Josep Miquel Bausset Miscelánea de homenaje al obispo Antoni Deig

(Josep Miquel Bausset).- Hace unas semanas, en Solsona, y con la presencia del obispo de la diócesis, Xavier Novell, asistí a la presentación de la Miscelánea de homenaje al obispo Antoni Deig, un libro coordinado por el entusiasta amigo Carles Tejedor, en una obra que es una "sencilla, pero cuidadosa aproximación a la persona del obispo Antoni".

Este excelente libro cuenta, entre otras, de las colaboraciones del Presidente de la Diputación de Lleida, de los sacerdotes Climent Forner, Francesc Romeu, Jordi Orobitg, Jesús Huguet y Miquel Barbarà, del obispo auxiliar de Barcelona, Sebastià Taltavull, de los escritores Antoni Puigverd, Albert Sàez, Salvador Cardús, Enric Juliana y Francesc Marc Àlvaro, del P. Bernabé Dalmau, monje de Montserrat, así como también de Josep Pont i Sans, sobrino del arzobispo Pont i Gol y de Sor Lucía Caram.

El Sr. Joan Reñé, Presidente de la Diputación de Lleida, nos ofrece un texto donde nos recuerda al obispo Deig, un hombre que "simboliza la herencia de aquella Iglesia primigenia, alejada en el tiempo, que en su nacimiento configuró una patria".

Y es que Deig, fallecido en agosto de 2003, fue el obispo que "puso sobre la mesa la necesidad de dotar a la Iglesia Catalana de estructuras propias, enraizadas en el país y su sociedad". Antoni Deig fue obispo "que se decantó por una Iglesia coherente y consecuente, fiel a la tierra y al pueblo".

Solo hace falta recordar las declaraciones de Deig a la revista "Qüestions de Vida Cristiana", el 1995: "En Cataluña la Iglesia ha de ser catalana y, como más catalana sea, más universal será". Como dice el presidente de la Diputación de Lleida en esta Miscelánea, "Deig fue la voz enérgica y discordante, que promovió una Conferencia Episcopal Catalana, o lo que vendría a ser lo mismo, una Iglesia con entidad y autoridad propias, alejada de las palabras vacías i liberada de aquellas actitudes inflexiblemente severas y recentralizadoras, incapaces de construir la identidad propia sin borrar la de los otros".

El sacerdote Jesús Huguet nos recuerda la conferencia del obispo Antoni en la Universitat Catalana d'Estiu, en Prada de Conflent, el 22 de agosto de 1991, donde Deig defendió la conveniencia de una Conferencia Episcopal Catalana.

También Sor Lucía Caram, en su colaboración, "El obispo Deig y la normalidad de una Iglesia Plural. El papel de la mujer en la Iglesia", destaca como la vida y el ministerio llevó a Deig "a acercarse a la humanidad, a la sociedad y a los limpios de corazón". Para Sor Lucía, la actitud y la manera de ser de Deig, "abrieron las puertas a la reflexión y a la inclusión en el seno de la Iglesia a las mujeres, a les cuales escuchaba i sabía dar voz en la comunidad cristiana".

El sacerdote Jordi Orobitg, en el artículo, "Para acercarme a los hombres, un lema, una vida", nos define al obispo Deig como un hombre "generoso y con un abnegado ministerio pastoral a lo largo y ancho de la diócesis de Solsona", y como un obispo que "amó con pasión y con ternura a, Dios, a la Iglesia, al País, y al Mundo".

Por su parte, Ramon Sagués, en el artículo, "La Iglesia ha de ser como una fuente en la plaza del pueblo", destaca la pastoral del obispo Deig, "Hacer, hacer que hagan i dejar hacer", donde el obispo Antoni propugnaba "una línea abierta y democrática". Por eso el obispo Antoni, "hombre de una gran fe y abierto de miras", inició "un periodo de mucha ilusión, durante el cual reinó un clima fraternal y agradable".

El amigo Josep Pont i Sans, sobrino del arzobispo Josep Pont i Gol, nos recuerda al obispo Deig (entonces secretario de Pont i Gol cuando éste era el pastor de la diócesis de Sogorb-Castelló). En su artículo titulado, "Tres veces familiar", Josep Pont i Sans, que de adolescente estudió en la capital de la Plana Alta y que vivió con el arzobispo Josep Pont i su secretario, hace memoria del sacerdote Antoni Deig y de Castelló de la Plana, una ciudad que gracias a Pont i Gol, "fue un centro de peregrinación de familiares de perseguidos políticos catalanes buscando ayuda, de encuentro medio secretos de pensadores y de escritores, de contactos con personajes exiliados. En Castelló, y por medio del arzobispo Josep Pont y a Deig, se hablaba "de Tarradellas, de Montserrat Roig, de Joan Fuster o de Max Cahner". Y es que en su "estancia castellonense, Deig era mi soporte, el que mejor me entendía", refiere Josep Pont i Sans.

El amigo Josep Pont califica al obispo Deig como una persona "abierta, curiosa, sencilla, tolerante, con capacidad de aglutinar y sumar voluntades, pero al mismo tiempo, decidida, con proyecto propio, con ideas claras, bien escogidas y fuerza para llevarlas a término". Y así, gracias al arzobispo Pont i Gol i a su fiel secretario, Antoni Deig, juntamente con el sacerdote Perarnau (dos hombres decisivos del equipo de Pont i Gol) que la diócesis de Sogorb-Castelló se convirtió en "una de les diócesis de las más avanzadas en muchos campos".
Como nos recuerda Josep Pont, el obispo Deig, cuando presentó la renuncia el 2001, le dijo: "Josep, ya verás. A algunos tardan mucho de tiempo en concederles la renuncia, pero en mi caso estoy convencido que la aceptarán enseguida", como así fue. Una vez más, escribe Josep Pont, "la política utilizaba guantes de seda para prescindir como antes mejor, de un elemento que le resultaba incómodo". Para prescindir de un buen obispo, fiel a Dios, a la Iglesia y a Cataluña.

Por eso esta Miscelánea de homenaje al obispo Antoni Deig, es una buena oportunidad para agradecer a Dios el ministerio del obispo Antoni, así como para dar a conocer a las nuevas generaciones la persona y la obra de un obispo "insolente", como dice Francesc Marc-Àlvaro (insolente por lo insólito que fue) diferente, cercano, sencillo, innovador y valiente, un hombre de País y un símbolo para nuestra Iglesia.

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