Cobo bendice el Día de los Abuelos de Mensajeros de la Paz: "Sois un inmenso tesoro para nuestras familias, para la Iglesia y para la sociedad"
El cardenal de Madrid escribe al padre Ángel y a los mayores españoles: "Lo hago como pastor de la Iglesia, pero también como un hijo y un nieto que sabe cuánto recibe cada generación de quienes la precedieron"
Queridos abuelos y abuelas. Queridas personas mayores.
La fiesta de san Joaquín y santa Ana, abuelos del Niño Jesús, se ha convertido desde hace tiempo en la fiesta de los abuelos y de las personas mayores. Por eso quiero acercarme a vosotros con afecto y gratitud. Lo hago como pastor de la Iglesia, pero también como un hijo y un nieto que sabe cuánto recibe cada generación de quienes la precedieron.
Este año el papa León XIV ha escogido unas palabras del profeta Isaías: «Yo no te olvidaré». Son palabras dirigidas por Dios a cada uno de nosotros, pero que resuenan de una manera muy especial para quienes, en ocasiones, experimentan la soledad o sienten que la sociedad ya no cuenta con ellos.
Mi querido hermano en el sacerdocio y gran amigo, el padre Angel, insiste, con razón, en que esta jornada sea "la fiesta del agradecimiento". Yo también quiero unirme a esa acción de gracias y deciros públicamente cuánto os debemos
Mi querido hermano en el sacerdocio y gran amigo, el padre Angel, insiste, con razón, en que esta jornada sea "la fiesta del agradecimiento". Yo también quiero unirme a esa acción de gracias y deciros públicamente cuánto os debemos.
Queremos reconocer todo lo que habéis hecho para sostener a vuestras familias. Muchos de vosotros, incluso hoy, seguís siendo apoyo, compañía y refugio para vuestros hijos y nietos.
Queremos expresar también nuestro aprecio por vuestro testimonio y por los valores que, recibidos de vuestros mayores, habéis sabido transmitir -sobre todo con vuestra propia vida- a las nuevas generaciones. Quizá no siempre hemos sabido reconocerlo a tiempo, pero os puedo asegurar que, conforme pasan los años, comprendemos cada vez mejor cuánto os debemos.
Asimismo, como obispo y miembro de la Iglesia, quiero agradeceros el inmenso bien que muchos de vosotros habéis hecho al transmitir la fe a hijos y nietos; que les hayais enseñado a rezar y, lo que es aún más importante, a confiar en el Señor, especialmente en los momentos más dificiles de la vida.
Por todo ello, y por tantas otras cosas que sería imposible enumerar en una sola carta:
¡Gracias!
Y, como dice Jesús en el Evangelio, tened por seguro que «vuestro Padre, que ve en lo secreto, os lo recompensará».
Sé muy bien que algunos de vosotros sentís, en determinados momentos, que hacerse mayor tiene también su lado más duro. No pocos os sentís solos e incluso olvidados. Algunas personas mayores me han llegado a decir con tristeza: «Parece que nos hemos vuelto invisibles». Y vuestra percepción, expresada en esos términos, me interpela profundamente
Sé muy bien que algunos de vosotros sentís, en determinados momentos, que hacerse mayor tiene también su lado más duro. No pocos os sentís solos e incluso olvidados. Algunas personas mayores me han llegado a decir con tristeza: «Parece que nos hemos vuelto invisibles». Y vuestra percepción, expresada en esos términos, me interpela profundamente.
Durante su reciente visita a España, el papa León XIV nos invitó a «alzar la mirada», para que nuestros ojos, iluminados por el amor de Dios, fueran capaces de reconocer en los pequeños y en los más necesitados la carne misma de Cristo. Entre ellos estáis también vosotros. Por eso confío y trabajo para que todos -la sociedad en su conjunto y la Iglesia de un modo particular- sepamos teneros siempre muy presentes y valorar el inmenso tesoro que representáis para nuestras familias, para la Iglesia y para la sociedad.
Dios quiera que sigamos creciendo en humanidad, construyendo una sociedad en la que las personas mayores ocupen el lugar que merecen.
Os felicito de corazón en vuestra fiesta, la fiesta de san Joaquín y santa Ana, los abuelos del Señor. Y os encomiendo a la intercesión de la Virgen María, Madre del Señor e hija de estos dos grandes santos, vuestros patronos.
Gracias por todo lo que aportáis y por cuanto seguimos recibiendo de vosotros. Dios os lleva entrañados en su corazón. Estad seguros de que nunca os olvida. Contad siempre con Él, porque Él siempre cuenta con vosotros.
Con mi afectuoso y mi bendición.
Madrid, a 26 de julio de 2026.
+ José Cobo Cano
CARDENAL ARZOBISPO DE MADRID