Carta abierta de Rafael Vez al Papa: "Llevo 6 años suspendido por denunciar los abusos de poder de monseñor Zornoza, el obispo que arruinó mi vida"
"Levanté la voz para defender a trabajadores y compañeros y para decir que lo que se estaba haciendo no era evangélico; y monseñor se encargó de destrozarme la vida"
Estimado Santo Padre, León XIV:
Me llamo Rafael Vez Palomino, canónigo de la S.A.I. Catedral de Cádiz, sacerdote de la Diócesis de Cádiz y Ceuta desde 1991. Actualmente, llevo 6 años suspendido canónicamente por denunciar en voz alta las actitudes de abuso de poder y manipulación de Monseñor Rafael Zornoza Boy, y su equipo.
Mi caso es uno más que jalonan la geografía de nuestro país silenciado por los casos de abusos sexuales por parte de clérigos y religiosos. El motivo de la carta es poder solicitar una breve entrevista con usted, por la gravedad de los hechos, o en caso de que no fuera posible, me indique la forma de poder escribirle con mayor amplitud, con la seguridad de que le lleguen los documentos. Hasta ahora las veces que hemos enviado los mismos, a distintos organismos y al Papa Francisco, nunca llegaron a su destino.
No ha sido un tiempo fácil, lleno de insultos, amenazas, sufrimientos y gastos de dinero para poder defenderme de las acusaciones. He necesitado la ayuda de familiares y amigos para ello. Levanté la voz para defender a trabajadores y compañeros y para decir que lo que se estaba haciendo no era evangélico; y monseñor se encargó de destrozarme la vida, hasta el punto de no ofrecerme asistencia jurídica, por lo que he tenido que asumir el coste total de mi defensa ante sus ataques.
Espero que estos días de su presencia entre nosotros, además de anunciarnos la alegría y buena nueva del Evangelio, tenga oportunidad de sentarse con una representación de las víctimas de abusos, y no solo les de fuerzas y esperanza, sino también respuesta a sus justas demandas; y a nuestros obispos les recuerde seriamente varias cosas evangélicas que han olvidado con mucha facilidad, al encubrir y tapar los delitos cometidos. Tapar, silenciar, lavar la ropa sucia en casa, todo esto y más, solo empobrece y dificulta el testimonio transparente y creíble de una Iglesia que pretende seguir el evangelio, de apostar por el hombre, de luchar por su dignidad.
Bien es verdad que no todos los obispos actúan de la misma manera, pero sí que muchos con su silencio y poniéndose de perfil, se están manchando también de la podredumbre y la herrumbre de todo esto que huele a podrido. Y esto tiene que cortarse por lo sano. Las victimas deben tener un lugar privilegiado en nuestra Iglesia, no para exhibirlas sino para recordarnos lo que debemos evitar de cara al futuro. Y entre esas víctimas también estamos algunos sacerdotes que hemos denunciado esas actitudes y nos hemos enfrentado a nuestros superiores que han abusado de su poder. Nos sentimos y encontramos solos, desasistidos, pisoteados, privados del sustento justo, humillados públicamente. Alargan injustamente los procesos contra nosotros durante años, y nos dejan sin asistencia letrada. Con nuestro sueldo apenas podemos defendernos y mantenernos.
Cuando usted termine su visita y se marche, yo seguiré suspendido cautelarmente (6 años), y tampoco habré tenido la posibilidad de asistir a ninguno de los actos que usted presida. No es extraño porque no soy invitado a ningún acto que se produce en mi diócesis. Vivo a casi 650 km de distancia de Madrid y el grito de auxilio desde Cádiz, no creo que pueda oírlo. Aunque algunos cardenales y obispos españoles, miembros de la Conferencia Episcopal y el anterior Nuncio tuvieron información sobrada y puntual sobre todo lo que he vivido y hemos vivido en nuestra Diócesis.
No pretendo protagonismos ni ruídos sino poder decirle lo que he vivido, e insistirle que hay que seguir luchando no solo por los abusos sexuales también por parte del clero español, que se intentan minimizar y esconder, TOLERANCIA CERO, sino también para erradicar de la Iglesia Española un estilo y talante de constante encubrimiento y silencio ante todo tipo de abuso de poder.
No sé cómo terminará todo mi proceso. Sólo sé que aquel que fue mi obispo diocesano "abusó" de su poder, me pretendió enviar en tiempos de COVID a un hospital como capellán a pesar de mi salud, me gritó, castigó injustificadamente, humilló, arruinó, y destrozó mi vida. Y aunque ya no está entre nosotros, su sombra de muerte sigue tristemente presente porque nadie hace nada para dar solución.
Llevo 6 años sufriendo el desprecio y rechazo de cualquier denuncia presentada a los organismos a los que he acudido en el seno de la Iglesia, (Congregación del Clero, Congregación de Obispos, Signatura Apostólica y Tribunal de la Rota), además del gasto que ello ha supuesto. Todos han eludido hacerse cargo de la denuncia, no sin antes algunos cobrar determinados emolumentos.
Atentamente, P. Rafael Vez, canónigo S.A.I. Catedral de Cádiz
