, victimas de mil formas de violencia", unas más evidentes que otras pero "destructivas todas", y ha alertado de que quizás se esté haciendo de ellas, "más que sujetos de derechos, objeto de discurso" cuando el discurso debería ser "corolario de los actos".

Pero las palabras, ha advertido, son "portadoras de todo un potencial" que puede ser "frenante o transformador", por lo que ha planteado una "exigencia" para que la palabra "rompa los muros del pensamiento único y posibilite el mejor pensamiento crítico, positivo y propósito" en un "diálogo franco, respetuoso y desarmado", como han intentado en estos años los miembros de Foro Gogoa, entre los que Múgica ha recordado emocionado a los fallecidos Conchita Corera y Javier Pagola.

Por su parte el filósofo Daniel Innerarity, encargado de la laudatio, ha destacado que el homenajeado y Foro Gogoa "son la misma cosa, el mismo espíritu", "reflexión", un "diálogo sereno" y "voluntad para proporcionar horizontes de acción".

Y tras precisar que el Foro fue desde sus orígenes "un espacio singular cuando todo se conjuraba para hacer imposible el diálogo", ha sostenido que "en la sociedad de las brechas" siempre ha tenido "preferencia por los más vulnerables", como víctimas, mujeres, trabajadores o migrantes.

Discurso completo de Guillermo Múgica

"Señora Presidenta del Gobierno de Navarra, Señora Consejera de Relaciones Ciudadanas, Señor Alcalde de Tudela, Autoridades presentes en este acto, amigas y amigos todos: Eguerdi on. Y, en nombre del Foro Gogoa y en el mío propio, vaya por delante nuestro saludo más cordial y fraterno.

En un día tan señalado como el Internacional de la Paz, que anticipamos y conmemoramos hoy; y, a su sombra, en una celebración como la que ahora nos congrega, instituída en 2016 por el Gobierno de Navarra para reconocer y premiar contribuciones significativas a la paz y la convivencia, nuestras mentes y nuestros corazones están puestos ante todo, inevitablemente, en esas partes del mundo en que millones de seres sufren en estos momentos la devastación de las guerras o de ideologías y prácticas esclavizantes y violentas, que banalizan a la postre la vida humana: víctimas inocentes cuyo valor y dignidad, así como los derechos a ellos inherentes, son gravísima e impunemente quebrantados. Sé que con ellas, con las Víctimas, no sin cierto sentimiento de dolorida impotencia, pero también con humilde ánimo de solidaridad y comprometimiento, estáis vosotras, autoridades, y queremos estar y estamos todas y todos.

Sabemos lo que los Derechos Humanos, su reconocimiento y su práctica, representan para el logro y mantenimiento de un mundo en paz. Son el suelo básico en el que ésta puede florecer y camino imprescindible para lograrla. Pero me asaltan no obstante al respecto, como oscura e inquietante sombra, unas palabras que recuerdo haberle leído, hace ya muchos años, al político, profesor y humanista – no en vano había hecho su tesis doctoral sobre Jacques Maritain – D. Gregorio Peces Barba. En su aportación a un libro colectivo sobre los DDHH el ilustre maestro recogía un dicho al parecer repetido y no exento de desencanto y dramática ironía: "No hay nada más universalmente violado – decía – que los derechos humanos universales". Palabras, éstas, que me impresionaron entonces y que, al recordarlas hoy, creo que pretendían ser en su momento, y deben ser en el presente, al tiempo que recordatorio de nuestras debilidades e incoherencias, un acicate y una exigencia para un compromiso creciente, un compromiso siempre mayor.
Compromiso ¿con qué o con quienes? Con todo ser humano, por supuesto. Y con el medio que le envuelve, sustenta, configura su ámbito vital, y del cual – no hemos de olvidarlo – todas y todos somos responsables. Y ante todo y sobre todo compromiso con las víctimas, con todas las víctimas de las mil formas de violencia que han existido y hoy existen: groseras y descarnadas unas, más sutiles otras, pero destructivas todas ellas por violadoras de lo humano y de la vida que lo sustenta.

Y si, tiempo atrás, las palabras de Peces Barba representaron para mi un interpelante grito de alerta, más recientemente han sido las del reconocido experto en ciencias sociales Boaventura de Sousa Santos, de Coimbra, las que han estado resonando en mi espíritu como una severa advertencia y una cuestionante pregunta: si, en nuestro afrontamiento del grito y la realidad de las víctimas, no estaremos haciendo de ellas "más que sujetos de derechos, objeto de discursos". Les confieso, por eso, que una de mis preocupaciones hoy aquí, – sé que también la del Foro Gogoa, y confío, deseo y espero que la de todas y todos ustedes, en especial la de quienes por profesión o encomienda abundamos en discursos -, una de mis preocupaciones, digo, es cómo convertir en actos las palabras. Aunque prefiero que éstas vengan después de aquéllos. Y que el discurso no sea más que expresión y corolario de los actos

Pero no hemos de olvidar que también las palabras tienen su entidad real y específica, y su propia incidencia; y que, en tanto actos humanos, las palabras son también factores sociales y políticos, o en su caso religiosos, en la coyuntura concreta; y que son portadoras, por tanto, de todo un potencial, que podrá ser conservador y frenante o, por el contrario, transformador de lo dado y establecido. No en vano se afirma que hoy la palabra tiende a crear realidad. Si bien sería un grave error ignorar el marco de tal afirmación, hasta qué punto el recurso natural y necesario a la palabra aparece hoy fuertemente problematizado: y no sólo por determinadas inflaciones sectoriales de la misma, sino por su contextualización en la sociedad de la digitalización y la sobreabundancia mediática, del marketing y la publicidad, de las técnicas de manipulación y seducción, del secuestro de la verdad y hasta de la mentira como producto.

Subrayo, pues, la importancia de las palabras, al tiempo que su ambigüedad, - y, por ello, la fuerte exigencia crítica que nos plantean -, porque tanto el Foro Gogoa como yo mismo nos hemos desenvuelto en gran medida entre ellas y a ellas hemos dedicado buena parte de nuestros esfuerzos. Hemos pretendido honestamente, dentro de nuestras posibilidades – y de nuestras debilidades también -, romper los muros del pensamiento único, posibilitar el acceso oral y escrito al mejor pensamiento crítico, positivo y propositivo del momento en las diversas áreas de interés (ya fuera económico, social, político, cultural, ético, espiritual o religioso). Hemos promovido que todas y todos pudieran tener su propia palabra y expresarla por supuesto en diálogo franco, respetuoso y, ¿por qué no decirlo?, verbalmente desarmado.

Hemos procurado impulsar y colaborar en todo aquello que pudiera contribuir a un avance en reconocimiento recíproco, humanidad y justicia€ Hoy el Gobierno de Navarra, a propuesta de la Consejería de Relaciones Ciudadanas y su Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos premia nuestro desinteresado trabajo, reconociendo en él, de ese modo, una aportación efectiva, bien sabemos que modesta, a la convivencia y la paz. Sepan que esto nos hace felices, que lo consideramos un honor y que lo agradecemos de corazón. Y que hacemos extensivo este premio y partícipes del mismo a personas tan entrañablemente recordadas y significativas en el Foro Gogoa como Conchita Corera y Javier Pagola.
Permítanme que, a continuación, vaya concluyendo mi intervención, apuntando esquemática y telegráficamente, a modo de simbólico anticipo, unas pocas cuestiones – escojo cuatro entre otras – que, aunque ya han sido y son objeto de atención, la van a seguir demandando en el futuro. Se trata sobre todo de preguntas más que de afirmaciones. Paso a enunciarlas:

1ª.- Se apela con frecuencia a que estamos felizmente en "un tiempo nuevo" – en alusión a la desaparición de la violencia y la disolución de ETA - . Es cierto. Pero ¿no lo es también, y quizás con más exactitud, que vivimos más bien un tiempo marcado?: ¿Marcado por lo que ya no es (esto es, el golpe del 36, la dictadura y el franquismo, ETA, desviaciones y actos criminales por parte de aparatos del Estado€) y, marcado también, por lo que todavía no es (es decir, el reconocimiento pleno de todo lo sucedido, de sus efectos y sus víctimas, la memoria, justicia y reparación debidas, etcétera)?

2ª.-Transparencia y verdad ¿no son una vía, además de justa, sociopolíticamente más correcta y segura, y, a la postre, más constructiva para la convivencia y la paz que el oscurantismo y el secretismo?

3ª.- Socialmente ¿no tendríamos que distinguir con mayor sensibilidad y nitidez entre sufrientes y víctimas? Es constatable cómo en los conflictos violentos y que se alargan en el tiempo el sufrimiento tiende a expandirse. Y como bien advertía el sobreviviente del Exterminio nazi y Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel: "no debemos hacer comparaciones en el dolor". Es cierto. Por muchas razones los dolores no son comparables. Pero tampoco son equiparables. Y cuando hablamos o se trata de víctimas, no sólo tomamos en consideración su dolor, sino, muy especialmente, la injusticia del mismo y la grave violación y el quebranto de su dignidad humana.

4ª.- Y por último ¿no es cierto que en torno a la memoria nos aguardan importantes cuestiones pendientes, si lo que en verdad necesitamos y deseamos construir es una memoria colectiva? Son innegables la importancia, la necesidad y los frutos efectivos de la misma para la convivencia y la paz. Pero ¿cómo cuidar que la memoria sea motor transformador en el presente y no mera política correcta, o nostalgia, o refugio? Y ¿es suficiente con reivindicar que la memoria sea integral? Y ¿cómo valorar y tratar el hecho de que se haga de la memoria un campo de batalla y del relato un arma de lucha? ¿Hacemos memoria y construímos los relatos desde los otros, desde las víctimas? ¿Es cierto, como aquí se ha escrito recientemente, que "Es el relato de lo sucedido lo que nos separa"? ¿Es lo primero, lo principal, lo único que nos separa, preguntaría yo más bien? Y ¿cómo tratar y transformar una memoria agria, ingrata y resentida, que sigue atándonos al pasado, en una memoria, aunque herida y dolorida, sin embargo sana, sosegada y liberadora?

Se ha subrayado con acierto la negatividad del olvido. Pero ¿todo olvido es negativo? ¿No sería bueno, quizás, distinguir, con Paul Ricoeur, entre el nefasto "olvido de la huída" y lo que denomina "olvido activo del recuerdo", que en modo alguno olvida lo acaecido, sino que lo rememora y busca los sentimientos negativos que ello generó para trabajarlos y liberar de los mismos? Y aceptado por razones obvias que los relatos son y serán plurales ¿no tendríamos que subrayar con mayor énfasis la que considero irrenunciable exigencia de unos mínimos compartidos en ellos? Y para terminar, siguiendo el consejo del profesor y buen pedagogo José Antonio Marina ¿no podríamos tender a transformar en la medida de lo posible los conflictos en problemas e intentar resolverlos por la vía del diálogo? Seguro que ganaríamos todas y todos. Ganaríamos en paz y convivencia, convivencia y paz – que la relación entre ámbas es de ida y vuelta -. Muchas gracias por su amable atención".

Primero, Religión Digital
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