Daniel Palau: "El incremento del uso de una lengua implica redescubrir nuestras cualidades paternales y maternales, como hacía Gaudí"
El obispo de Lleida reivindica el uso cotidiano del catalán y pone a Gaudí como ejemplo de arraigo a la tierra, la cultura y la lengua
El obispo de Lleida, Daniel Palau, inauguró este domingo 13 de septiembre en el diario Segre su nueva columna periódica, "Cuestiones de frontera", con un artículo titulado "Visita con consecuencias". La sección, que aparecerá cada 3 semanas en este rotativo y se alternará con las aportaciones de los obispos de Solsona, Francesc Conesa, y de Urgell, Josep-Lluís Serrano, se estrena con una reflexión sobre el viaje del papa León XIV a Madrid, Cataluña y Canarias, y sobre las consecuencias que, según Palau, puede tener más allá de la propia visita.
En este primer artículo, Palau parte de la visita del papa León XIV, y del uso que el pontífice hizo del catalán en sus intervenciones públicas para plantear una reflexión más amplia sobre la lengua y el arraigo. En el texto, el obispo recupera la figura de Antoni Gaudí y defiende que su propuesta parte de una realidad muy concreta —su tierra, su cultura y su lengua—, pero es capaz de proyectarse con una dimensión universal.
"No podemos olvidar que la propuesta gaudiniana implica el arraigo a un lugar muy concreto: su tierra, su cultura, su lengua", escribe Palau. La frase es el punto de partida de una reflexión que acaba situando la lengua como una pieza esencial de la identidad y de la transmisión entre generaciones.
Palau considera que el uso del catalán por parte de León XIV durante su estancia en Cataluña ha sido "reconocido y agradecido", pero advierte que este reconocimiento no puede quedar reducido a un gesto simbólico. A su juicio, la visita del pontífice también puede servir para tomar conciencia de la situación de la lengua y de la responsabilidad que existe detrás de su uso cotidiano. "Tenemos un déficit de gran magnitud en el uso cotidiano de nuestra lengua", apunta el prelado leridano.
En este sentido, el obispo reivindica "la buena militancia" lingüística, una defensa del catalán que, precisa, "no es nunca áspera, ni dolida, ni rencorosa". Es una apuesta por una lengua vivida con naturalidad, sin confrontación, pero también sin renuncias.
La figura de Gaudí vuelve a aparecer como referente. Palau recuerda que el arquitecto hablaba la lengua de su casa y propone recuperar esta naturalidad en la transmisión. "Nuestros padres nos transmiten lo que son, lo que creen, lo que piensan", escribe. Y, con ello, también transmiten la lengua.
Su reflexión sobre el catalán se convierte, así, en una reflexión sobre la transmisión y los vínculos. En este punto del texto, Palau defiende que aprender una lengua requiere paciencia, insistencia y firmeza, cualidades que asocia también al aprendizaje que se produce dentro de la familia. La lengua, desde esta perspectiva, es una parte de aquello que una generación entrega a la siguiente.
A partir de aquí, el obispo de Lleida amplía el foco y reivindica la necesidad de construir espacios familiares y espacios de confianza. Ante el conflicto y la fragilidad de los vínculos, Palau considera necesario recuperar entornos donde las personas puedan compartir aquello que son y aquello que viven.
También cuestiona una determinada manera de entender la globalización, y sostiene que esta "no tiene un papel favorable para las lenguas pequeñas". No obstante, el prelado catalán considera que puede ayudar a tomar conciencia de la responsabilidad hacia la lengua propia. La respuesta radica en asumir con mayor conciencia las propias raíces.
La reflexión de Palau, en Prada
Esta mirada sobre Gaudí se produce apenas unas semanas después de la intervención realizada por Daniel Palau en la 58.ª Universitat Catalana d'Estiu, en Prada, donde este verano participó en una mesa redonda dedicada al arquitecto con motivo del centenario de su muerte. Allí, Palau centró su intervención en la dimensión religiosa y espiritual de Gaudí y defendió que el franciscanismo del arquitecto era una convicción profunda. "No es anecdótico, sino radical", afirmó.
En la lectura de Palau, esta radicalidad se manifiesta en la voluntad de Gaudí de ir a lo esencial, en su opción por la pobreza y en una manera de entender la realidad que pone a la persona en el centro. Su cristianismo no aparece separado de su obra, sino íntimamente vinculado a su manera de mirar y de crear.
El obispo recurrió al trencadís para expresar esta concepción. "Se aprovecha todo, cada pieza es importante", explicó. Cada fragmento tiene su valor, pero al mismo tiempo forma parte de una composición mayor. En este sentido, Palau convirtió esta imagen arquitectónica en una metáfora de la persona y de su singularidad.
De este modo, su intervención llevó a Gaudí más allá de la arquitectura. El arquitecto construye un templo, pero para Palau hay un templo aún más importante: la persona humana. Su lectura presenta a Gaudí como un hombre de fe que transforma el mundo a través de su obra. "Los místicos apuntan hacia el amor", afirmó el obispo en Prada, que terminó expresando un deseo que resume su propia mirada: "Yo sueño con una Iglesia que apueste por el amor, por los demás y por la vida".
La reflexión publicada ahora en Segre retoma, desde otro ángulo, esta misma idea de un Gaudí arraigado y universal. Si en Prada Palau profundizaba en el Gaudí cristiano y en la centralidad de la persona, en "Visita con consecuencias" recupera su relación con la tierra, la cultura y la lengua para reivindicar la necesidad de mantener vivos los vínculos.
