Daniel Palau: "Este primer año me ha enseñado que ser obispo es, sobre todo, escuchar a la gente"
El obispo de Lleida reivindica, en el primer aniversario de su ordenación, la escucha, el acompañamiento y el compromiso con la realidad social
Este domingo, 19 de julio, se cumple el primer aniversario de la ordenación episcopal y del inicio del ministerio de Daniel Palau como obispo de Lleida. Doce meses después de aquella celebración en la catedral, el prelado hace balance, en una conversación con la Agencia Flama, de un período que define como "muy intenso" y "profundamente significativo", tanto por el descubrimiento de la realidad diocesana como por el crecimiento personal que le ha supuesto asumir este nuevo servicio dentro de la Iglesia.
"Ha sido un año muy intenso y muy significativo por el conocimiento de la realidad de la diócesis", resume Palau. Sobre todo, pone el acento en las personas que ha ido encontrando a lo largo del camino: "Ha sido muy gratificante conocer a tanta gente sencilla, comprometida y fiel", continúa, "que ha mantenido viva la llama de la fe y de la vivencia cristiana en comunidad". En este descubrimiento identifica uno de los grandes tesoros de su primer año como pastor de la Iglesia de Lleida.
El arte de escuchar
El obispo admite que estos meses también han sido una auténtica escuela personal. "Es una cuestión de aprendizaje en este nuevo papel de mi vida", afirma. Lejos de entender el ministerio episcopal desde una perspectiva de gobierno, asegura que su principal objetivo sigue siendo "estar a la altura para escuchar a todo el mundo y atender lo mejor posible". Y precisa qué significa, para él, esa actitud: "Atender quiere decir escuchar a la gente, sus preocupaciones, sus ilusiones y también sus esperanzas".
No oculta, sin embargo, la exigencia que comporta esta misión. "Ha sido muy agotador", reconoce, en referencia a una agenda llena de reuniones, visitas pastorales y encuentros institucionales. Con perspectiva, considera que cada encuentro ha ido encontrando su lugar dentro de un conjunto más amplio. "Poco a poco vas componiendo un mosaico muy grande que se llama diócesis de Lleida", explica. Y concluye con satisfacción: "Al final todo tiene un sentido y una trayectoria muy positiva".
Una Iglesia presente en medio de la sociedad
Durante este primer año, Daniel Palau ha hecho visible su voluntad de estar presente en ámbitos muy diversos de la vida pública y eclesial. Desde el pregón institucional de Navidad en el Palacio de la Paeria hasta el acompañamiento de los jóvenes peregrinos del Camino de Santiago; desde el sentido funeral del sacerdote Ramon Prat hasta su cercanía a los temporeros y migrantes sin documentación regularizada, pasando por sus artículos dominicales inspirados en refranes catalanes.
El propio obispo interpreta este recorrido como el hilo conductor de su ministerio. "El transcurso de la vida es imparable, pero hago una lectura esperanzada y realista", afirma. Según explica, todas estas experiencias responden a un único deseo: "Querer estar al lado de la gente". Por ello defiende una Iglesia capaz de acompañar a las personas en sus realidades cotidianas, sin mantenerse al margen de los grandes desafíos sociales.
En esta línea, reivindica también el valor de la cultura popular, presente en sus escritos dominicales. "La sabiduría popular está presente en los refranes", asegura, porque este patrimonio, "que a veces parece enterrado", conserva una manera de entender la vida que sigue interpelando a las nuevas generaciones y dialogando con la propuesta evangélica.
Al lado de quienes más lo necesitan
El obispo de Lleida defiende que la cercanía pastoral debe extenderse a todos los ámbitos de la sociedad. Por ello considera importante acompañar también a los responsables políticos. "Necesitan ser acompañados para construir de la mejor manera una sociedad con más justicia, más igualdad y más respeto por la dignidad de la vida", afirma, convencido de que la Iglesia puede contribuir al bien común desde el diálogo y la presencia.
Especialmente significativos han sido, durante este primer año, sus encuentros con los jóvenes y con las personas migrantes. "Los jóvenes valen mucho; son inteligentes y muy capaces", sostiene. A su entender, necesitan encontrar adultos que los escuchen de verdad y que les ofrezcan "una propuesta de vida coherente y evangélica".
La misma convicción expresa cuando habla de los temporeros y de los inmigrantes sin papeles. "Son personas como nosotros; no podemos mirarlas desde la barrera", afirma con contundencia. En un contexto marcado por el debate sobre la regularización extraordinaria de miles de migrantes, Palau insiste en que la respuesta cristiana pasa por "ofrecer caminos de esperanza" y situar siempre la dignidad humana en el centro.
El recuerdo de León XIV y la raíz de Poblet
Este primer año episcopal también le ha permitido establecer vínculos con el resto de los obispos y vivir de cerca los primeros compases del pontificado de León XIV. Durante un encuentro con el Papa en el marco de su visita apostólica a Cataluña el pasado mes de junio, pudo intercambiar unas palabras con él. "Le recordé que había sido el primer obispo nombrado por él en Europa", explica. Y también le trasladó un deseo: "Le pedí que no se canse de trabajar en favor de la paz, porque es un referente", confiesa. Del Pontífice destaca especialmente la discreción, así como un liderazgo "firme y bondadoso" ante los grandes retos del mundo actual.
La entrevista coincide, además, con la conmemoración del 750.º aniversario de la muerte de Jaime I en el monasterio de Poblet, una efeméride que Daniel Palau vive con una especial carga simbólica. "Soy descendiente de Vimbodí y mi vocación nació en Poblet", recuerda. Su padrino, además, participó en el traslado de los restos del Conquistador como representante del Ayuntamiento de Vimbodí i Poblet.
El obispo añade aún otra conexión histórica: el hecho de que Jaime I consolidara en Lleida su liderazgo sobre la Cataluña Nueva tras las conquistas. "Es una coincidencia de diversos factores", reflexiona. Una coincidencia que, un año después de su ordenación episcopal, refuerza también la conciencia de formar parte de una historia que sigue escribiéndose desde el servicio, el arraigo al territorio y la cercanía a las personas.