Timothy Radcliffe: “La mejor respuesta a la violencia son las escuelas”
Nueva edición del Grup Sant Jordi, con el cardenal dominico y Luis Ángel de las Heras
"En Siria, cantábamos cada mañana en la capilla, a pesar del ruido brutal de la noche… La oración y la música son más poderosas que las balas”
El encuentro reúne a académicos, religiosos y profesionales del ámbito social para reflexionar sobre la esperanza y la mirada ética
Lucía Caram, sobre Radcliffe: "Es un hermano capaz de sufrir con los demás hermanos y de alegrarse con ellos"
El Hotel Alimara de Barcelona acogió este sábado 29 de noviembre la XX Jornada Sant Jordi, organizada por el Grupo Sant Jordi de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos. El acontecimiento reunió académicos, religiosos y profesionales del mundo social para reflexionar sobre la esperanza, una virtud cristiana a menudo escondida en la complejidad del presente.
El encuentro contó con la participación del obispo de León, Luis Ángel de las Heras, la presidenta del Grupo Sant Jordi, Mar Galceran, y los dos conferenciantes principales: el catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona, especializado en filosofía política y contemporánea y autor de varios ensayos publicados, Josep Maria Esquirol; así como el cardenal dominico inglés Timothy Radcliffe, conocido por sus posicionamientos abiertos y comprometidos en el ámbito eclesial.
Mar Galceran, que este año ha tomado el relevo de Pere Fàbregas en la presidencia del Grup Sant Jordi, destacó el compromiso de su antecesor con la Iglesia catalana y con la difusión de una Iglesia arraigada al país. A continuación la presidenta recordó que aparte del encuentro anual del grupo, este colectivo de entidades de Iglesia convoca también regularmente la Tribuna Joan Carrera en la cual han participado varias personalidades internacionales de ámbito eclesial.
Luis Angel de las Heras, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, inauguró la jornada con una breve y concisa intervención en que se refirió a la profecía cristiana de la esperanza como necesaria para la promoción y difusión de los derechos humanos. "Esperanza —advirtió— que se tiene que plasmar en procesos y compromisos que lleguen a todos para construir una perspectiva a largo plazo, sin esperar resultados inmediatos". El prelado reivindicó la figura del obispo Juan Carrera y la esperanza de los cristianos, "una esperanza que no defrauda mientras la damos a quién no la tiene o no la conoce".
A continuación empezó la conferencia de Josep Maria Esquirol, quien fue presentado por la periodista Pepa Massó como “un filósofo que sí que tiene un pensamiento propio". "Además —añadió— tiene el reconocimiento de sus alumnos y de los miles de lectores que disfrutan de sus ensayos desde que publicó Filosofía de la proximidad, una investigación del sentido en la vida cotidiana”.
Esquirol señaló al inicio de la conferencia la voluntad de compartir la reflexión sobre la esperanza como algo que sale y se genera a partir de la experiencia de la vida y distinguió entre la reflexión filosófica y el discurso religioso, indicando que él se mantendría dentro de los límites de la reflexión filosófica.
Según el pensador catalán, hay cuatro elementos a partir de los cuales se genera la esperanza, el humus que permite que el ser humano viva esperando. Estos son: el saberse cada cual como un solo, como una soledad. No una soledad circunstancial sino una de básica, cada cual nace sol y esto no se contrapone con la filosofía relacional. Todas las formas de amor y de estimación su puentes relacionales entre soledades. El segundo aspecto a considerar es el vivir, el venir en la vida. Por el humano vivir significa encontrarse viviendo. Este encontrarse viviendo se ha denominando tardíamente conciencia. El término conciencia se toma ligeramente, Esquirol por eso no lo usa, vivir es sentirse viviendo, es una claridad del vivir. No es una cosa fría, esta claridad es amable, es cálida. Se refiere a claridad y calidez. Queremos vivir más intensamente porque hay un gusto en el vivir.
El tercer aspecto que genera esperanza es la experiencia del tú, del otro. El tú afecta la vida de un mismo de una manera profundísima. Cada cual de nosotros está literalmente conmovido ya desde el comienzo por el tú. La vida de cada cual está afectada, por el otro. La vida es un tejido de relaciones, no superficiales, sino de relaciones con alma, con los otros. Toda buen encuentro con el otro pide reencuentro. Puerta hacia el deseo de reencuentro. La humano espera porque quiere reencuentro. Y el cuarto y último aspecto es el que tiene relación con el sufrimiento del otro que golpea los humanos. Esto lleva a intentar cuidar, tener cura. No hay gesto más significativo que el de preocuparse y tener cura del otro. Este hecho de cuidar, pero, tiene límites y de aquí sale la plegaria que es una continuación de la cura. La religión también es una continuación de la cura. Todo tiene que ver con el límite del mal, del sufrimiento inútil.
Aquí Esquirol se basó en una reflexión de Walter Benjamin para destacar que "el hecho de verse superado o desbordado por el mal del mundo no denota impotencia sino la posibilidad que el hecho que todo el pasado sea literalmente imperfecto, esto quiere decir que no está literalmente pasado, que todas las lágrimas están pendientes de ser enjugadas". Así pues, en el recuerdo, en el pasado que no es tal sino que el presente es pasado y futuro a la vegada, hay esperanza, el recuerdo es una resistencia contra la clausura definitiva del pasado. Refiriéndose a G. Marcel, Esquirol señaló que "la vida humana es una vida en misterio".
"Qué esperamos?", preguntó el filósofo a modo de conclusión: "Algo relacionada con la calidez y la claridad de la vida y con la proximidad del tú. Pero muy bien no sabemos qué esperamos. Aquello que esperamos es infinito, estamos golpeados por experiencias infinitas y el que esperamos es también infinito. Dios es el nombre del imposible que esperamos, de esta alteridad absoluta que esperemos".
Radcliffe, un cardenal que “regala evangelios vivos”
Presentando al cardenal Radcliffe, la religiosa dominica Lucía Caram destacó su trayectoria recordando que “ha generado admiración dentro de la Iglesia, regalando evangelios vivos” y con su “cercanía humana”: “Es un hermano capaz de sufrir con los demás hermanos y de alegrarse con ellos”. Según Caram, Radcliffe tiene la capacidad de “tocar la fibra y despertar preguntas profundas”.
La religiosa señaló, además, la visión del papa Francisco: “Sabía dónde había buena madera y enseñó a los cardenales a pensar”. Y concluyó que Radcliffe “consigue que la fe sea respirable”, una fe que inspira y acompaña sin estridencias, pero con profundidad y calidez.
El cardenal inglés centró su ponencia en la necesidad de sembrar esperanza en los jóvenes, recordando que, en un mundo a menudo marcado por la oscuridad, el estudio y la oración se convierten en instrumentos de resistencia y supervivencia espiritual. “El mayor desafío es dar esperanza a los jóvenes”, insistió, con la gravedad de quien ha visto cómo se puede perder la fe en un instante. Evocando su visita a Irak, habló de los desiertos donde todo se revela con claridad: “Allí, las palabras de Dios se perciben con más nitidez”, reconoció.
También subrayó el papel de la educación y del diálogo como herramientas para abrir caminos en medio del caos: “Debemos estar atentos a las buenas obras y aprender con quienes piensan diferente… La mejor respuesta a la violencia son las escuelas”, explicó, trazando una imagen de iluminar la oscuridad con conocimiento y encuentro. Y alertó sobre los peligros de la desesperación: “Es el colapso de toda esperanza”, dijo, como quien recuerda que sin esperanza hasta el corazón más valiente puede vacilar.
Con un tono más íntimo, describió la fuerza de la música y la oración como techo del alma en momentos de extrema adversidad: “En Siria, cantábamos cada mañana en la capilla, a pesar del ruido brutal de la noche… La oración y la música son más poderosas que las balas”, relató, mostrando que la belleza y el canto pueden resistir el horror. Sobre la eucaristía, añadió: “Convierte la muerte violenta en un don”, revelando la capacidad de la fe de transformar el dolor en sentido. Y sobre la sociedad contemporánea, invitó a desprenderse del reduccionismo y acercarse “a lo que es práctico y bello, a lo que sostiene el espíritu”, como una brújula para orientar el alma entre las tempestades del tiempo presente.
Finalmente, con la serenidad que da la experiencia vivida, expresó su agradecimiento: “Gracias a mis hermanos del Próximo Oriente por abrirme los ojos”, una lección de humildad y aprendizaje que cerró su intervención como un murmullo de gratitud que perdura más allá de las palabras.
La Jornada Sant Jordi fue organizada por el Grup Sant Jordi de Derechos Humanos en colaboración con Centre Passatge, Consejo de Laicos de los Capuchinos de Cataluña, Cristianismo en el siglo XXI, Equipos de Pastoral de la Política y la Comunicación, Instituto Emmanuel Mounier de Cataluña, Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat y Justicia i Pau.