(J. B.).- El fútbol ganó al Papa. Es un decir, evidentemente, pero también una realidad al ver la tremenda desolación que se produjo ayer tarde en la tradicional recepción en Nunciatura con motivo del Día del Papa. No se engañen: no es obligatorio celebrarla en la misma onomástica de Pedro y Pablo. De hecho, desde hace años se celebraba el jueves anterior. Hubiéramos así evitado que políticos, militares y eclesiásticos se borraran del "partido" tanto o más que Cristiano Ronaldo.
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