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Operación al Papa

Cobo: “El Bautismo genera un ‘Nosotros’ eclesial. La sinodalidad es aceptar que nadie sobra, que nadie construye solo”

El cardenal de Madrid participa en el Forum Joan Carrera con un llamamiento a reformular la pertenencia a la Iglesia en primera persona del plural. “La diversidad no es el problema, lo es la incapacidad de construir comunión”, subrayó

Cobo, durante su intervención

"El Bautismo genera un ‘Nosotros eclesial’”. De eso, fundamentalmente, trata la sinodalidad. Recién llegado de Roma, y con noticias tranquilizadoras sobre la salud de León XIV (en el momento en que arrancaba la comida, conocíamos, juntos, que las pruebas realizadas al Papa estaban siendo satisfactorias), el cardenal de Madrid, José Cobo abogó por la escucha, la participación, la gestión de los desacuerdos y de una autoridad sin aislamientos, que “afecta a todos”.  Y lo hizo durante el almuerzo del Forum Joan Carrera, convocado por el Grup Sant Jordi.

Presentó el acto el sacerdote y colaborador de RD Peio Sánchez, quien dio la bienvenida a Cobo. “Don José, juega en casa. Está en una Iglesia decididamente conciliar, que configura un pueblo de Dios donde hay una responsabilidad de todos, y que está dispuesta a compartir la sinodalidad”. Una Iglesia, la de Cobo, “de los pobres y para los pobres” porque “los pobres están en el centro de la Iglesia”, y en defensa de la cultura del encuentro con la política.

En un salón abarrotado, escuchaban al vicepresidente de la CEE los obispos Javier Vilanova y Xabi Gómez, además del abad de Montserrat, o el conseller Ramón Espadaler. Y muchos hombres y mujeres, representantes de una Iglesia catalana que quiere seguir conjugando la Iglesia en primera persona del plural. Porque de eso se trató la charla de Cobo en Barcelona: de demostrar que la sinodalidad es algo que pertenece a la naturaleza de la Iglesia, y que convoca a todos, todos, todos.

Peio Sánchez presentó al cardenal Cobo

Los músicos del Titanic y la misión de Jonás

José Luis Segovia se encargó de repasar la vida, personal y sacerdotal, de Cobo, desde su nacimiento en Sabiote a su llegada a Madrid, con la figura de Martín Velasco como referente ineludible. El cardenal de Madrid arrancó su charla con dos imágenes, “muy distantes entre sí” pero relevantes. La primera, los violinistas del Titanic, que seguían interpretando su música mientras el barco se hundía. “Aquellos músicos hacen lo que saben hacer, y continúan tocando hasta el último momento”, glosó Cobo, quien indicó que “es posible hacer muy bien lo que siempre hemos hecho, y no responder a la realidad”. Este, añadió, “es un riesgo que nos ocurre en la Iglesia”. El de no advertir que “el barco está cambiando”. “¿Seguimos escuchando lo que Dios nos pide ahora?”, se preguntó el vicepresidente de la CEE.

Junto a ello, la imagen del profeta Jonás, que “no entiende que la misión que Dios le da no depende de sus capacidades”. Después de toda su aventura, Jonás va “y Nínive escucha”, pero no todo termina bien. Porque la ciudad se ha convertido, pero Jonás no. “El profeta tiene que aprender a mirar la ciudad en la manera en que Dios la mira, y confiar en la fuerza que tiene el mensaje que trae”, subrayó, apuntando a la necesaria conversión de la sinodalidad: “Dejar de preguntarnos qué tenemos que hacer y empezar a preguntarnos qué está haciendo Dios, que siempre está por delante”.

Cobo, durante su intervención

Entrando de lleno en la sinodalidad, “que a algunos pone muy nerviosos”. Unos “lo ven como un cansancio. Otros creen que inventar palabras es flor de un día que morirá”. Sin embargo, Cobo echó mano de la historia de la Iglesia para subrayar que “es una vieja novedad, desde que la Iglesia nace en Pentecostés”. Sí es cierto que “no avanzamos inventando, sino renovando y volviendo a los orígenes”.

“No caminamos hacia algo extraño al hablar de sinodalidad, sino que estamos volviendo a casa”, explicó. “No altera la naturaleza ni la estructura de la Iglesia, pero sí nos ayuda a ordenar, a acompasarnos bajo la corresponsabilidad diferenciada”.

“Jesús organiza una comunidad de caminantes, para recuperar los lugares adonde la gente no quiere ir: a las calles, a las plazas, al mar, y especialmente a los bordes de los caminos”

Un pueblo de Dios que “siempre está en camino”, porque “toda la historia de la Salvación es la historia de un Dios que camina con su pueblo”. Un Dios que “salva a un pueblo y que quiere caminar con él”, porque “la Iglesia nace caminando”.

“Jesús organiza una comunidad de caminantes, para recuperar los lugares adonde la gente no quiere ir: a las calles, a las plazas, al mar, y especialmente a los bordes de los caminos”, recordó Cobo, evocando el camino de Emaús y cómo la Iglesia nace en Pentecostés. “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”, recordó, señalando que los protagonistas son el Espíritu y el proceso de discernimiento.

“Escuchar, hablar con libertad, discernir en comunidad y decidir desde la autoridad que la Iglesia ha recibido”, esas son, para Cobo, las claves para entender la Iglesia y la sinodalidad.

El Papa ha aceptado el camino de la sinodalidad

“Vivimos en un momento de una nueva recepción del Concilio, y una nueva aplicación práctica”, impulsó el cardenal de Madrid, quien recordó al Papa Francisco, quien “situó la sinodalidad en el centro de la vida eclesial, el camino de lo que la Iglesia espera para el tercer milenio”. Un camino que “el Papa León ha aceptado”, y cuya misión aceptó en el cónclave. Se trata de “afrontar la sinodalidad desde la construcción de una unidad que respete la diversidad”.

Algunos de los participantes en el Forum Joan Carrera

Cobo destacó cuatro palabras, como partes del mismo elemento, para experimentar la sinodalidad. En primer lugar, la categoría del pueblo de Dios, “y desde ahí, ir definiendo a cada uno de los ministerios”. Porque “la Iglesia es un pueblo convocado por Dios, donde existen diversos carismas”. De ahí la segunda palabra: Bautismo. “Antes de ser laicos, religiosos u obispos, todos somos fieles cristianos”, con “una misma dignidad que compartimos en el origen”.

Tercera palabra, “la recíproca necesidad”, que “como somos diferentes nos necesitamos los unos a los otros”. Finalmente, “discernir juntos”, porque “estamos convencidos que el Espíritu actúa en todo el pueblo de Dios”. Que “la palabra o la experiencia del otro, también procede del Espíritu, y se necesita en la Iglesia”.

Retos de la sinodalidad

¿Qué retos plantea la sinodalidad hoy? “Les sugiero seis” planteó Cobo, desde su experiencia pastoral. En primer lugar, “recuperar una cultura bautismal en nuestro ámbito”, porque vivimos en una Iglesia “formada por bautizados conscientes de su responsabilidad”. Y es que “la sinodalidad no comienza en los órganos pastorales, sino en el bautismo”. “El Bautismo genera un ‘Nosotros’ eclesial” planteó, preguntándose “cómo se forma hoy un cristiano”.

En segundo lugar, pasar a la necesidad de participar entre todos. “Todavía persiste una visión según la cual el sacerdote tiene una misión mayor, y los laicos ‘ayudan’. Esto hay que transformarlo, porque ningún miembro de la Iglesia posee, él solo, todos los dones que necesitamos para la misión”. Porque “sin la voz de los otros, de todos, la misión queda incompleta”. Porque “nadie sobra, pero nadie basta”.

Cobo, durante su intervención

También, “aprender a ejercer la autoridad, cualquier autoridad, de manera participativa”. En este sentido, Cobo defendió la “transparencia”, que no sólo es económica, sino explicar por qué se hacen las cosas, e ir recogiendo “sabidurías y errores”.

Un cuarto reto es el de “escuchar a personas concretas, y dejarnos transformar por su palabra”. No basta, añadió, “constituir una Iglesia de los pobres, sino para los pobres”, en la que ellos participen, como el resto. “Escuchar significa aceptar que el otro puede modificar mi comprensión, puede ayudarme a construir un ‘Nosotros’ que es más grande que yo”. Dios, a través del otro, para llegar a puntos en común, “y para descubrir que yo no tengo toda la verdad”.

En quinto lugar, “pasar de la polarización a la polifonía, y de la yuxtaposición a la red”, un reto “muy del Papa León”, para “aprender a vivir la diversidad, y crear una red atornillada por la misión”. “Pentecostés no eliminó las lenguas, el milagro era que se entendían”, glosó. La diversidad no es el problema, “lo es la incapacidad de construir comunión”. Tanto en las personas como en las instituciones, “que a menudo trabajan por su cuenta”, como los músicos del Titanic. “A veces somos demasiado autosuficientes”, lamentó el arzobispo de Madrid, quien animó a tejer redes, a construir “un tejido de relaciones que se orientan a una única misión”.

Finalmente, “nos falta formarnos, y formar discípulos misioneros, capaces de vivir la sinodalidad y convertirla en la forma normal de actuar”. La cosa “no consiste en hacer documentos”, sino en “cultivar el afecto, el ‘alma’ que hace posible el discernimiento”. Algo que ya sucedió en el CONVIVIUM, y que se quiere ‘exportar’ al resto de vida eclesial, para que la formación sea sinodal.

Al fin, “necesitamos esta conversión, que es lo que significa la sinodalidad. Una conversión personal, de estructuras y de corazón, reconociendo que nadie sobre”, culminó el purpurado, quien recordó a Valentina, la niña ciega que explicó al Papa y a los Reyes el simbolismo de la Sagrada Familia. “Una niña que no ve, nos enseñaba a todos”. “Nadie sobra, nadie construye solo”, acabó Cobo recordando a Gaudí y su trencadís. Un buen ejemplo para construir la Iglesia de hoy. Y de mañana.

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